Huesca

CORONAVIRUS

Los centros encaran el regreso a la normalidad

El presidente de la Asociación de residencias, Santiago Cosculluela, asegura que la vacuna ha sido “nuestra salvación”

Santiago Cosculluela, presidente de Arade y director de la Residencia Avenida de Huesca.
Santiago Cosculluela, presidente de Arade y director de la Residencia Avenida de Huesca.
Pablo Segura

De la noche al día. Así es el cambio que han vivido las residencias desde que se empezó a vacunar contra la covid. Santiago Cosculluela, presidente de Arade (Asociación Aragonesa de la Dependencia, la patronal de estos centros) y director de la Residencia Avenida de Huesca, es claro al señalar que el camino de normalización en el que están las residencias tras este funesto año es “gracias a la vacunación. Ha sido nuestra salvación sin ninguna duda”. Todavía hoy, con prácticamente el 100 % de los residentes de Aragón vacunados, las residencias mantienen estrictas normas sanitarias, pero ya no tan rígidas como meses atrás y, además, el Departamento de Ciudadanía ha anunciado nuevas flexibilizaciones aplicables a partir de junio, como la reducción de la distancia entre personas o la no obligatoriedad de mascarillas para los vacunados en según qué circunstancias. Los residentes inmunizados también podrán salir del centro prácticamente sin limitaciones.

Salir a la calle, poder ir con sus familias o estar en una terraza “es darle vida” al residente, afirma Cosculluela, quien ilustra el cambio de estos meses con la siguiente frase: “Estas cosas antes no las apreciábamos (porque las dábamos por hechas) y ahora tienen un valor bárbaro”.

Santiago Cosculluela: “Hay muchísima gente en sus domicilios en muy malas condiciones, sobre todo en alimentación y medicación, por miedo a coger la covid en las residencias”.

Tras un “año catastrófico”, el ánimo en las residencias es en estos momentos muy diferente y se mira ya al futuro. “No queda más remedio que mirar para delante”, señala Cosculluela, quien hace énfasis en que “el miedo ha pasado y las residencias son seguras”.

Al respecto, recuerda que durante los peores momentos de la pandemia “no faltó para nada la asistencia sanitaria en las residencias, mientras que en los domicilios era telefónico”.

Y aunque la mayoría de los residentes no tiene secuelas psicológicas por esta pandemia -“han pasado una guerra, una posguerra y son infinitamente más fuertes que nosotros; se acuerdan del coronavirus, pero miran para adelante”-, sí persiste todavía el resquemor entre muchas familias, a las que la pandemia “ha dejado más huella” que a los mayores institucionalizados.

Tras tantas noticias de brotes en residencias desde marzo del año pasado hasta hace pocos meses, el resquemor de los familiares para que los mayores entren o vuelvan a estos centros está causando, advierte Cosculluela, que “haya gente que debería estar en residencia, que está en domicilio, infinitamente peor” atendido, sobre todo a nivel sanitario.

El presidente de Arade demuestra esta situación con un dato: “El 90 % de las personas en lista de espera quiere esperar” un poco más antes de entrar en una residencia. “Prefieren quedarse en casa por miedo. Volverán pero por ahora no”, manifiesta. En la capital aragonesa, prosigue Cosculluela, “hay muchísima gente en sus domicilios en muy malas condiciones, sobre todo en alimentación y medicación, por miedo a coger la covid en las residencias”.

Insiste Cosculluela en que las residencias son seguras y llega a aseverar que ahora mismo con las vacunas son el lugar más seguro. No cabe duda”.

El sector está teniendo conversaciones con la DGA para fomentar la ayuda a domicilio, los centros de día y, “por último y como debe ser”, las residencias cuando el mayor ya no pueda vivir en su casa. “El que entra (en una residencia) es porque debe hacerlo”, observa.

Medidas y flexibilizaciones

Además de la vacunación, la seguridad en las residencias también se logra gracias a las medidas sanitarias para prevenir los contagios. Cosculluela informa de que “se siguen usando geles hidroalcohólicos a litros y se utilizan mascarillas”, pero la mejoría pandémica ha hecho que los epis (equipos de protección individual) ya no sean necesarios en las residencias. Sí se siguen utilizando mamparas para separar a los residentes de las visitas, que deben desinfectarse las suelas y firmar un documento en el que aseguran que no han estado con ningún contagiado ni caso sospechoso y que ellos tampoco tienen síntomas. También se mantiene el registro de contactos por si acaso aparece un contagio.

Pero ahora lo que más preocupa son las visitas a los familiares “porque no todos están vacunados”. La “inmensa mayoría” de las familias, continúa Cosculluela, entiende perfectamente la situación y el que todavía son necesarias muchas medidas contra la covid, pero “algunos compañeros de residencias están muy nerviosos porque (hay familias) que los engañan: se los llevan a casa (en lugar de a dar una vuelta como dicen), que es más peligrosa al ser un espacio interior, y tampoco sabemos cuántos están”. Pese a ello, el presidente de Arade reitera que son una minoría y que casi todas las familias colaboran.

La transición a algo que va pareciéndose a la normalidad pero no es todavía normalidad plena está costando relativamente: “Todavía no hemos cogido el ritmo, pero sí que estamos todos mucho más tranquilos”. Con unas cifras mínimas de contagios y fallecidos respecto a cualquier otro momento de la pandemia, las residencias están flexibilizando poco a poco sus medidas, como que se puedan hacer todas las visitas que se quieran, aunque todavía con cita previa, o las salidas sin límites de los residentes vacunados. 

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