Huesca

OJO AVIZOR

El empanadico, la tradición más dulce de las celebraciones navideñas

Elaborados con ingredientes sencillos, cuando tienes uno delante “es empezar a comer y no parar”

Una vez que los empanadicos están listos, Santiago los coloca en el carro a la espera de que salgan a la venta y en muchas ocasiones no da tiempo a que se enfríen.
Una vez que los empanadicos están listos, Santiago los coloca en el carro a la espera de que salgan a la venta y en muchas ocasiones no da tiempo a que se enfríen.
Verónica Lacasa

En los días previos a la Navidad en todas los hogares se preparan los menús de estos encuentros en familia y se escoge lo que se va a comer en tan señaladas fechas, cada casa tiene sus costumbres y preferencias, y las opciones son más que variadas, pero a la hora de elegir el postre -sin dejar de lado los turrones, polvorones y demás productos típicos- en la mayor parte de las mesas oscenses y de otras localidades próximas, lo que nunca falta es el empanadico.

Este postre, “estrella de la Navidad”, que consiste en una masa de harina que va rellena de calabaza y pasas -también se vende mucho la versión con manzana pasas y nueces- y horneada con azúcar y canela, cada uno lo elabora según su receta y le da su toque personal, y nosotros hemos tenido la suerte de acudir a la calle Lanuza, de Huesca, al obrador de Santiago Lacasa, de la panadería Sangarrrén, y conocer algunos de sus secretos y los detalles de su preparación.

El equipo de obrador ante el horno en que se se cuecen los empanadicos.
El equipo de obrador ante el horno en que se se cuecen los empanadicos.
Verónica Lacasa

Santiago es la tercera generación de una familia de panaderos, primero lo fueron su abuelo, su padre y su madre y antes de abandonar el vientre materno él ya había pasado mucho tiempo en el obrador, de hecho bromea y dice que “yo nací con una panadería entera debajo del brazo”. En la actualidad comparte horas de trabajo con su hermana Verónica, y aunque el recién nacido Marcos -su hijo- podría sucederle, reconoce que “este es un oficio muy esclavo”.

Pepa y Charo siempre rebosan simpatía atendiendo a todos los clientes.
Pepa y Charo siempre rebosan simpatía atendiendo a todos los clientes.
Verónica Lacasa

Tantos años en la panadería, primero en Sangarrén y ahora en la de Huesca, donde llevan desde 2016, han dejado muchas anécdotas y recuerdos que relata Verónica. “Cuando éramos pequeños venía la familia que estaba fuera y el pasatiempo era hacer empanadicos todos juntos, nos reíamos mucho y pasábamos muy buenos ratos”.

Y respecto a su hermano no pierde la oportunidad de recordarle lo que pasó cuando era un crío. “Un 23 de diciembre tiró un carro entero lleno de empanadicos y nos tuvimos que poner corriendo a preparar una nueva hornada para reemplazarlos”.

Desde hace varias semanas, todo el equipo, incluidos los refuerzos que han contratado para la campaña navideña, ha estado trabajando sin parar, el día 23 pasaron más de 12 horas ante el horno, a media mañana ya habían preparado más de 200 unidades, un trabajo que “se va ampliando sobre la marcha, según la demanda”, y el día de Nochebuena, “el de más trabajo de todos”, se superaron los 400 dulces.

Conscientes de que el empanadico “es el dulce estrella de la Navidad en Huesca”, los elaboran con mucho mimo y disfrutan regalando a nuestros paladares ese sabor tan de Huesca. Y se adaptan a los gustos de cada uno. “Algunos nos los piden sin azúcar, o sin pasas... y atendemos estas peticiones aunque sea un poco más de lío”, puesto que su objetivo es “que todo el mundo se los coma a gusto”.

Pero antes de que llegue esta vorágine, y trocito a trocito vayamos picoteando empanadico hasta que no quede ni un grano de azúcar en la caja, en el mes de abril o mayo, empieza todo. “En primavera plantamos en nuestro huerto las calabazas, y las cuidamos todo el verano, cada año cosechamos unos 3.000 kilos”. Una tarea en la que cuentan con la ayuda de un amigo muy querido, “el abuelo Ismael”, un conocido vecino de Sangarrén. Y ya en noviembre, empiezan a hacer acopio de ingredientes y salen las primeras hornadas de empanadicos.

Las pasas y la calabaza, muy abundante, son lo primero que se añade.
Las pasas y la calabaza, muy abundante, son lo primero que se añade.
Verónica Lacasa

El proceso siempre es el mismo, revela Santiago. “Primero pesamos las proporciones de cada ingrediente y elaboramos una masa escaldada con aceite, harina, agua, anís y azúcar” y después, cuando todo está bien mezclado, continúa, “preparamos las bolas de masa y trabajamos cada una de ellas, para que quede bien extendida, le añadimos el relleno, doblamos y cerramos bien y espolvoreamos con azúcar antes de llevarlas al horno”. Ese último paso es muy importante y en su caso se realiza, indica, “en horno de leña, utilizamos para meterlos al fuego una pala -nada de carros eléctricos- y tardan en estar listos entre hora y hora y media”. Un proceso que garantiza que sea “un producto artesano cien por cien”.

A pesar de estar tanto tiempo entre empanadicos, no los aborrecen. “Cuando empiezas a comer es empezar y no parar”, coinciden en afirmar el resto de los integrantes del obrador, Esther y los dos primos Mustaphá y el tercer ayudante.

El olor que más se distingue desde las proximidades del obrador es el de empanadico recién horneado, pero estos días no dejan de lado su tarea habitual, “seguimos haciendo nuestros farinosos, que también se consumen mucho en Navidad, el pan de cada día y el resto de dulces”. Además en estas fechas también preparan “polvorones artesanos”.

En Nochevieja seguirá la demanda de empanadicos, “aunque ya en menos cantidad que Nochebuena” y echarán los restos de su buen hacer en la elaboración de los roscones de Reyes, “también los hacemos el mismo día que salen a la venta y los tenemos de crema y nata y en dos versiones de masa: la de brioche y la de hojaldre”.

En la puerta de la panadería es habitual ver colas de personas, armadas de paciencia, esperando para comprar sus productos, que también se pueden encontrar en todos los supermercados Altoaragón de la capital oscense, y Pepa y Charo, las dos empleadas de la tienda, siempre los reciben a todos con una gran sonrisa.

Tras más de una hora de cocción adquieren ese color dorado, a veces pelín tostado, que los caracteriza y los hace tan irresistibles.
Tras más de una hora de cocción adquieren ese color dorado, a veces pelín tostado, que los caracteriza y los hace tan irresistibles.
Verónica Lacasa

Ellas llevan muy bien las cuentas de los clientes a los que les venden más empanadicos. “Esta misma mañana un señor se ha llevado doce y el año pasado hubo una persona que compró 18 de una sola vez”. Al respecto añaden que “muchos clientes los compran para regalar o para encuentros en peñas, clubes...; normalmente se consumen en todo tipo de celebraciones navideñas”.

Entre otros detalles, también destacan que “estos días el teléfono no para de sonar y no damos abasto para atender en la tienda y coger esos encargos”.

Ambas llevan muchos años detrás del mostrador y se conocen a la clientela, sobre la que indican: “es gente del barrio, de toda la vida, pero desde que Santi se hizo cargo del obrador también viene mucha gente de fuera, sobre todo jóvenes que conocen sus productos”.

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