Huesca

PANDEMIA DE CORONAVIRUS

La soledad y la poca movilidad aquejan a los mayores

Profesionales avisan de los efectos del confinamiento en este colectivo

La soledad y la poca movilidad aquejan a los mayores
La soledad y la poca movilidad aquejan a los mayores
P.S.

HUESCA.- Miedo a la enfermedad, ansiedad, problemas de movilidad, fatiga o sentir más fuertemente la sensación de soledad que ya se vivía antes de la pandemia son algunos de los efectos que el confinamiento está dejando en algunas personas mayores.

Algunas voces han empezado a reclamar medidas de flexibilización para el confinamiento de esta población. Desde la Asociación Lares, su presidente, Juan Ignacio Vela, ha pedido al Gobierno que -cumpliendo con las normas de precaución necesarias- se flexibilicen las medidas durante la desescalada para romper el aislamiento innecesario en las residencias de mayores, de forma que se pueda evitar "la doble lacra que viven, la enfermedad y la soledad".

En la provincia de Huesca hay en torno a 61.000 personas mayores de 60 años, uno de los grupos de riesgo, que no saben en qué condiciones podrán salir, una vez se inicie la desescalada. El conjunto es "muy heterogéneo", dice el jefe de la Unidad de Geriatría en el Hospital de Sagrado Corazón de Jesús, José Galindo Ortiz de Landázuri, por lo que se está viviendo el confinamiento de manera muy diferente según si conservan las "capacidades íntegras" o se presenta algún "deterioro cognitivo, demencias" o discapacidad.

En cualquier caso, "para todos ha significado un cambio radical en su forma de vida, y lo que ha generado es miedo por ser población de riesgo, a la que, añade, "se lo estamos recordando continuamente". Una narrativa que acompañada de un lenguaje bélico "no ayuda a tener otra visión del problema", puntualiza Galindo.

Laura Carchenilla, técnica de Cruz Roja del Grupo de personas mayores, explica que el colectivo de personas usuarias -en el que las hay que viven solas y todas son independientes- se divide entre quienes siguen participando en las actividades -que han sido readaptadas para hacer de manera telemática y continuar con el trabajo que se venía realizando-, "que están resignados pero que están activos" y quienes "sí lo están pasando un poquito mal", pues por vivir solas u otras circunstancias, llevan peor el miedo a la enfermedad, o el no poder ver a sus hijos y nietos. "Ahí nos encontramos con ese estado de ánimo bajo, que acentúa el aislamiento social", subraya.

En personas con demencias, según Galindo, se está observando "una reagudización" de la patología, y también, claro, "el miedo" y "falta de apetito, problemas de sueño, falta de motivación y tendencia a la inmovilidad, que generan los trastornos de ánimo". "La persona mayor si no se mueve cuando intenta levantarse no puede", explica Galindo. Una inmovilidad que favorece dolores y atrofias musculares, o úlceras si se está en cama.

Miriam Guillén, terapeuta ocupacional de la Residencia Ciudad de Huesca, ocupa parte de su tiempo favoreciendo que las personas residentes, especialmente aquellas dependientes, se muevan. "Junto al fisioterapeuta los acompañamos a andar por la residencia o el pasillo, para que no pierdan esa movilidad", pues en algunos casos se está notando que "antes podían caminar distancias un poco más largas sin fatigarse".

Los tres profesionales consultados coinciden en que si esta situación se alarga en el tiempo "va a costar recuperar lo trabajado a nivel social, funcional y coginitivo", explica Carchenilla. Por ello es importante "que -cuando se salga- no intenten abarcar más de lo que puedan y si necesitan sentarse, lo hagan".

Un confinamiento muy prolongado sería "la peor de las decisiones", para Galindo: "Las personas mayores deben salir, acompañados por alguien, para su mejor estabilidad, si todos cumplimos recomendaciones, no debería haber ningún problema".

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