Huesca

SEMANA SANTA

Huesca recupera la procesión del Santo Entierro con la fe y la devoción de la primera vez

La procesión se desarrolla la tarde de este viernes por las calles del centro de la ciudad

La capital altoaragonesa ha vuelto a recuperar este viernes la tradicional procesión del Santo Entierro, interrumpida durante dos años a causa de la pandemia del coronavirus y con la participación de unas 1.000 personas, en un recorrido que ha partido a las 19:00 horas desde la iglesia de Santo Domingo y San Martín y a la que ha acompañado el buen tiempo sin visos de lluvia. Y también, como no, una enorme participación por parte de los numerosos oscenses, que desde las calles que han jalonado el recorrido hasta las terrazas de los establecimientos hosteleros y las ventanas y balcones han estado atentos al desfile de imágenes religiosas y cofrades, que han puesto de manifiesto, en la recuperación de esa tradición, la riqueza de esta fiesta.

Las cofradías han desarrollado duarante la tarde de este Viernes Santo el recorrido tradicional. Así, tras dejar atrás la iglesia de Santo Domingo, las cofradías han subido a la Catedral con sus diferentes pasos y atravesando antes las calles Coso Bajo, Ramiro el Monje, plaza de San Pedro, San Salvador, plaza Arista y Las Cortes. A continuación han regresado a la plaza de Santo Domingo bajando por la calle Santiago a la plaza de Lizana para recorrer el Coso Alto hasta la calle Moya y plaza López Allué. Desde allí han pasado por las calles Cuatro Reyes, Goya y Coso Bajo.

Ha abierto así la procesión este año la Gran Cruz Iluminada que data de 1865 y que han portado este año los cofrades del Cristo de los Gitanos. Al inicio también del recorrido, un cabo y cuatro soldados han representado, por otra parte, a los batidores romanos, que fueron incorporados al recorrido en 1865.

Junto a estos, los ministriles, que figuran también desde 1865, han representado a su vez la música fúnebre que llevaban consigo los romanos gobernantes de Judea, así como las personas distinguidas y que en esta procesión anuncian la Pasión del Señor.

También ha hecho acto de presencia en el recorrido el Coro de Sibilas, que representan a las profetisas paganas que anunciaron la vida, la Pasión y la muerte del Señor, divididas en cuatro grupos: tres persas, tres griegas, tres africanas y tres romanas. Como es tradición, han realizado el trayecto cantando las profecías de Cristo.

El recorrido lo conforman en total, una veintena de grupos escultóricos que representan los últimos momentos de la vida de Jesús. Así, el grupo escultórico de la Entrada de Jesús en Jerusalén, la primera escena de este Via Crucis, fue realizado por el artista oscense Vicente Vallés en 1947. Le ha acompañado la Cofradía de San José, con capuchón marrón y hábito blanco, que se formó a partir del gremio de los carpinteros que databa del año 1551

Han formado parte también de la procesión tradicional los personajes del antiguo testamenteo: Isaac, Abraham, Melquisedec, Moisés, Levita, Aarón, David y su paje, cuyas vestimentas datan de 1914, conforme a los diseños del pintor oscense hermano jesuita Martín Coronas.

El Cenáculo es el siguiente paso que ha continuado el recorrido. Construido en 1865 por el escultor Cristóbal Mendoza, e incendiado en 1934, fue reconstruido en 1943 por el tallista oscense Larruy. Desde 1965 procesiona acompañado de la Cofradía Salesiana del Santo Cáliz y que se caracteriza por su hábito rojo con capuchón amarillo.

La Cofradía del Prendimiento, reconocible por su hábito y capuchón grises oscuro, portaba a continuación el paso realizado por Felipe Coscolla en 1930, en el que destaca la gran expresividad de las figuras.

Vinculada, por otra parte, al colegio de San Viator de Huesca, la Cofradía de Nuestro Señor Atado a la Columna ha lucido además su característico hábito amarillo con capuchón verde. La imagen, el Cristo de Nuestra Señora de Salas, data del siglo XVIII y sale en procesión desde 1950, si bien la Cofradía fue fundada tres años más tarde.

La Cofradía de la Preciosísima Sangre de Cristo, con hábito blanco y capuchón rojo, portaba a continuación el paso realizado por Tomás Marqués en 1902 sobre peana de Vicente Vallés que data de 1948.

Le ha seguido a continuación una de las cofradías de más reciente creación, la del Santo Cristo de los Gitanos, que data de 2008, la primera de nueva creación en el siglo XXI. Es llevada a hombros de 24 costaleros y consta de una figura de madera tallada y policromada de estilo artesano de la Escuela Española-Aragonesa, de un autor anónimo del siglo XVIII. El hábio en esta ocasión es negro con el capuchón blanco.

Y a hombros ha sido portado también, un año más, la escultura de Nuestro Padre Jesús Nazareno, por sus cofrades de hábito y capuchón morados. La imagen ha dejado un año más el convento de Nuestra Señora de la Asunción, en el casco antiguo de Huesca, para procesionar desde su característica peana de estilo gótico. Fue realizada por Fructuoso Orduna en 1950 y es una de las más veneradas de la Semana Santa oscense. Son también, al igual que en el caso del Nazareno, 24 costaleros los que la portan, de esta cofradía fundada en 1939.

Tras La Verónica, acompañada por una guardia pretoriana romana, es también característico el hábito marrón con una cruz de Santiago en el pecho sobre fondo blanco de la Cofradía de Santiago, fundada en 1956 y que porta la imagen de La Enclavación, obra de Felipe Coscolla de 1928 y que fue llevada a hombros hasta 1941.

También parte del imaginario de Semana Santa de Huesca, han iluminado la noche las cruces de las Siete Palabras, que datan de 1865 y que portan las mairalesas de la ciudad. 

Junto al Nazareno, muchas miradas y rostros de devoción se ha llevado también consigo la imagen del Cristo de la Esperanza -tumbado sobre la Cruz en un lecho de claveles y de autor anónimo del siglo XVII o principios del XVIII- al que llevan 18 porteadores de la Cofradía del mismo nombre, con hábito morado y una cruz roja en el centro.

Y hasta 30 son los costaleros que llevan sobre los hombros al imponente Cristo del Perdón, en el que el Mesías aparece ya en la cruz, en posición vertical. Se trata de una talla de 1695 realizada por el fraile dominico Pedro Nolivos y que se venera en la iglesia de Santo Domingo y San Martín. La cofradía, de hábito blanco con una cruz roja en el pecho, fue fundada en 1929.

La imagen de la Virgen Dolorosa ha salido a continuación en la procesión, acompañada por el característico grupo de mujeres con mantilla española, las Manolas. Se trata de uno de los pasos con más detalles y bordados de los que componen el Via Crucis. La Cofradía, de hábito azul marino y una cruz blanca, está formada principalmente por mujeres. La imagen data de 1947 y es obra de Vicente Vallés.

Y es la Cofradía de El Descendimiento y Las Lágrimas de Nuestra Señora la que porta la imagen de Felipe Coscolla de 1923. Fundada en 1951, sus cofrades son reconocibles por su hábito blanco con capuchón azul.

Miembros de la Asociación de Amas de Casa de Huesca han acompañado además al paso de la Piedad de la Virgen, obra de los artistas oscenses Francisco y José Larruy de 1951.

Y en recuerdo de los antiguos entierros hebreos, un grupo de niños ha portado un pebetero de incienso, un elemento que fue incorporado a esta procesión en 1951.

Ha cerrado el desfile la imagen del Cristo Yacente, que se ha venerado desde primera hora de la tarde en la iglesia de Santo Domingo de Huesca y que fue adquirida por la Archicofradía de la Vera Cruz en 1960, obra de José Capuz y Eduardo del Pino, sobre una peana del escultor aragonés Cristóbal Mendoza de 1865, restaurada en 2013. Es otro de los pasos que se llevan a hombros en el Santo Entierro de la capital altoaragonesa, por doce costaleros y puede venerarse todo el año en dicho templo.

Por último, han cerrado la comitiva fúnebre representantes eclesiales, además de una representación del consistorio oscense, de Ejército, además de la Banda de Música. El recorrido ha terminado en torno a las 22:30 horas, en una jornada que muchos estaban esperando y que, seguramente, por su significado en este "regreso a la normalidad", tardarán, seguramente, en olvidar.

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