Huesca

DOMINGO / OJO AVIZOR

La Catedral de las culturas, un paseo arqueológico por la historia de la Seo de Huesca

El proyecto de la Diócesis en el antiguo claustro intenta recuperar primitivos yacimientos romanos, andalusíes y medievales

Jóvenes de un campo de trabajo impulsado por la Diócesis excavan en el entorno de la catedral de Huesca, donde se han hallado restos romanos, andalusíes y medievales
Jóvenes de un campo de trabajo impulsado por la Diócesis excavan en el entorno de la catedral de Huesca, donde se han hallado restos romanos, andalusíes y medievales
Verónica Lacasa

Con un pequeño cincel, una joven oscense de apenas 12 o 13 años recorría el contorno de un bloque de roca en las excavaciones arqueológicas de los alrededores del antiguo claustro de la Catedral de Huesca. La directora de los trabajos arqueológicos, Julia Justes, prestaba una minuciosa atención. Habían desenterrado un sillar de la época romana con más de 2.000 años de historia. A su alrededor, en apenas 25 metros cuadrados, cerámica andalusí de los siglos XI y XII, un arco de herradura de época medieval y estancias habitacionales del período decimonónico, todas ellas a pocos metros de la entrada de carros a la ciudad. Todavía a sus pies, desconocen que tesoros permanecen escondidos bajo tierra.

Es el cuarto verano en el que la Pastoral Juvenil de la Diócesis se emplea en esta zona próxima a la calle Forment, frente al edificio Casa Aísa. Este campo de trabajo arqueológico arrancó en el año 2018 con jóvenes entre los 12 y 15 años. Se inició con la intención de fomentar la convivencia y el interés por las civilizaciones antiguas que se asentaron en la capital oscense. Pero no están ahí por cualquier motivo.

Los estudios de un conjunto de arqueólogos de la provincia oscense detectaron que esta zona ha estado durante largos períodos protegida de la construcción moderna. No estuvo habitada durante el siglo XIX, ni tampoco en el siglo XX, el más destructivo a nivel arqueológico. “Digamos que el tiempo se detuvo aquí hace más de un siglo”, señala Julia con el índice hacia la parte vallada del entorno, que se utilizó como escombrera o lugar de almacenaje para después ser abandonado por la actividad humana.

“Esto parece ser una desventaja, pero arqueológicamente es una virtud porque quiere decir que la construcción de edificios modernos habría borrado toda la existencia del subsuelo”, valora Julia, que durante los dos primeros años realizó estudios y sondeos de la zona para descubrir que bajo el suelo había casi dos metros de riqueza histórica de gran interés.

Jesús Alfaro Santafé y José María Nasarre visitaron las excavaciones
Jesús Alfaro Santafé y José María Nasarre visitaron las excavaciones
Verónica Lacasa

A través del arco

La evolución de las excavaciones llevó a los arqueólogos a realizar un año intermedio con diversos grupos de trabajo en los que participaron voluntarios que comprendían edades desde los 30 hasta los 60 años. Este tiempo fue sin duda el gran salto adelante de las excavaciones. “Era todo una incógnita, no teníamos ni idea de lo que íbamos a encontrar”, recuerda Julia, aunque por seguro algo había imaginado.

Tomó como referencia un arco apuntado cuya edificación está datada en el siglo XI. Más adelante, tan solo con espolvorear la roca, salió a la luz un camino de suelo enlosado, primero una parte de grandes losas de arenisca y a continuación, una segunda de losas colocadas de forma ordenada encima. Esto dio a los científicos los primeros indicios para sugerir la hipótesis de la entrada de carros. Pero a pocos metros, en una esquina que apunta en ángulo recto, tras esforzarse con catalanas, piquetas y azadas, encontraron dibujado en la roca un muro de cuatro metros perteneciente a la época andalusí. La huella perfecta para tirar del hilo.

A la izquierda, tras sobrepasar el camino de losas, se levantaban más estructuras, pero no tenían una apariencia medieval. Más bien antigua, de un material del período clásico, pero era difícil creer que todo ello coincidiese en un espacio tan pequeño, hasta que apareció el sillar. “Estaba in situ, en el lugar en el que los romanos lo colocaron”, explica la arqueóloga en el lugar donde los trabajos de protección y restauración continúan. Pero, a pesar de los hallazgos, las excavaciones tomaron otro itinerario.

Adolescentes trabajan en el camino de losas areniscas que conformaba el acceso de carros a la Catedral
Adolescentes trabajan en el camino de losas areniscas que conformaba el acceso de carros a la Catedral
Verónica Lacasa

La casa del perrero

“A nivel de resultados arqueológicos hay que ser pacientes. Es un trabajo de fondo, rápidamente no se consiguen grandes cosas, pero a lo largo de varios años vamos viendo que se van adquiriendo resultados”, fue una de las frases que atestiguó Julia. Por aquel entonces, tras dejar en estado de consolidación la zona inferior, estaba apunto de adentrarse en las salas de las dependencias canónicas. Estas habitaciones pertenecieron a miembros eclesiásticos de la Catedral durante el siglo XII y XIII, incluso puede ser que hasta el siglo XIV o XV, con ocupaciones residuales posteriores en los siglos XVI y XVII.

“Realmente eran sus dormitorios, cocinas y salas de estancia. También encontramos la casa del Perrero, que estuvo habitada hasta mediados del siglo XX, y en esa zona ya creíamos que no habría material arqueológico de época antigua y andalusí porque, cuando se construyeron las dependencias canonicales, se bajó hasta el fondo, hasta la roca”, sentencia Julia.

“No deja de ser la historia de la Catedral”, continúa, a pesar de los diferentes ciclos históricos que abarcan las estancias, pero no fue en balde su estudio ya que, al descender este año a la zona inferior, se adivinó uno de los usos principales del lugar, la casa de la prepositura. Temían que la acumulación de escombros hubiera barrido todos los testimonios arqueológicos, pero además de la aparición de la cerámica andalusí, se acertó a establecer que el arco apuntado inicial era la entrada a los antiguos trujales y a la casa de gobierno del gremio religioso.

Símbolo de la ciudad

“Lo que sucede aquí podría ocurrirnos en cualquier otra parte de Huesca del Casco Urbano o en el Casco Antiguo”, informa Julia, sacando a relucir los réditos de la cuarta campaña que realiza con estos jóvenes. Asegura que sacan el trabajo adelante, se implican y se divierten. Otros a veces sufren y otros se ponen fuertes, pero no puede estar más contenta con la aportación que realizan.

Agradece la suerte de poder trabajar en uno de los edificios más representativos de la capital oscense desde su levantamiento en el año 4.000 A.C. Una de las vistas más altos del terreno, que es visible desde todos los puntos de la urbe y desde toda la Hoya de Huesca y alrededores. Y ante la posibilidad de poder seguir descubriendo nuevos hallazgos realiza esta reflexión:

“Si yo quiero construir un edificio religioso, que sea emblemático, que represente a la ciudad, sea romano, andalusí o cristiano, lo voy a construir ahí. Por eso encontramos edificios monumentales en las zonas superiores. Es nuestra historia, como grupo humano tenemos un recorrido y si lo borramos, perdemos parte de nuestra esencia”.

De nuevo la ciencia rescata lo más terrenal y humano, siempre en constante movimiento. Ahora llega la labor del arqueólogo. Desnudar el muro que está ante nuestros ojos que aparentemente no cuenta nada, buscar la fórmula de por qué está ahí, de qué formaba parte y qué nos dice de lo que antaño era Huesca. “Esto es lo que buscamos los arqueólogos, la historia de Huesca. Lo que no está escrito en los documentos, que solamente está escrito en las piedras y en las vasijas rotas. La importancia de nuestro trabajo es recuperar la historia de la ciudad”, concluye Julia Justes. 

Excavación en la parte trasera de la Catedral, próxima al antiguo claustro, donde se realizó el campo de trabajo
Excavación en la parte trasera de la Catedral, próxima al antiguo claustro, donde se realizó el campo de trabajo
Verónica Lacasa
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