Huesca

¿QUIÉN SOY?

Ignacio Almudévar: de niño inquieto a símbolo de la resistencia

Su tenacidad y la influencia de su padre le han guiado a amar su tierra y ayudar en las causas sociales

Ignacio Almudévar: de niño inquieto a símbolo de la resistencia
Ignacio Almudévar: de niño inquieto a símbolo de la resistencia
S.E.

HUESCA.- Después de haber permanecido 55 días ingresado en el Hospital San Jorge con coronavirus, 35 de ellos en la UCI, Ignacio Almudévar Bercero asegura que el año que viene celebrará su "nacimiento" por partida doble. "El virus me ha hecho vivir un infierno, pero las personas me habéis hecho vivir el cielo", afirma emocionado. Hijo de Ignacio y Felisa, llegó al mundo el 26 de julio de 1963, acompañado de un hermano mellizo, Manolo, con el que tiene una conexión especial. Antes lo había hecho la primogénita, Elena, y después completaron el quinteto Mariano y Piluca. A Ignacio le encanta su familia numerosa, sigue disfrutando de sus progenitores y revela con orgullo que su madre todavía conduce, con 83 años.

Su padre y su labor como veterinario le marcaron mucho. Le acompañaban con frecuencia por los pueblos para atender al ganado y, visitando aquellas casas, aprendió valores como el respeto y la consideración que los jóvenes y los mayores se tenían unos a otros, y el amor a la profesión y a la tierra. "Mi padre era un enamorado de la provincia, quizá por eso fue diputado y alcalde de Siétamo. Le gustaba trabajar para mejorar la calidad de vida de la España olvidada", recuerda, y admite que quizá eso ha influido en él para colaborar de manera natural con muchas entidades sociales. "Los niños de entonces hacíamos nuestro propio Port Aventura, que era ponernos un saco en el culo y tirarnos por un terraplén", señala Ignacio, que fue un chico tremendamente inquieto, ordenado, meticuloso y muy tímido.

De aquellas épocas, le viene a la memoria una bicicleta que fue la primera que hubo en Siétamo y que compartían con todos los chicos del pueblo. Una cicatriz en la frente le recuerda un tremendo golpe que se dio con ella. "Éramos felices en el campo, haciendo casetas en los árboles, preparando la hoguera de la Virgen de la Esperanza, porque los jóvenes que vivíamos allí éramos casi como hermanos", subraya.

Se enorgullece de su relación con el cura José María Cabrero, una persona muy querida por sus paisanos, que les contagió a los chicos el amor por la naturaleza y con el que jugaban al fútbol. Sin embargo, fue Ignacio quien subió al sacerdote a Guara por primera vez.

A los seis años, aproximadamente, su familia se trasladó a vivir a Huesca. Allí estudió en el colegio San Viator y en el Instituto Ramón y Cajal, donde le dijo a su tutor que él mismo se firmaría las notas, porque era lo suficientemente responsable y sabía lo que tenía que hacer. Y así fue. A los 10, aprendió a conducir un tractor, por lo que no es de extrañar que terminara estudiando Ingeniería Técnica Agrícola en la Universidad de Zaragoza. Dirige la empresa Agropal y es presidente de la Federación de Polígonos Empresariales de Huesca.

Su esposa, Mari Paz, es de Coscullano, y tiene una hija, Belén, la niña de sus ojos. Aunque no reniega de sus orígenes, cuando oye la música de los danzantes se le ponen los pelos de punta. Su ADN es cien por cien oscense.

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