Huesca

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Fernando Carrera Martín: entre animales y los juegos tradicionales

“Rafael Andolz me metió el veneno y en 1979 ya hicimos la primera edición de los juegos tradicionales”

Fernando Carrera Martín
Fernando Carrera Martín
S.E.

Era un niño tímido que disfrutaba con sus amigos jugando a cualquier cosa en la calle, que se portaba muy bien en clase y que descubrió pronto sus dos pasiones. Su inclinación por las Ciencias Naturales y la Biología le llevó a Veterinaria, su profesión, y como scout encontró los juegos tradicionales, a los que ha dedicado buena parte de su tiempo.

Fernando Carrera Martín (Huesca, 7 de octubre de 1964) recuerda su niñez acompañada de sonido del tren, porque su familia vivía en el paseo de la Estación, y el Banco Azul era su zona de juegos, que solo acababan cuando un silbido de su padre desde el balcón (tenían una contraseña) le marcaba el regreso a casa. Mariano y Conchita, sus padres, eran maestros, y tiene dos hermanos, Alberto y Mariano, tres chicos en casa que compartían vivencias.

Fue a la Normal, y durante los tres primeros cursos tuvo a su padre como maestro. “Me decía que tenía que dar ejemplo a los demás, portarme bien”, y así lo hacía. ”Mis padres me han inculcado valores de educación y respeto a los demás que me han ido muy bien en la vida”, apostilla. Disfrutaba en el patio del recreo jugando con pelotas de trapo que se hacían los amigos y a la salida se quedaban muchas veces en Las Pajaritas a jugar al fútbol, en el tobogán o metiéndose dentro de la noria. En el paseo de la Estación iba con sus amigos en bicicleta hasta el Banco Azul y jugaban a fútbol, al burro, al balón prisionero y se hacían carromatos con cojinetes. “Tengo muy buen recuerdo de todo aquello”, dice. También caía alguna trastada como poner palillos en la cerradura de una “whiskería” que molestaba bajo su casa y quedarse a ver la reacción del dueño. Con amigos de la infancia sigue reuniéndose cada mes y en Navidad es la gran celebración. La familia iba mucho al Carrascal, en Arascués, a una finca en Nueno o al huerto que adquirieron sus padres cerca de Huesca, en Miquera.

Tras el colegio fue un año al Instituto Ramón y Cajal y cuando se creó el Lucas Mallada le tocó cambiarse. Le gustaban las Ciencias Naturales y la Biología y, a pesar de la tradición de familiar del magisterio, encontró su vocación en Veterinaria, “pero de grandes especies, veterinario de campo, de pueblo, me gustan las ovejas, vacas, cerdos...”.

Su otra preferencia la encontró sobre los 14 años, cuando se unió al grupo scout del instituto y conoció a Rafael Andolz, que en los campamentos de verano le enseñó los juegos tradicionales aragoneses. “El veneno me lo metió él, y en 1979 ya hicimos la primera edición de juegos tradicionales aragoneses. En 1984 fundamos la Agrupación Deportiva de Juegos Tradicionales Aragoneses”, que preside, y con la que han recorrido 120 pueblos de la provincia, y también de fuera, enseñando el tiro de barra aragonesa -su preferido-, los hoyetes, la rana, los aros, herradura... Desde 2008 está al frente del Colegio Oficial de Veterinarios de Huesca y es subdirector provincial de Salud Pública. Pero su verdadera pasión es su familia, su esposa, Araceli, y sus hijos, Araceli y Fernando. 

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