Huesca
EN COLABORACIÓN CON LA FUNDACIÓN AGUSTÍN SERRATE

La Huerta de Arcadia rescata cultivos locales

La Huerta Ecológica de Arcadia trabaja por la recuperación de variedades autóctonas desaparecidas como la judía de Capella, el bróquil pellado de Huesca o el tomate de Escar.

La calidad del producto es primordial para la Huerta Ecológica de Arcadia que desde hace unos meses trabaja por la recuperación de variedades autóctonas desaparecidas en nuestra provincia por eso el cuidado del suelo y los planteros propios son sus requisitos imprescindibles en el día a día. Así lo demuestran sus encargados con Toni Iranzo, responsable de este centro especial de empleo, a la cabeza, Roberto Satué, responsable del área agroecológica y Obelix, un caballo que hace las delicias de los usuarios y visitantes, además de ser el responsable de mantener un suelo óptimo.

Para mejorar esas prioridades, y gracias al esmero que ponen todos los empleados, usuarios y responsables en su labor diaria, este mismo año han firmado un convenio de colaboración con el Centro de investigación y tecnología Agroalimentaria de Aragón, CITA, para recuperar especies autóctonas de Huesca. Así que, además de las tradicionales acelgas, cebollas o lechugas que venden en el mercado agroecológico de los jueves en la capital altoaragonesa, se van a incorporar el cardo de Huesca, que tiene una muy costosa recolección, el broquil pellado, el pimiento morro de vaca de Angüés, los tomates rosas de Bespén y Escar y el espárrago triguero, esperando que tengan tan buen resultado como la exquisita judía blanca de Capella. Satué explica que “muchas de estas variedades desaparecieron porque, aunque muy buenas en mesa, eran muy laboriosas, lo que es algo bueno aquí, además, el que no sea cien por cien profesional podemos permitirnos experimentar para lograr el mejor producto aunque para ello haya que desechar plantaciones”. De ese modo también logran que “el puesto del mercado tenga más color, eso es importante”, subraya el responsable del centro.

Una de las propuestas que Satué ha puesto en marcha desde su llegada, hace unos meses, es crear su propio plantero. El objetivo es “programar los cultivos para abastecer al mercado semanal del jueves y hemos empezado a producir nuestro propio plantero, a veces sale mal, pero, prácticamente, todo lo que tenemos ahora es producción nuestra”.

Sostenibilidad y reinserción

Hace años que cuentan con la certificación oficial de huerta ecológica pero es que también se centran en una manera de trabajar muy humana, de ahí el caballo de labranza que “no emite ruidos, no hay prisas, ni contaminación y, de paso, recuperamos el suelo muy importante para obtener buenos resultados”, revela el experto agricultor. Aunque también ayuda mucho el cariño y la alegría con la que los usuarios se enfrentan al trabajo diario porque la actividad terapéutica en salud mental dobla el valor cuando tiene un final útil, y eso es precisamente la Huerta Ecológica de Arcadia, un espacio que logra el equilibrio perfecto entre sostenibilidad y reinserción.

Recuerda Iranzo que la salud mental es una montaña rusa pero que con un control de la medicación y un acompañamiento de la persona, ésta puede tener una vida lo más normalizada posible. Y lo demuestran los trabajadores del taller y del centro especial de empleo que es esta huerta donde, añade, “en Arcadia, se sienten a gusto”.

Porque la huerta de Arcadia, referente nacional, es un taller para formar personas pero también da empleo a quienes han superado un proceso complicado que les ha dejado aislados de la sociedad porque “una parte importante de los problemas de las personas con patologías de salud mental es volver a las rutinas porque se rompe todo, los vínculos familiares, laborales…, nosotros lo que hacemos es devolverles ese arraigo a lo que es una actividad diaria porque es muy importante el tener una obligación diaria a la hora de volver a construir un poco la persona”, hace hincapié Iranzo.

En realidad, explica, “en esta actividad, hacer la faena del campo y visualizar el producto en el mercado de los jueves es la guinda del pastel, como actividad terapéutica, porque hay un contacto con el mundo que es muy apetecedor”.

No solo le dan al usuario un quehacer sino que además se trata de un producto apreciado por sus vecinos de Huesca lo que hace que deje de ser una terapia para convertirse en un verdadero trabajo reputado, así que “lo primero que preguntan cuando vuelves del mercado agroecológico es ¿se ha vendido todo? Porque eso que ellos han hecho, otras personas lo aprecian y para alguien, que normalmente está excluido socialmente, es inimaginable”. Precisamente, revela Iranzo que “en ese camino también hemos mejorado mucho, ahora se nos conoce”.

Vídeo sobre la huerta ecológica Arcadia

En 2007, comenzó como una huerta terapéutica en un terreno que cedieron las monjas de El Pilar. “Empezó con un trocito muy pequeñito, recuerda su responsable, con una actividad muy básica y la fundación ha ido invirtiendo y poco a poco ha crecido, ahora hay riego por goteo, invernaderos, zona de esparcimiento y tenemos unos ocho mil metros cuadrados de producción aunque el terreno es de algo más de una hectárea”. Pero no solo ha crecido el espacio también lo ha hecho el número de usuarios, relatan desde la fundación, que cada vez son más, y más jóvenes, los que llegan derivados del área de psiquiatría a Arcadia.

Por cierto, está demostrado que ocupaciones como ésta evitan un gasto desmesurado en hospitalizaciones, y subrayan que de cada euro que invierte el Gobierno en Arcadia, la fundación devuelve más de tres y es que su actividad reduce por siete el riesgo de ingresos, según un estudio sobre su impacto económico y social.

Así que no cabe duda de que como actividad terapéutica, la huerta es muy interesante y aunque, actualmente, no tiene un fin lucrativo, sí invierten en mejoras para su producción, lo que además beneficia a los oscenses que compran sus verduras y hortalizas.

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