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Pepe Sideras: “Después de tantos años en hostelería, he cambiado el turno sin dificultad”

José Antonio Gallart, más conocido en Huesca ciudad como Pepe Sideras, fue pionero de la marcha nocturna oscense 

José Antonio Gallart, conocido como Pepe Sideras.
José Antonio Gallart, conocido como Pepe Sideras.
Pablo Segura

El nombre por el que se le conoce en Huesca es Pepe Sideras y el que figura en su DNI, José Antonio Gallart Turmo. Sus padres procedían del Valle de Arán. Nació en Barcelona, en 1952. Con solo 3 años su madre le llevó a Benabarre y pasado algo más de un año, a Huesca, donde ella comenzó a trabajar en la Clínica Provincial y Pepe, su etapa formativa en la residencia provincial de niños -“soy hijo natural, no conocí a mi padre”-. Allí, “los salesianos nos dieron una formación cojonuda. Era una educación estricta y había un régimen duro, y como en todos los sitios cerrados -cuarteles, internados...- la sexualidad es una cosa que está allí, pero tuvimos una educación muy buena”.

Dos años antes de acabar Maestría Industrial, comenzó su vida laboral a los 16 años. “Era en vacaciones de verano y solo había dos opciones: trabajar en una obra o en un bar, y yo empecé en el Bar Candanchú. Allí estuve dos veranos, y con 18 me fui a vivir con mi madre, al Coso Bajo”.

A los 19, la mili en Huesca “y llegó el momento de buscarse la vida, aunque tampoco es que yo me haya esforzado mucho por trabajar, que nunca me ha gustado demasiado”. Fue electricista, peón de albañil, vendedor de seguros -“fue el trabajo que más vergüenza he pasado, se trataba de vender la moto”-, en Chías… “Menos de lo que yo había estudiado, salían trabajos de todo”.

“No es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”

No duraba mucho en estos empleos, un máximo de unos dos años, “pero es que yo necesitaba muy poco. Siempre he pensado que no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita. No tenía carné de conducir y no necesitaba coche; ¿amigos?, sí, pero estaban más integrados en el sistema y tenían sus obligaciones, y yo era más independiente, cogía la bici, me iba al campo y leía o escuchaba a los pájaros”.

Llegó a la ecología a través de la revista Alfalfa y “con Alberto Turmo y otros más formamos el Colectivo Antinuclear Altoaragonés, que organizó, entre otros actos, una concentración contra la central nuclear de Chalamera”.

Mientras tanto, fue camarero con los hermanos Acín, en la Venta del Sotón y en el Casino oscense, y en el 80 tomó la decisión de independizarse y abrir un bar en la calle Roldán, el Callejón del Saco. “Era un garito pequeño, un cuchitril”, y lo llamó Sideras, “por un hombre que vendía petróleo a granel en la plaza de San Pedro, y me caía muy bien. Y un amigo, cuando yo decía algo que no era muy lógico, me decía, tú estás sideras. El mote se me quedó”. Cerca solo estaba la Peña Motociclista Oscense, y luego fue una de las principales zonas de marcha.

No tenía Pepe una vida social muy amena, pero los 3 años que tuvo abierto el Sideras, amplió su círculo de amistades y desde su local se extendió la marcha nocturna a esta calle de Huesca, con locales míticos en esos años como el Juan Sebastián Bar -el único que resiste abierto-; el CR27, El Cairo, el Komi...

En el 84 cogió el traspaso de La Estrella con Miguel Sarasa, “y me pasó lo mismo que en el Callejón del Saco. Llegué, eran mayoría las tabernas en la zona y se arreglaron algunos locales y la gente empezó a ir allí”.

“En esos años (de La Estrella) había ambiente y color todos los días”

En esta nueva zona de ocio nocturno, “había trabajo y ambiente todos los días, por la tarde y por la noche. Había ambiente y había color”, recuerda Pepe, quien insiste en que “aunque no me lo propuse, fui pionero” en estas zonas de marcha.

Estando en La Estrella -explica- “me entró el jazz”. Con Jesús Moreno -“aprendí mucho de él, es un talento”-, Pablo Otín y otros crearon la Asociación Contrabajo. “Hacíamos conciertos en muchos sitios, en el Casino, el Colorado, La Estrella… Era una cosa muy entretenida. Pero también se acabó, como todo en la vida”.

Formó parte también del colectivo que fundó “la radio libre Radio Castaña, que se fue al garete porque estábamos poco concienciados, poco mentalizados, era como un juguete para pasar el rato…”.

En sus 40 años de hostelería (se jubiló en 2016) -explica- “ha cambiado sobre todo que la gente antes iba a los bares a escuchar música, cada bar tenía su estilo, y desde hace tiempo, me di cuenta de que la gente iba a los bares a bailar, y esto yo lo achaco al ascenso y la importancia de la mujer. Y por eso en los últimos años, en La Estrella yo ponía música para bailar, swing, rock & roll, blues… Y ahora todo es reguetón, que si mamita, que si papito…”.

Después de tantos años en este sector, afirma que “he cambiado el turno sin dificultad. Ahora me acuesto pronto, ayer a las 11. Sigo con mis pequeños vicios, moderadamente, claro está, que los años no pasan en balde. Pero el cuerpo me va aguantando y me cuido mucho en la alimentación, siempre me ha gustado este tema y por esto empecé el rollo en el ecologismo y en la revista Integral”.

Hace un “balance positivo” de su vida. “Hay cosas de las cuales me arrepiento y cosas que las haría mejor, pero en líneas generales estoy contento porque creo que enemigos no tengo y amigos y gente que me aprecia y me saluda por la calle, tengo bastantes. No he hecho las cosas tan mal”. Y tiene dos hijos que adora.

Le encanta el escritor Pushkin y su ciudad natal, San Petersburgo, aunque no la conoce. Sin embargo, Huesca, donde vive, “me parece una de las ciudades más feas de España y se están cargando el parque. Y encima este alcalde le ha cogido manía a los árboles”, dice Sideras. Crítica y una petición al primer edil de la ciudad: “que le ponga una calle a Mariano Coronas y otra a Agustín Cuello, dos profesionales de la música que nos dieron clases en la Residencia”. 

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