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Loarre Turismo Activo, una pasión como un Castillo

La fortaleza románica más emblemática de España está custodiada por un grupo de entusiastas divulgadores

Loarre Turismo Activo, una pasión como un Castillo
Loarre Turismo Activo, una pasión como un Castillo
J. M.

De algunos de los periodistas especializados en viajes en nuestro país ha emanado una opinión difícilmente controvertible: Roberto y Lorena son los mejores guías de España. Unos cicerones como un Castillo, el de Loarre, que se convierte en la fortaleza del corazón de todos sus visitantes, las decenas de miles de ciudadanos de todo el mundo que cada año recorren sus rincones entre las fantásticas aventuras, las intrigas, las conquistas, las estrategias, las grandezas y las miserias de una fascinante historia milenaria.

Lorena y Roberto son el alma de Loarre Turismo Activo, más de una decena de profesionales del sector turístico y de la historia que velan por el más admirado baluarte de España, escenario de cine, lugar de recreaciones vívidas, espacio en el que profundizar en los anaqueles imaginarios de una evolución que es la de Aragón, que es la de todo el país.

Una visita al Castillo de Loarre es un monumento a la oralidad, al soplo de las palabras con la asistencia de las imágenes. El Centro de Interpretación nos ayuda a entender la dimensión de lo que, un centenar largo de metros más allá, se eleva enhiesto para acoger nuestros anhelos de aventura. El audiovisual es magnífico, una magistral película edificante para concebir las etapas que han transcurrido de aquel 1096 en que el rey Pedro reúne a sus hombres de confianza para detallar la conquista de Wasqa (la hoy llamada Huesca) y las vivencias durante siglos, a Dios rogando con la institución eclesiástica y con el mazo dando con la clase guerrera, con los caballeros apuestos, con los defensores de las murallas, con los avistamientos desde las imponentes torres del Homenaje o de la Reina.

Lorena y Roberto, previsores y aventajados en su curiosidad, han adaptado las instalaciones y la normativa a la actual situación. Abrieron el 20 de junio y desde entonces aplican todos los protocolos, con la obligatoriedad de la mascarilla incluso antes de la exigencia institucional. En la sala audiovisual, con separación de 1,5 metros mínimo entre butaca y butaca, sólo se admiten 30 personas, idéntico guarismo al de cada guía, que en tiempo ordinario es de 45. El mobiliario del Centro de Interpretación luce nuevo, justo lo habían estrenado pensando en el comienzo de la campaña, cuando en torno a la Semana Santa y a la primavera la afluencia se empieza a acelerar.

Los hidrogeles están habilitados por todo el recinto, y la terraza acristalada luce magnífica para apreciar la magnificencia de los campos de La Hoya que se rinden a la belleza del Castillo.

El retorno a la actividad ha registrado sus fases. Primero, con una cierta timidez e identidades fundamentalmente nacionales. En los últimos días, con presencia de pasaportes extranjeros, franceses e ingleses fundamentalmente. En fin de semana, ya se ha alcanzado un volumen de cerca de 300 turistas, a un veinte por ciento escasamente de la concurrencia habitual.

Las filas de coches ya serpentean hacia el Castillo. Lo dicen las gentes del pueblo de Loarre, orgullosos cuando alzan sus miradas. Arriba, después del intermedio paso del Centro de Interpretación, la visita alcanza grados emotivos que impresionan a los visitantes, que no sólo aprenden de la historia sino que la disfrutan, la gozan y la padecen, entre el misticismo de la Iglesia de San Pedro, el recogimiento del pabellón del Monasterio, el estremecimiento en el relato de lo que quedó en los calabozos o los disparos al viento desde las salas de armas…

Y, desde todos los rincones, el paisaje fastuoso, repleto de imaginarios combatientes ávidos de coronar el castillo que holló Charlton Heston y el que habitó en la posmodernidad Ridley Scott con Orlando Bloom en la acción. La identidad que explica el carácter aragonés y la grandeza de un destino universal, Huesca y Loarre indisolublemente ligados entre la historia y el futuro. Un patrimonio muy vivo.

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