Huesca

CORONAVIRUS

La covid no deja secuela emocional en los escolares

Educación instó a activar programas específicos para esta situación, mientras que
varios centros afirman que se notan más las necesidades económicas

Las medidas en los colegios han evitado casos, pero han afectado a algunos niños en sus relaciones.
Las medidas en los colegios han evitado casos, pero han afectado a algunos niños en sus relaciones.
Pablo Segura

No ha ido mal y teniendo en cuenta el año en el que estamos, eso ya es una buena noticia. El servicio de apoyo emocional de los colegios hacia las secuelas que pudieran tener los niños por la pandemia ha sido muy poco requerido por las familias, lo que denota, como apuntan varios centros de Huesca, que los niños, en general, han sobrellevado bien este año.

Sin embargo, varios colegios también advierten, como era de suponer y como venían señalando las entidades sociales, de un incremento de las necesidades materiales por una pobreza que ha crecido debido a las restricciones sanitarias.

Y en cuanto al rendimiento académico, directores de colegios señalan que habrá que esperar como poco a que acabe este curso o incluso al que viene para empezar a extraer conclusiones. Pese a esta cautela, algunos responsables ya anticipan que la covid va a pasar factura.

La atención al impacto emocional de la covid en los niños se ha integrado en la orientación y tutorías que existen desde hace años. A comienzos de curso y tras medio año sin clases presenciales, Educación instó a los centros a acciones específicas.

La situación hoy en los colegios es mucho mejor de lo que se esperaba con la vuelta de los escolares tras el parón de la primera ola y el verano. Como apuntan varios colegios, tras un primer trimestre con “miedo y ansiedad”, el paso de los meses demostró que estos centros no son foco de contagio, lo que redujo mucho el temor. “Los niños, que han asumido muy bien las normas, lo han llevado bastante mejor de lo esperado, se empezó con mucho miedo pero como no se cerraron aulas se relajó la tensión”, dice Pilar Andreu, directora del Alcoraz.

También Pilar Carnicer, directora del Sancho Ramírez, afirma que los escolares se han adaptado “fenomenalmente”. “Si hay alguien que se ha adaptado bien son los niños”, reitera pese a que “las nuevas rutinas, como las filas separadas, los grupos burbuja o que en los recreos apenas tengan material, eran muy duras”. Carnicer resume que lo han “normalizado muy bien”, pero también valora muy especialmente que “no se han visto dibujos de personas con mascarillas”. Es decir, entienden que es algo temporal porque “son niños, pero no tontos. Si los tratas como personas, lo entienden”.

En Santa Ana, “los pocos casos que ha habido han sido leves”, afirma Nicolás Becerra, el director. Becerra, como otros directores, recuerda que a principio de curso “sí hubo miedo y familias que no trajeron a los niños, pero en noviembre ya venía el 100 %”, cuando se vio que los colegios “no son focos de contagio”.

Ahora, tras más de un año en pandemia, lo que pesa es la fatiga pandémica, también entre niños aunque, en general, lo “hayan llevado mejor” que los adultos. “Todos tenemos fatiga, pero (los niños) se han adaptado muy bien”, dice María Ángeles Sánchez, directora del Juan XXIII.

En Salesianos lo que más se ha notado ha sido “el cambio de los niños a la hora de relacionarse entre ellos” y una “mayor dificultad” en la gestión de conflictos. No es nada preocupante, explica la directora Isabel Belenguer, pero llama la atención que la gestión de conflictos sea más dificultosa ahora que en septiembre, lo que achaca a la fatiga que también sufren los niños.

También Salvador Arto, director de San Viator, menciona las relaciones entre niños, “tras seis meses separados”, como el punto donde más se ha notado, pero en general los problemas “no han sido ni grandes ni numerosos”.

En otros colegios, como Pedro J. Rubio, El Parque o Pirineos, no se ha observado nada fuera de lo normal.

El impacto económico

La covid ha tenido un efecto muy desigual por rentas. Incluso en la letalidad, y para las ciudades grandes donde hay datos por barrios, ha habido más muertes en zonas de clases bajas que en las pudientes. También tiene réplica en lo económico: los lugares que ya iban mal, van peor ahora.

Un ejemplo es el Pío XII y “la mochila que no le correspondería llevar”. El impacto emocional ha sido escaso pero el económico no. “Somos el colegio más desfavorecido de la ciudad. Esto lo ha multiplicado y se ha agravado”, expresa la directora, Lucía Ballesteros, sobre las necesidades materiales de las familias.

Pero la pandemia ha sido para todos, como el golpe a la economía. Así, en Santa Ana el impacto “no es mucho, pero sí hay familias que de estables han pasado a precarias, sobre todo inmigrantes sin apoyo familiar”.

Nacho Casajús, director de Santa Rosa, indica que se han detectado familias en situación apurada por la pandemia, a las que se ayuda, por ejemplo, con comedor gratis, algo similar a lo que se hace en el Sancho Ramírez.

Y la directora del Juan XXIII precisa que la mayor parte de ayuda está ligada a los equipos informáticos. l

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