SD Huesca

COLABORACIÓN

Que no se pase el efecto Pacheta

La mano de Pacheta se veía clara pero la fatalidad condujo al desenlace de siempre

Que no se pase el efecto Pacheta
Que no se pase el efecto Pacheta
GOFI

Es ley no escrita del fútbol que la percepción definitiva, esa convicción que defendemos a capa y espada, se circunscribe al marcador final (nada de electrónico, que antes eran carteles que se ponían manualmente y habías de ver desde una distancia desmesurada). En el descanso de Getafe, todo eran parabienes. El tenor del equipo había cambiado, la mano de Pacheta se veía clara, cuánto tiempo hemos tardado, cómo se nota la actitud... Y es probable que fuera así... o no.

La reacción por el pitido final estuvo influenciada de manera decisiva por el peculiar método de impartir justicia del trencilla, un tal Medié, que en su Sabadell natal debió inferir que echar pulgas sobre el perro flaco era un mandato divino, una providencia aplicable a todo en la vida. No estuvo bien el árbitro, no, que debió dejar al Getafe con diez en la primera mitad y que se llamó andana ante los empujones que recibieron Pulido y Siovas en el área de los de Bordalás, en acciones que perfectamente diferencian entre las preferencias y las desafecciones. Y esto sin entrar en los agravios en los criterios tanto en las faltas como en otras acciones como las leyes de ventaja, casi siempre en desventaja para el Huesca.

No era buen día para debutar. Bordalás construye conjuntos rocosos, en los que el fin justifica los medios, con sangre en los colmillos. Y, sin embargo, Pacheta quiso demostrar que su librillo es particular, alineó para sorpresa mayúscula a un Escriche que sorprendió al disparar al larguero al poco de comenzar, se resguardó con tres centrales y apostó por un juego más directo. Los corazones de los aficionados lo agradecieron, menos rondos, más rapidez para llegar arriba, aunque uno particularmente echa de menos el criterio pulcro del lesionado Mosquera. La primera mitad se pudo haber decantado para cualquiera.

La frescura se diluyó en el Alfonso Pérez, de unos y otros. Y la fatalidad condujo al desenlace de siempre. Error en el centro del campo, la defensa por bulerías y Arambarri fusiló. Los últimos minutos quedaron para el brío y la falta de cariño de Medié. El milagro se encarece, pero crean en el efecto Pacheta, amigos. Sí se puede... o no. Sí.

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