Huesca

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Las cabinas telefónicas desaparecen de la provincia

La Ley de Telecomunicaciones obliga a Telefónica a retirar las 67 de la provincia

Cabina telefónica instalada en la calle Caspe de la capital oscense.
Cabina telefónica instalada en la calle Caspe de la capital oscense.
Pablo Segura

Han pasado a ser invisibles. Parte del mobiliario urbano, escondite de los críos, lugar para resguardarse del frío y mural de grafiteros. Desde su instalación en los años 60, las cabinas telefónicas fueron un servicio esencial para la ciudadanía oscense. Dejaron de ser consideradas así en noviembre de 2021, cuando el Consejo de Ministros dio luz verde a la tramitación de la nueva Ley General de Telecomunicaciones aprobada en el Congreso de los Diputados a finales de abril.

Entre otras medidas, la Ley obedece a la retirada de la vía pública de las casi 15.000 cabinas desplegadas por toda España. Según datos de Telefónica, en la actualidad existen en la provincia de Huesca un total de 67. En toda la Comunidad de Aragón, la cifra asciende a 408 puntos de llamada, mientras que durante el año pasado, la compañía de telecomunicaciones registró una media de 0,17 llamadas al día, lo que se traduce en una llamada semanal de promedio.

La explicación de estos datos, explican desde Telefónica, está relacionada con la irrupción de la telefonía móvil, que ha sido la causa principal de la caída en desuso de estas estructuras. Ya en 2006 se registraron más líneas de teléfonos móviles que habitantes. Más del 88 por ciento de la población reconoce no haber usado nunca una cabina, según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

Hasta ahora, estas instalaciones eran consideradas como un servicio universal de telecomunicaciones obligatorio, para garantizar que todos los ciudadanos tuviesen acceso a esta prestación con una calidad determinada y a un precio asequible. Esto implica que todas las localidades con más de 1.000 habitantes debían tener instalada una cabina telefónica e ir sumando otra adicional por cada 3.000 habitantes.

Desconexión

El servicio dejará de estar operativo en los municipios del Alto Aragón, sintomático de la desconexión que sufren, unido a la exclusión financiera que está llevando a la desaparición de los cajeros automáticos.

Telefónica se ha visto obligada a seguir con su gestión al ser el operador dominante. El último concurso se convocó para el periodo 2009-2011, pero no hubo competencia por el desinterés del resto de operadoras. Desde entonces se han aprobado sucesivas prórrogas del contrato con Telefónica, que reclama desde hace tiempo que la prestación del servicio de las cabinas deje de ser forzoso tal y como ocurre en otros países europeos (caso de Francia, Dinamarca o Bélgica).

Todo ello toca a su fin. Ahora que la privacidad comunicativa vive sus días más tensos, las cabinas eran un refugio seguro donde no sentirse escuchado. Quien más quien menos guarda un recuerdo feliz de una llamada al extranjero, triste de una ruptura sentimental o agónico como el de José Luis López Vázquez en la película La Cabina (1972) mientras la muchedumbre le gritaba: “No se preocupe, le van a sacar. Que tenga suerte”. Zaragoza firmó un acuerdo con Telefónica en el que se comprometía a conservar el servicio de al menos 28 de las cabinas distribuidas por la ciudad de manera equitativa. Si nadie lo evita, las altoaragonesas colgarán para siempre.

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