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Pepa Sánchez Ramón: "Disfruto ese momento solitario, de silencio, en el que eres tú y el libro"

Ha estado al frente de la librería Estilo durante 39 años, labor que ha compaginado con la docencia en distintos destinos en la provincia, dos vocaciones complementarias

Pepa Sánchez Ramón: "Disfruto ese momento solitario, de silencio, en el que eres tú y el libro"
Pepa Sánchez Ramón: "Disfruto ese momento solitario, de silencio, en el que eres tú y el libro"
S.E.

HUESCA.- Pepa Sánchez Ramón (Huesca, 1944) ha vivido plenamente todas las etapas de su vida, en la que ha compaginado dos vocaciones complementarias, su labor de 39 años al frente de la librería Estilo y la docencia. "Mi vocación de librera ha prevalecido en mi vida, que hubiera sido diferente sin la librería", considera. Ahí encontró pensamientos nuevos, cambios de conceptos, influencias de muchas personas y proyectos que fueron pilares para ella.

Las dos pasiones que han acompañado la vida de Pepa Sánchez llevaban generaciones en su familia. Su abuelo Miguel Sánchez de Castro -que llegó de Salamanca- montó una librería con Vicente Campo en el Coso Bajo, y su abuela Avelina dirigió la Normal. Su padre, Ramón, era regente de la Escuela de Magisterio, y su madre, Nieves, profesora en este centro universitario. El amor por los libros siempre se había vivido en su casa, y finalmente su padre cumplió su ilusión de establecer una librería. Nació Estilo en 1963, cuando los seis hijos de Ramón y Nieves ya eran mayores.

Pepa Sánchez estudió en la Normal y en el Instituto Ramón y Cajal y continuó en Magisterio. Ejerció poco tiempo porque, aprobadas las oposiciones, pidió una excedencia y estuvo -no llegó a un año- en la Dirección Provincial de Educación, con el inspector Pedro J. Rubio, "una persona estupenda" de la que aprendió mucho. Posteriormente, trabajó dos años en Estilo, hasta que se casó a los 22 con Víctor Rivarés y tuvo a sus hijos Manuel, Lorenzo, Loreto y, algo más tarde, Julia. Se dedicó exclusivamente cuatro años "a ser mamá", y en 1971 se hizo cargo de la librería. "Mis padres no podían por lo que me ofrecieron la posibilidad de llevarla y estuve encantada. Siempre me ha gustado la librería, el comercio en general y el trato con la gente", expresa.

En esos inicios vivió una gran transformación. "Empezó a surgir en las librerías una inquietud de cambio, comenzaron a llegar libros que antes era impensable recibir -en la factura figuraba un título pero era otro-. Para mí se abrió un mundo diferente, porque eran cosas sobre las que no había recapacitado suficientemente; te dabas cuenta de muchas realidades", algo que vivió "con mucha naturalidad y alegría". Luego vino la "apertura total en publicaciones, en las inquietudes; fueron años muy revolucionados. Las librerías fueron un factor importante en la época de la transición y de la apertura al pensamiento", reflexiona. Recibía entonces como clientes a "gente intelectual, que tenía intereses, que leía mucho... y de esas personas -agradece- aprendí muchísimo".

En su trabajo fue una librera "con curiosidad, inquietudes y ganas de atender al cliente", en unos tiempos sin internet en los que era muy complicado encontrar un título o bibliografía. Otras cualidades indispensables, "la empatía y saber escuchar".

Uno de los proyectos "más gratificantes" fue crear la Asociación Provincial de Librerías. "Nos dimos cuenta de que había que involucrar al sector de toda la provincia, y organizamos un viaje para visitarlos", rememora. "Fueron años en los que hubo que hacer muchas cosas, no solo en las librerías; el asociacionismo no estaba consolidado", explica. Celebraron la primera Feria del Libro sobre 1978, en noviembre en la plaza Cervantes, "y fue todo un éxito", recuerda.

Con sus hijos ya mayores, Pepa Sánchez se propuso probar si podía regresar a la docencia manteniendo la librería. El primer destino fue Poleñino y "estuve tan bien ahí..., me acogieron, me ayudaron...", y fue tan significativo que decidió seguir. Compatibilizó librería y docencia durante 19 años con destinos como Fraga, Sabiñánigo y Arén (a 138 kilómetros -recuerda todavía-) y siempre de vuelta en el día para trabajar en Estilo. Al final estuvo en la Normal, un "reto estupendo" por el recuerdo familiar, del que también disfrutó. Ya con su marido jubilado -y su hija Loreto junto a su marido Fernando a cargo de la librería-, decidieron ir a Canarias dos años, donde se jubiló como maestra.

"La experiencia que he tenido como librera me ha servido muchísimo en la escuela. Sobre todo en la importancia de la lectura, el abrir la mente, ver que no hay un pensamiento único... Todas esas cosas, a través de la librería, en mí se han consolidado muchísimo", afirma.

Siempre ha encontrado "alicientes para sobrevivir a las circunstancias que surgieran", y, aunque le costó un año encontrar sentido a su vida tras la jubilación en 2010, ahora dice: "Me interesa el mundo que tengo por delante". Disfruta entrando en las librerías allá por donde va: "El ambiente me acoge de una manera que me hace encontrarme muy bien", explica. No sabe estar sin leer; libros que exprime, subraya... y cada jueves manda a sus nietos un mensaje con algo que le ha parecido interesante. Ahora tiene abiertos "La vida secreta de Petra K", de Teresa Ramón, "El sueño del tiempo", de Carlos López Otín, y "Entresuelo", de Daniel Gascón. "Disfruto ese momento solitario, de silencio, en el que eres tú y el libro", confiesa.

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