Huesca

VOLUNTARIADO

Soraya Añón, voluntaria de Cruz Blanca: "Valoras las cosas de la vida que normalmente pasan desapercibidas"

Tiene 42 años y desde hace tres se dedica a ofrecer ayuda psicológica en la institución

Soraya Añón, voluntaria de Cruz Blanca: "Valoras las cosas de la vida que normalmente pasan desapercibidas"
Soraya Añón, voluntaria de Cruz Blanca: "Valoras las cosas de la vida que normalmente pasan desapercibidas"
S.E.

¿Qué te llevó a ser voluntaria?

-Conocí la entidad por mi grado y máster en Psicología y vi que era una labor muy gratificante. Me pareció interesante no desvincularme y seguir colaborando ya que sentía un bienestar personal. Luego surgió el "centro de escucha" y me apunté como voluntaria. Allí atendemos a cualquier persona que lo solicite. Les ofrecemos un espacio en el que, sin terapia, se pueden desahogar sin temor a ser juzgadas y con total confidencialidad.

¿Por qué motivo escogiste Cruz Blanca?

-La conocí en profundidad a raíz de mis prácticas. Había oído hablar de ella, pero no tenía la visión que tengo ahora. Me pareció interesante la labor que realizan, el contacto con los residentes. Decidí bastante rápido continuar en el programa de voluntariado.

¿Qué te reporta esta labor?

-Personalmente, además de ayudar a personas con una marcada vulnerabilidad social, es una satisfacción con lo que haces y un aprendizaje continuo. Es una forma muy fácil de poner en perspectiva los pequeños problemas cotidianos que nos parecen un mundo. Valoras más las cosas importantes de la vida que normalmente pasan desapercibidas.

¿Por qué animarías a otras personas a ser voluntarias?

-Les animaría a hacerse voluntarios por descubrir que, compartiendo un poquito de tiempo, podemos ayudar a personas que realmente lo necesitan. A nivel personal les reportará una gran satisfacción consigo mismos y la labor que hagan, sea del área que sea. Valorarán mucho más lo que ellos tienen. Es lo que me aporta a mí.

¿Cómo afecta la covid al voluntariado?

-Es complicado. Los voluntarios no hemos podido entrar a la casa familiar y los residentes notan esa carencia. En el centro de escucha se han restringido las consultas presenciales y esa relación de cercanía se sustituye por teléfono. No es el mismo trato que quedar con la persona y mostrárselo en vivo.

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