Huesca

COMERCIO

El turismo reaviva los comercios más tradicionales de la capital oscense

Los visitantes de agosto han volteado las perspectivas económicas para este año

Lázaro Campodarve en el interior de la antigua cestería L.Z. en la calle Padre Huesca
Lázaro Campodarve en el interior de la antigua cestería L.Z. en la calle Padre Huesca
Rafael Gobantes

Contra viento y marea salen a flote los comercios con más historia de la ciudad de Huesca, “pues no hemos pasado crisis más duras que esta”, aseguran. La Confianza, Ultramarinos Víctor Arnal y la Cestería L.Z. han visto pasar generaciones enteras de clientes. Después de unos meses económicamente complicados, consiguen alzar el vuelo gracias al retorno del turismo en el mes de agosto y el regreso de los oscenses tras las vacaciones. El tiempo de pandemia les está sirviendo para reencontrarse con su propio negocio, siempre en continua renovación.

Lo avalan los 150 años de historia de La Confianza, tienda de ultramarinos por antonomasia del Alto Aragón. Ubicada en la plaza Luis López Allué, “ni la Guerra Civil ni la pandemia han conseguido cerrar sus puertas”, asegura Víctor Villacampa, gerente del negocio, pero como establecimiento de alimentación de primera necesidad, se vieron “lastrados” frente a los grandes supermercados en los meses de confinamiento, lamenta.

Así, el inicio del verano fue “complicado”, pero el mes de agosto supuso un soplo de aire fresco con la llegada de turistas a la capital. “Empezó a reflotar y llegaron grupos de zonas cercanas y de interior. Nos han tratado y cuidado muy bien en los momentos más difíciles”, asegura el propietario también acerca de los clientes de la ciudad. San Lorenzo, Navidad, Semana Santa… cada época del año demanda un interés diferente de los clientes, lo que les sirve para reinventarse y pensar en ideas nuevas “día a día”, añade Víctor.

Sin salir de la hoja de ruta de alimentación, otro establecimiento con décadas de historia es Alimentación Ultramarinos Víctor Arnal, en el Coso Bajo. “En 95 años nunca habíamos estado tan parados”, subraya su propietario, que únicamente en el mes de agosto ha empezado a ver más movimiento de turismo nacional. Confía en el proceso de vacunación y el regreso de vacaciones para ver de vuelta a sus clientes, “a ver si empieza a normalizarse algo el comercio”, indica.

De tíoabuelo a padre y después a hijo, la tienda ha estado siempre en manos de los Arnal y tiene la ilusión de al menos llegar a ser centenario. “Con eso, me doy por satisfecho”, señala Víctor.

Muebles y decoración

Lázaro Campodarve tomó el estilo de vida de su padre, que levantó en los años 50 un taller de cestería en la calle Padre Huesca. Ha mutado en numerosas ocasiones hasta convertirse en tienda de muebles y decoración.

“En este tipo de negocios más vale guardar para cuando vaya mal”, advierte su dueño acerca de la pandemia y de las muchas crisis que ha superado. “Hay mucho miedo aún”, lamenta, a pesar de que es consciente de que su temporada da comienzo en octubre. “Sin el apoyo de los vecinos oscenses”, concluye, “habría sido imposible”. 

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