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ecos/ ¿Quién soy?

Miguel Santolaria Bastarós, un niño que se agarra a los sueños

Las motos y la moda, dos de las cosas que le entusiasmaban en su juventud, han acabado siendo su profesión

Miguel Santolaria en una foto de niño y en otra en la actualidad.
Miguel Santolaria en una foto de niño y en otra en la actualidad.
S.E.

Miguel Santolaria Bastarós (Huesca, 1965) siente nostalgia de su infancia plagada de amigos, de juegos, de deportes y compartida con una gran familia. La motos y la moda, dos de las cosas que le entusiasmaban en su juventud, han acabado siendo su profesión a base de trabajo y talento. Hasta los 9 años, Miguel vivió en la avenida de la Paz con sus padres, Julián y Josefina; sus abuelos Orosia y Sixto, su tío abuelo Rafael y sus hermanos Julián y María José. Luego pasaron a la avenida Pirineos, y se sumó a la familia su hermano David.

Estudió hasta 5º de EGB en San Viator y después fue al colegio San Vicente. De ambos centros guarda un buen recuerdo Miguel, que era el niño más sociable del mundo y no tenía problema para relacionarse y adaptarse a todo, pero que sin embargo no encajaba en el tipo de enseñanza de entonces, “rígida y de castigo”, define. Así que, al año de instituto, su padre decidió que empezara a trabajar. “Entré con 15 años en Chías, un matadero de pollos, donde el trabajo era durísimo, pero que fue una muy buena experiencia para fortalecer determinados valores”, asegura. Después de tres años compaginándolo con los estudios en nocturno, y en un periodo de descanso antes de que le volvieran a llamar, buscó otra salida. Quedó para su primera entrevista de trabajo de encargado en la tienda de moda Maed. “Tenía claro que no me iba a morir matando pollos y me agarré como una lapa a esa oportunidad de algo que me gustaba”, asegura. Quedó a las 6 de la tarde, pero él ya estaba una hora antes. Tal era su interés que seguía esperando a las 10, cuando llegaron -se les había olvidado- los responsables del negocio. No podían más que contratarlo. Después de tres años, le llamaron para otra tienda, L’ uomo, el último paso a dar el salto con 25 años a abrir la suya, Mírate, primero en la calle Cavia, y actualmente dando vida a la plaza de Navarra.

En su infancia, despuntar en el deporte también le ayudó a hacer amigos. Empezó por el futbito y, por mucho que se empeñó Miguel Zaborras para que hiciera balonmano, siguió por el baloncesto en la peña La Parrilla y en el Peñas. Sin embargo, le diagnosticaron una diabetes y el consejo fue que se olvidara de competir. Pero “retomé el deporte y de vez en cuando me hago una maratón”, dice como si tal cosa.

De niño, por la calle con sus padres, iba contando las marcas y modelos de todos los coches y motos que pasaban. Y un día, con 11 años, decidió cambiar el destino de su paga. “En el estanco Benito pasé de comprar el tebeo de Marvel a ‘Moto verde’. Desde entonces no he dejado de adquirir cada semana una revista de motos”, afirma. Esa afición le llevó a un conflicto en casa por su deseo de comprarse una moto. Tras el tira y afloja, la primera fue una vespa, “que 38 años después me he vuelto a comprar”. “Con el gusanillo de competir” ya dentro, fue a MAC Escuela de Conducción de Miguel Ángel Castilla e hizo varios cursos; tan bien se le dio que se quedó y lleva 15 años como profesor. “Jamás me pude imaginar que podía ayudar a alguien a mejorar y es algo que me encanta”, asegura. Entre tanto, ha ganado, entre otros, los cuatro años que con su equipo corrió las 24 Horas Internacionales de Zuera en Vespa. Una vida con una clave, “aprender siempre de todos y no dejar escapar la oportunidad”. 

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