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Ignacio Clemente Conte: “Es necesario conocer el pasado para poder predecir el futuro”

Licenciado en Arqueología por la Universidad Estatal de Leningrado, una carrera que “me ha permitido vivir de lo que me gusta y entusiasma”

Ignacio Clemente Conte
Ignacio Clemente Conte
S.E.

Se puede decir que Ignacio Clemente Conte (Robres, 1960) se acostumbró a los viajes antes de la adolescencia. Su padre era maestro y hasta los casi 4 años vivieron en Robres (incluidos unos meses en Alloza) y de allí a San Sadurní de Noya. Volvió al Alto Aragón a los 10 años, a Aínsa, y hasta los 14 estudió allí, donde daba clases su tío Ánchel Conte. No se había cortado, no obstante, su relación con el Alto Aragón, que “desde los 7 y hasta los 20 años, hasta que murió mi padre, todos los años subía mi familia a veranear a San Juan de Plan, pasábamos allí un mes cada año”.

Esos años con su tío ayudaron a que dirigiera sus pasos hacía lo que es más que su profesión, la arqueología. “Mi tío me influyó en interesarme por la historia y especialmente por la arqueología, con él hice las primeras excavaciones arqueológicas”; y con Vicente Baldellou, director entonces del Museo de Huesca. Ánchel Conte, además, “como mi primo hermano Eloy Fernández Clemente, me han marcado también a nivel social y a nivel de relaciones”. Los Clemente de Andorra (Teruel) y los Conte de Robres.

Estudió en la Universidad de Zaragoza hasta segundo curso con matrícula gratuita al ser hijo de funcionario del Estado. Al morir su padre, no obstante, “perdí la ayuda y obtuve una beca de la Unesco, de la Casa de la Amistad España Unión Soviética, y me fui a Rusia a estudiar del 83 al 89, que volví ya licenciado en Arqueología por la Universidad Estatal de Leningrado. El doctorado lo hice en la Universidad Autónoma de Barcelona, defendí la tesis en 1995”.

Una etapa esta última con becas en Ushuaia (Argentina) y Antibes (Francia) y nuevos viajes. “He estado trabajando sobre todo con Latinoamérica, en Argentina en Tierra del Fuego, por ejemplo, y también en Nicaragua, dirigiendo varios proyectos de investigación, y ahora estoy relacionado con los materiales más antiguos del poblamiento americano y trabajo en Brasil. He estado siempre en investigación, primero como técnico y desde 2004 como científico titular del Departamento de Arqueología y Antropología de la Institución Milá y Fontanals (CSIC)”. “Mi especialidad -explica Ignacio- es analizar todos los instrumentos de trabajo, tanto líticos como en hueso y demás, para ver las huellas de uso etcétera por parte de grupos prehistóricos”.

Le apasiona su trabajo y junto a su compañera, que es de Laspuña, suelen visitar la zona, en ocasiones “haciendo trabajos de campo en la Cueva de Coro Trasito, en Tella, donde trabajamos desde 2013, y en septiembre tenemos que ir al Parque Nacional de Ordesa, a Fanlo, a hacer unos trabajos de prospecciones de arqueología, que allí encontramos pinturas rupestres hace unos años. Además, colaboro también con gente del Gobierno de Aragón y un profesor de la Universidad de Pisa wn un pequeño trabajo de campo en los Monegros”.

Y seguirá “con el trabajo que hacemos en Brasil, Argentina, etcétera, con los yacimientos más antiguos de América, donde trabajo con la Universidad de París y el CSIC francés; y ahora voy a empezar a colaborar también con el Museo Nacional de París para trabajos en la zona de Asia, y con la Universidad de Burdeos colaboro con trabajos en África”. Además de dirigir proyectos de investigación, suele dar conferencias, organiza congresos…

La arqueología -comenta Ignacio- “me ha permitido vivir de un trabajo de los que me gustan y entusiasman, y malvivir también mucho tiempo, que estuve muchos años con becas que no he cotizado y que no sirven luego para la jubilación, por ejemplo”. Una ciencia, además, que nos permite conocer el pasado, algo que es fundamental ya que “es necesario conocer el pasado para poder predecir el futuro, porque la arqueología, aparte de la cultura material que estudiamos, también aportamos mucho conocimiento de lo que es el clima en el pasado, los calentamientos climáticos que ha habido a lo largo de la prehistoria y la historia, y cambios en las vegetaciones...”.

Da también importancia a “los viajes, conocer países y distinta gente, que siempre es positivo para cualquier persona, sobre todo para saber relacionarse con los demás y saber que, como humanos, todos somos iguales y todos venimos del mismo sitio y del mismo origen”. Pero por zonas, la actitud no siempre es la misma.

Así,”cuando trabajaba en Nicaragua, uno de los países más pobres de centroamérica, subías al autobús y la gente siempre sonreía. Y cuando vienes aquí, te metes en el metro y la gente está con caras de amargado, como mirándonos de reojo. Y siempre es mejor una sonrisa, ¿no?”. De lo visitado, “lo que más me ha impresionado, por paisaje y como sitio de muchas lenguas y culturas y vestimenta, es Guatemala”.

Vive en Barcelona y su intención es, con el paso de los años, “instalarme temporadas en Laspuña y los meses de más frío en Barcelona o depende cómo venga el cambio climático... Me gustaría seguir viajando y seguir conociendo sitios de Asia y otras zonas donde no he viajado tanto, mientras tenga fuerzas”.

Sobre la Universidad, comenta que “desde el momento de Bolonia lo que veo es que ha disminuido el porcentaje de familias obreras que enviaban a sus hijos a la Universidad, son clase media y alta los que pueden acceder a los estudios universitarios”.

Y para despedir la entrevista, un deseo: “que se acabe la pandemia cuanto antes para que podamos relacionarnos socialmente de una forma más cercana y sin estos riesgos”.

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