SD Huesca

Alavés, 1 - Huesca, 0

La dimensión de los detalles

Dos acciones marcaron el signo del partido

Pacheta, entrenador de la SD Huesca
José Rojo Pacheta
D.A.

Javier García Antón

EL FÚTBOL es tan relativo que bien lo pudo haber inventado Einstein. Presumo que, con el sabio alemán en el VAR, las polémicas serían estériles y prácticamente inexistentes. Aunque Umberto Eco estimaba que cualquiera de la “legión de idiotas que pululan por las redes” es capaz de discutir a un Nobel. Pero en la pasión está implícito el punto de relativismo que nos deriva hacia interminables discusiones.

Tengo para mí que el Alavés-Huesca se decidió en pequeños detalles. Juzguen ustedes libérrimamente si cortar dentro del área con la mano despegada un balón que va a puerta y sin tenerla apoyada en el suelo es penalti, o no lo es. Si la de Jair en Gerona fue señalado, por la acción en Mendizorroza hay que convocar al defensa al tribunal de orden público. O no, lo que cada uno prefiera.

Otra fruslería fue la del autor del gol. Diez minutos antes, como reconocen a estas horas (18:30) varias crónicas en medios nacionales, Bataglia debió ser expulsado por una mano intencionada que el árbitro vio tan clara que la pitó, pero como era la segunda amarilla no le condenó a la expulsión. Habida cuenta que no se ha atisbado nunca a un fantasma rematando a la escuadra, y que con diez quizás el Alavés hubiera estado más agazapado, no nos hubiéramos llegado el disgustazo del 1-0.

Pero este es el fútbol de las últimas jornadas. El choque fue espeso, más árido que el chocolate del 99 %, incluso antipático, porque la tabla consigue que las piernas flaqueen. Los de Pacheta no brillaron como en Valencia o contra el Elche, pero continuando con los pequeños reveses se toparon con el infortunio en el chutazo de Vavro y en el larguero de Dani Escriche, que -he de reconocerlo- me está reconquistando. No así el resto de refrescos que, con la excepción de la dignidad de Doumbia, aportaron muy poquito y en general empeoraron a los relevados.

Tornamos a nuestros viejos fantasmas. Si los partidos duraran 80 minutos, llevaríamos un puñado de puntos más, pero el fútbol no lo hemos inventado en Huesca. A seguir, les esperamos y San Jorge está con nosotros. Hay ilusión.

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