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Lorenzo Ortas: un niño feliz que halló su pasión en la cima del Aneto

"Pensaba, ¿qué hace la gente en Huesca un domingo?, no me cabía en la cabeza que se quedaran"

Lorenzo Ortas: un niño feliz que halló su pasión en la cima del Aneto
Lorenzo Ortas: un niño feliz que halló su pasión en la cima del Aneto
S.E.

HUESCA.- La cima del Aneto le mostró a los 15 años el camino que quería seguir. La satisfacción de conseguir algo que no creía a su alcance le enganchó y ha marcado su vida. Lorenzo Ortas Pont (Huesca, 1953) dice que todo le ha pasado en la montaña, su historia de superación.

Aunque a los 19 años tuvo un accidente escalando en Vadiello que le privó de algunos recuerdos, mantiene en su memoria una infancia en la que se ve feliz. Su padre, Lorenzo, era empleado en el Banco de Aragón, y su madre, María Rosa, delineante en Obras Públicas, y tiene tres hermanas, una de ellas su melliza. Dos años vivió en la plaza Lizana, desde donde la familia se mudó a Ciudad Jardín, entonces una pequeña comunidad algo alejada de la capital -"decíamos que íbamos a Huesca"- . Allí disfrutaba con sus amigos "gamberreando". Eran la banda de Ciudad Jardín "y nos tirábamos piedras con la de Estrecho Quinto, enemigos acérrimos. Yo tenía un magnetismo especial porque todas me daban a mí", rememora.

Iba al colegio Salesiano, un camino de unos 15 minutos por el campo con parada en "la torre" de José. "Siempre llegaba tarde. Ha sido una maldición en mi vida. Me tengo que esforzar mucho para llegar pronto, pero siempre pasa algo que hace que no pueda", cuenta.

Del colegio recuerda especialmente a su primer profesor, don Juan, que era seglar. "Le veo ahora mismo la cara". Con los amigos del centro se divertían con algunos deportes. "A fútbol era malísimo, solo una vez metí gol y fue en propia puerta", reconoce Lorenzo divertido. Al baloncesto era mejor y también, a través de un cura navarro, le daban al frontón. A una obra de teatro que protagonizó en Salesianos con unos 10 años le debe que se le borrara la timidez.

Recuerda especialmente los veranos, en los que iba a los campamentos de la OJE y con su familia solía pasar algunas semanas en una residencia en La Pineda, "cuando solo había campo y pinos". Lo pasaba muy bien, pero ya se dio cuenta de que disfrutaba más en la montaña. A los 15 años se sumó con su amigo Carlos Mairal a una excursión al Aneto, guiados por Ángel Lorés. "Fue un flechazo. Desde entonces, todo el día en mi cabeza estaba la montaña", asegura. Todos los fines de semana, "hiciera bueno o malo", hacían una salida, primero con Lorés y luego muchos años con Javier Escartín. "Me acuerdo de que pensaba: ¿Qué hace la gente en Huesca un domingo? No me cabía en la cabeza que se quedaran". Durante años no conoció las fiestas de San Lorenzo porque al acabar las clases su padre le buscaba un trabajo, y empleaba lo ganado en ir al Pirineo o a los Alpes. Entre cima y cima, estudió en Pamplona Ingeniería Técnica Agrícola. Y encontró a Isabel Gabarre para formar su familia, y con ella sus hijas Clara y Paloma, nombres sintomáticos: luz y vuelo, su vida. Ha mantenido su gran afición por los belenes y preside la Asociación Belenista Oscense. Lorenzo Ortas, vicepresidente de Peña Guara, es leyenda del alpinismo y pionero del himalayismo aragonés.

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