SD Huesca

COLABORACIÓN

El equipo de las mil caras

El equipo de las mil caras
El equipo de las mil caras
GOFI

De ser otros los resultados -aspecto que no es baladí-, convendríamos que habría que buscar un premio para el Huesca similar al que obtuvo "El hombre de las mil caras" en los Goya por ser el mejor guión adaptado. Si la virtud está en la sencillez, nuestro equipo no está dotado de prodigio alguno. Si, por el contrario, nos ceñimos al principio de Bill Gates de que la complejidad es la clave de los éxitos, Míchel y sus chicos son los más talentosos exponentes de un escenario difícil.

El partido de Balaídos fue una sucesión de trampantojos. El Celta pareció durante buena parte de la primera mitad un cuadro temeroso de dios, como si el Huesca fuera dios, pero no era sino la estrategia de Coudet, que tenía agazapados a los suyos para lanzar las flechas que tiene arriba. Era cuestión de esperar a un Huesca que se mostraba seguro... hasta que falló la red de protección. El mundo al revés. Pero, a la mínima expresión de la cualidad humana de la falibilidad, el cazador conquista la pieza.

El Huesca se desencajó. No hace falta apuntar a quienes fallaron, porque a lo largo de la temporada, la sucesión es larga como un rosario rezado por un cura viejo. El caso es que, hasta la entrada de los refrescos, vimos probablemente la peor versión del Huesca en cuanto a continuidad, la misma en cuanto a la vulnerabilidad. Nueva pifia y el 2-0. Es lo que tiene gozar de Aspas, de Nolito, de Santi Mina... No nos engañemos, internacionales. Equipazo.

Curioso y paradójico, los desquiciados llegaron al rescate y el partido dio otro vuelco. No entiendo el ostracismo de Mir, la pieza más contundente y de Primera para el ataque, y mucho menos la desaparición muchos encuentros de Seoane. Míchel tendrá respuestas. No lo dudo. Quizás es la actitud. Pero el centrocampista dio, en un ratito, todo un recital de dinamismo y de profundidad que acabó en un gol, un poste y un tiro a bocajarro parado por Rubén. Entre lo reconfortante, también los primeros minutos de verdad de Sergio Gómez, ese chico deslumbrante que en el confinamiento cambiaron por un clon. Y, ahora, el Barcelona, hoy peor equipo que el Celta. Los cálculos de Míchel fallan. "¿Qué será, será?, el tiempo me lo dirá..." .

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