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Arnedillo y Calvo, dos capitanes con el ADN azulgrana ante una nueva etapa

Ambos se iniciaron en el Huesca y tras el ascenso del filial cambian de rumbo

Fernando Arnedillo en el encuentro contra el Tamarite en esta última temporada.
Fernando Arnedillo en el encuentro contra el Tamarite en esta última temporada.
Rafael Gobantes

Fernado Arnedillo y Carlos Calvo, los dos primeros capitanes del Huesca B, se han despedido estos días del filial azulgrana. Aunque seguirán vinculados al club, en tareas formativas con el fútbol base, ahora pasan al “mercado” de fichajes al desligarse de la entidad como futbolistas.

Fernando Arnedillo solo ha conocido los colores azulgranas desde que se incorporó en infantiles, con el entonces vinculado Salesianos. Vistió de amarillo con el Almudévar, filial entonces del Huesca en Tercera División, e incluso estuvo una campaña en la UD Logroñés por cuestión de estudios. Cuando Almudévar y Huesca separaron sus caminos, Arnedillo aceptó la propuesta de entrar en el Huesca B, en el que ha jugado las dos últimas campañas.

“Mi vida ha sido el Huesca y esta última etapa en el B ha sido estupenda y llena de aprendizajes. Hemos logrado los objetivos del ascenso los dos años, marcados por grandes grupos humanos y dos vestuarios magníficos. No se puede pedir más”, afirma Arnedillo.

En esta última campaña, recuerda, “la gente daba por hecho que iba a ser fácil el ascenso. Pero la Tercera División, y nosotros ya lo habíamos experimentado, es muy competitiva y resulta muy difícil ganar partidos. Aunque se nos complicó un poco, poco a poco logramos meternos en la final. El ascenso ha sido muy merecido porque se ha trabajado duro y muy bien todo el año”.

Fernando Arnedillo se muestra “muy agradecido” al Huesca y entiende perfectamente su final de ciclo. “Es entendible por el contexto de un filial, en el que debe haber jugadores con proyección del primer equipo. Así que se trata de emprender una nueva etapa y con otra visión del fútbol”.

Aunque “novias” no le faltan y ya ha tenido unas cuantas llamadas. “Hay que buscar un equipo competitivo y ambicioso en Tercera División”, señala, dentro de la comodidad de la cercanía de Huesca para seguir vinculado al fútbol base. Esta temporada ha llevado al cadete B, que ha sido campeón de liga. Además, tiene que compaginarlo con sus prácticas como docente en la Universidad.

A sus 25 años, y además de impartir clases, el fútbol sigue siendo su pasión. “Quiero seguir jugando porque soy joven y también seguir formándome como entrenador. Me queda mucho por aprender”.

Con esa extensa relación con el Huesca, ha “mamado” la evolución del club. Su padre le habrá contado las experiencias de aquellos años que vivió épocas de vacas más flacas que gordas y Fernando ha disfrutado de estos gloriosos años que empezaron cuando él nació. “Hay una evolución espectacular. Y todo acompañado por el primer equipo. Desde la Fundación Alcoraz se está haciendo un excelente trabajo de captación y gestión del fútbol base. Hay equipos competitivos y están los mejores jugadores de la provincia. Ahora, con el proyecto de la Ciudad Deportiva, se dará un gran salto”.

Carlos Calvo jugó en El Alcoraz... con el Zaragoza

El otro capitán que se va es Carlos Calvo. Aunque, como Arnedillo, también va a seguir vinculado al Huesca en el fútbol base. Ya lo estuvo las dos campañas anteriores, llevando al mismo bloque de infantiles, en el torneo provincial y en la División de Honor, y esta temporada lo dejó por los estudios. Tiene la carrera de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y ahora está haciendo Fisioterapia.

Carlos Calvo, en un partido del Huesca B en la temporada finalizada.
Carlos Calvo, en un partido del Huesca B en la temporada finalizada.
Pablo Segura

Sus excelentes condiciones le llevaron, tras acabar como infantil, al Zaragoza, donde estuvo en las etapas cadete y juvenil. Volvió al Huesca vía Almudévar y ha formado parte del Huesca B las dos últimas campañas.

“Siempre he sido del Huesca y lo he seguido, aun estando en el Zaragoza. He sido socio y también me saqué una acción de la sociedad anónima como gesto simbólico”, señala el de Argavieso.

Tanto desde fuera como desde dentro aprecia en el Huesca un “crecimiento brutal” porque “la estructura que había cuando me fui de infantil no es lo que hay ahora. El año que se ascendió a Segunda fue clave. Año tras año se han ido puliendo y mejorando cosas”, comenta.

Y una vez en el filial, “con el Huesca B se ha dado un salto diferencial. El año pasado lo noté mucho y éste todavía más”.

Lo mismo que Arnedillo, su recorrido en el fútbol y la experiencia en Tercera ya le hacían ver que, en efecto, “el objetivo de los dos años, primero en Preferente y luego en Tercera, era el ascenso. Pero nunca es fácil ascender, y menos conseguirlo dos veces seguidas, aunque antes que nosotros hubo otros dos ascensos también complicados. Es un éxito mayúsculo que hay que poner en valor”.

Y para llegar a eso, apunta al vestuario. “El año pasado, con más gente de aquí, muchos dimos un paso atrás en la categoría, porque veníamos de Tercera, y se hizo un equipo muy identificado con el escudo y la ciudad y muy bien dirigido por Toa”. Y tras llegar a Tercera, más de lo mismo, “pese a que había más gente de fuera, también ha habido un vestuario que se ha identificado y adaptado rápido a la ciudad y al lema del fieles siempre sin reblar. Con esos valores y el cuerpo técnico de Dani Aso, hemos logrado otro gran éxito”, subraya.

De hecho, para llegar a la 2ªDivisión RFEF, también observa que el filial ha disfrutado de ”un año diferencial” ya que el club ha puesto todos los medios. “Entrenamientos por la mañana, material, cuerpo técnico...” y también el premio de jugar en El Alcoraz la segunda fase y acondicionado como si jugara el primer equipo y con público.

“Te sientes mucho más arropado”, dice, y a título anecdótico recuerda que se ha despedido como jugador del Huesca pisando el verde del estadio, una experiencia que ya vivió pero con la camiseta del “enemigo”. “Había jugado en El Alcoraz, en un trofeo San Jorge de juveniles, pero con la camiseta del Zaragoza. Con la del Huesca no lo había hecho hasta este año. Ha sido un premio de última hora y ha sido un verdadero gusto saborearlo”.

Es momento también de estudiar las ofertas que le llegan pero de seguir vinculado al Huesca con el fútbol base “porque me apetece continuar con ese crecimiento que lleva”.

Y asume la desvinculación con la naturalidad de sus 26 años. “Tarde o temprano tenía que llegar, en un filial la mayoría de jugadores deben ser Sub-23. Vale más despedirse por todo lo alto, con los objetivos cumplidos y con muy buen sabor de boca. Me voy orgulloso de haber formado parte de esos objetivos logrados, con dos ascensos consecutivos y el premio final de saborear El Alcoraz”.

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