Huesca

QUIÉN SOY

Teresa Castaño Ballarín: Pura libertad en contacto con la naturaleza

En la actualidad es directora de la Escuela de Hostelería de Huesca

Teresa Castaño Ballarín.
Teresa Castaño Ballarín.
S.E.

Los años de la infancia vividos en la finca Monte Julia le aportaron a Teresa Castaño Ballarín (Belver, 1971) una autonomía y una libertad que son sus señas de identidad. Cuando recuerda aquel tiempo ríe sin parar y desprende cariño por su familia, amigos y su tierra.

Su madre, Teresita, y su padre, Juan, trabajaban, ella como gobernanta y cocinera y él como tractorista, en la finca Monte Julia de Belver, donde también vivían. Su hermana, Puri, es nueve años mayor, y el resto de niños que acudían a la escuela que había en la misma finca también le sobrepasaban mucho en edad, por lo que en aquellos primeros años Teresa se movía sola y a sus anchas. Le han contado que se iba del colegio, buscaba a su madre por la casa para que le diera el pecho y la profesora Josefina tenía que ir a buscarla para devolverla a clase. De lo que sí se acuerda es de ir sola a recoger cuernos cuando mudaba la manada de ciervos que había en la zona, y de que se metía en el silo de trigo. De la casa, lo que más le llamaba la atención era la gran biblioteca. A los 4 años ya iba en autobús al colegio de Albalate de donde regresaba sobre las 6 de la tarde y tenía esperando un plato de macarrones o de lentejas que su madre le preparaba para merendar, porque “vete a saber qué habrá comido la niña”.

Cuando tenía 6, sus padres se trasladaron a vivir a Belver, y Teresa descubrió un mundo lleno de amigos y juegos compartidos. “Éramos un montón de niños y niñas y a mí aquello me traía loca. Recuerdo callejerar todo el día, íbamos a todos los huertos, a bañarnos a la acequia de Rosera...”. Invadían las plantaciones para coger cerezas o se hacían con todas las rosas que podían. “Todo lo que se pasaba de la norma y con amigos me parecía genial”. Su madre se enfadaba porque le esperaba para empezar a hacer la cena y no había forma de que volviera a casa. Para Teresa fue una suerte poder disfrutar de juegos de entonces como churro, media manga, manga entera, la comba y la goma, y le encantaba hacer trabajos en casa de compañeras mientras las madres les preparaban la merienda.

De esos años destaca a su profesora María José Nasarre, con quien hacían asambleas en clase, analizaban noticias y participaban en las escuelas viajeras. “Tener una maestra alternativa hace 30 años fue una suerte. Me abrió un mundo”, dice. También le impulsó a la lectura y era una asidua a la biblioteca donde devoraba los cuentos de Los Hollister o de Los Cinco. Una afición a leer que nunca le ha abandonado.

Aunque le gustaba Empresariales, cuando tuvo que tomar una decisión optó -ayudó el buen comer de su casa- por estudiar Hostelería. Trabajó en Nastasi, Condes de Urgel (Lérida) y en educación de adultos por la provincia. “Con los años me ha llenado muchísimo la docencia”, y tras el paso por la Jefatura de Estudios actualmente es directora de la Escuela de Hostelería oscense. Con su marido, José Manuel, y su hija, Carlota, vive en Huesca donde disfruta y sigue siendo aquella niña libre. 

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