SD Huesca

Opinión

Soy del Huesca

Por
  • José Manuel Oliván (Director de Programas de Radio Marca Barcelona)
OPINIÓNACTUALIZADA 26/05/2021 A LAS 11:56
Un momento del encuentro.
Un momento del encuentro SD Huesca - Valencia.
EFE

NO PUDIMOS vivir el mejor final posible. Faltó un gol, ese maldito gol que separa la gloria del infierno. La tarde del 22 de mayo respondió, con un duro portazo, al que pudo ser el día más grande de la historia de la SD Huesca. Aun así, esa tarde reafirmó mi sentimiento de militancia y de orgullo de club. Por eso soy y seguiré siendo del Huesca mientras viva.

Soy del Huesca porque, aun naciendo en Barcelona, me siento tan sobrarbense y altoaragonés como el que más. Como mis padres, como mis abuelos, como el resto de la familia. Siento Huesca y vivo Aragón.

Soy del Huesca porque mi infancia son largos veranos en Sarvisé, Torla y Broto. Por aquellas tardes de domingo de interminables partidos en los llanos de Planduviar. Excursiones por Ordesa, esa Ordesa del alma, mi auténtico paraíso natural. Porque me encanta volver a pisar las ruinas de Burgasé y del valle de La Solana, mi tierra materna, para recordar un pasado de vida y familia, tristemente arrebatado por el capricho y la insolencia de quienes diseñaron un pantano fantasma disfrazado de drama e injusticia. Ese País perdido de lágrimas y pesar.

Soy del Huesca porque recorrí, durante mi infancia, junto a mi padre y demás familiares, muchos campos catalanes para ver el partido del Huesca, en Segunda B o en categorías inferiores. Se ganaba poco, muy poco. Pero el sentimiento iba impregnando, latido a latido, mi corazón.

Soy del Huesca por la bondad de sus gentes. Porque me encanta la ciudad para las fechas de San Lorenzo. Porque en cada visita gano amigos para siempre. Porque desde el Pirineo a la Sierra de Guara, cada lugar también es mi lugar. Por esas fiestas rurales, en plena canícula de agosto, que sirven para atenuar la dureza del campo y de nuestros labradores. Porque si huele a albahaca, es fiesta en el Alto Aragón. Porque me sigo emocionando mientras escucho la jota de Huesca, la música de La Ronda de Boltaña o las notas de Os Mainates del recordado y estimado Carlos Luna.

Soy del Huesca porque, en plena pandemia, la ciudad, sus gentes y su tejido empresarial fueron ejemplo de solidaridad, trabajando y fabricando material sanitario que llegó a numerosos centros hospitalarios del país. Me encantó apoyar y sumar en esa magnífica iniciativa, junto a dos grandes personas, mis amigos Sergio Bernués y Javier García Antón.

Soy del Huesca porque cuando fundamos la peña del club en Barcelona, la entidad se volcó para compartir unas horas inolvidables en mi querido Centro Aragonés de la calle Joaquín Costa de la ciudad condal. Manolo Torres, Fernando Callizo, Agustín Pueyo y compañía, que sepáis que hicisteis muy felices a esos altoaragoneses en la diáspora.

Soy del Huesca porque presumo del orgullo que representa el sincero homenaje a todos los clubes de LaLiga, plasmado en el brazalete de capitán. Porque tengo grandes amigos que, sin haber tenido relación alguna con la ciudad ni con la provincia, pasaron a formar parte de la legión de seguidores del club, como es el caso del mejor penalista de nuestro país, José María Fuster Fabra, ya seguidor y colaborador de por vida.

Soy y seguiré siendo del Huesca, independientemente de la categoría que milite y merezca. Por mi padre, por mi madre, que seguirán empujando desde sus montañas celestes. Por mi familia. Por mi mujer y mis hijos. Siempre fieles, sin reblar. Despedirse de primera no implica alejarse de la militancia. Hay valores que reinan muy por encima del maldito balón que se empecinó en no querer entrar. Como me dijo el amigo Petón, tras el partido, tendremos que mejorar para que ese gol no vuelva a fallar más. ¡Arriba los corazones, familia de la SD Huesca!

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