SD Huesca

SEGUNDA DIVISÓN - DERBI SD HUESCA-REAL ZARAGOZA

El derbi que se convirtió en el “harakiri aragonés”

Espectacular despedida del bus y apoteósico el ondear de bandera

Emocionante ondear de banderas al comienzo.
Emocionante ondear de banderas al comienzo.
Pablo Segura

Mi amigo y buen columnista Nacho Alastruey me dio su titular del partido cuando se despedían los jugadores del campo una vez había finalizado. “Harakiri aragonés”, me espetó, mientras yo lo daba el mío, “Dos tiros en los pies”.

Estábamos los dos por el lado belicoso pero era una lógica puesta en común tras haber visto el viaje a ninguna parte que hicieron este domingo el Huesca y el Zaragoza. Un duelo en el que no pasó nada. Bueno, sí. Los goles de Seoane y Azón, que son los que más meten de ambos equipos. Dos chispazos para animar el cotarro en una tarde en la que reinó el gran ambiente y en la que no pasó tampoco nada digno de mención más allá del griterío, de los típicos insultos y de los cánticos de ánimo. Se desgañitaron los dos centenares de seguidores blanquillos, lo mismo que los Alcorazados. No así la mayoría del estadio, que fue a arreones, cuando el equipo transmitió con su empuje, que tampoco fue mucho.

El primer gran momento se vivió en los aledaños del Hotel Pedro I, con casi un millar de hinchas del Huesca, liderados por Alcorazados, para tratar de meter el primer gol antes de que los jugadores subieran al autobús. Una espera emocionante, intensa, de una pasión e ilusión desenfrenadas. Con cánticos recurrente pero que ayudan al personal a venirse arriba. “¡Aquí están, estos son los c... de Aragón!”, “Huesca yo te quiero, te vengo a verrr”, “Jorge Pulidooo, Jorge Pulidooo” (al que, francamente, yo le habría dado algún minuto por el efecto que debe producirles a los del Zaragoza), “David Ferreirooo, David Ferreiroo”... y todo adornado por el himno del Huesca. Bravo por ellos, Alcorazados.

Después, la llegada del bus al Alcoraz, multitudinaria, como así fue la fiesta que se puso en marcha, digna del mejor partido de Primera que los aficionados no pudieron saborear la temporada pasada. Espectacular la entrada de los dos equipos al escenario, con las seis mil banderas al viento que habían dejado por la mañana una docena de peñistas voluntarios. No hubo mosaico pero sí un enorme y memorable ondear de banderas. Un recibimiento apoteósico al son del himno del Huesca.

Sorpresa en la zona de prensa, donde apareció el Chimy Ávila, que no oculta su sentimiento azulgrana cuando le preguntan por Huesca. Y hasta aquí que se vino tras ganar en Valencia.

También al lado de quien esto suscribe, un trío de jugadores zaragocistas, Borja Sainz, Jaume Grau y Vigaray, que vivieron también con pasión comedida el derbi. Y así, poco a poco se fue consumiendo el tiempo y el derbi. El año que viene más. ¡Qué pereza!.

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