SD Huesca

SD Huesca, 1 -Athletic Club, 0

Debut, intensidad... y el himno

Sandro Ramírez SD Huesca
Sandro Ramírez y Seoane celebran el gol del delantero.
Agencia EFE

UN LUGAR común instalado entre los perdedores es que lo de ahora no es fútbol, que es un sucedáneo. Lo dicen los máximos rivales y los agoreros propios, que todavía sostienen, mendaces, que el Huesca retornó a la Primera División gracias a la pandemia, como si repentinamente las reglas cambiaran favorablemente para nuestro equipo y penalizaran a los contrarios. En esos meses de espera tediosa, todos tuvieron las mismas oportunidades para prepararse adecuadamente y todos habían podido sembrar en verano con las mismas condiciones.

Ayer debuté en El Alcoraz después de una larga espera desde el 8 de marzo de 2020, frente a Fuenlabrada. Es una sensación distinta, extraña, pero la pasión estaba presente. Ahí la ponían ora Pedro, Ora Javier, esta vez Petón, en otro momento otras voces. La intensidad es indudable, con el añadido de que todas las exclamaciones de los contendientes se escuchan con claridad, y Figueroa Vázquez le asegura a Jorge Pulido que ha pitado falta por levantar demasiado el pie, y a Balenziaga que ha derribado a Ferre. Y se viven con ímpetu las oportunidades, y Vavro que estrella en el larguero desde su casa, y Rafa que cabecea, y luego roba y la rompe arriba. Y piensas en la suerte, tan esquiva y traicionera en otras tardes, y que Marden tiene razón cuando asegura que no es más que la habilidad para aprovechar las ocasiones que la vida te ofrece. Pero, aun así, avanza el tiempo, queda poco y se agudiza la sensación de acechanza de un mal fario. Y cada aproximación rival es un drama. Y cada despeje un alivio.

Y el pitido final, y el gran Manolo Torres coincide con wasaps que califican a uno de talismán, cuando simplemente ha sido un sufridor taquicárdico al que alivian los gritos de Pedro y el lento transcurso del reloj. Y suena el himno. ¡Ay, amigos, cuando suena el Aúpa el Huesca!, las lágrimas ruedan por el rostro, emoción incontenible pensando en que ahora, sí, lo tenemos en la mano. Y que esta ciudad de Primera, con una afición sufridora desde sus casas, merece ver la próxima temporada en la máxima categoría, porque la humildad es, de verdad, de Primera.

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