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Miguel Malo Pueyo, una vida casando deporte y estudio

Está cursando Medicina y milita en el Bada Huesca, equipo con el que debutó en primera división con 18 años 

Miguel Malo Pueyo en una imagen de niños y en la actualidad.
Miguel Malo Pueyo en una imagen de niños y en la actualidad.
S.E.

Miguel Malo Pueyo (Huesca, 1999) es uno de esos que casi toda su juventud la ha pasado compaginando sus estudios y su pasión por el deporte, lo que no siempre ha sido fácil. Comenzó con el baloncesto y por unos amigos dio el salto al balonmano, donde sigue, ya como profesional, en el Bada Huesca. Además, está cerca de terminar Medicina. Deporte y estudio para parar un tren, lo que le ha llevado a “decir no a muchas cosas a nivel social, aunque es algo que no me preocupa en exceso porque yo luego considero que he podido disfrutar”. Es buen estudiante (al oír la palabra empollón, sonríe) “y no puedo decir que el balonmano me ha quitado, sino que me ha sumado mucho”.

“No puedo decir que el balonmano me ha quitado, sino que me ha sumado mucho”.

De su infancia, Miguel Malo dice que tiene “muy buenos recuerdos. Era un chico normal que le gustaba mucho jugar con sus amigos en el parque. Empecé a estudiar en el Pedro J. Rubio, y de este colegio también tengo muy buenos recuerdos. El viaje de estudios a Valencia, en sexto de Primaria, fue como el no va más”.

Fue en este colegio, con 8 años, cuando comenzó su relación con el balonmano, gracias a Juan Carlos Escribano, “que ha sido como mi padre balonmanístico”. Este deporte fue admitido como extraescolar y en 6º de Primaria ya estaba en el infantil del Balonmano Huesca, un año adelantado a lo que le correspondía por edad. Así, “he tenido la suerte de jugar siempre con gente de un año más y tenías que entrenar más, dar pasos más rápidamente, aunque también se aprendía antes”.

Acabada la Primaria pasó el IES Pirámide, “que fue un gran cambio”, y seguía en la cantera del Balonmano Huesca, hasta que en juvenil de segundo año, cuando hacía segundo de Bachiller, “me llaman con el primer equipo para hacer la pretemporada en agosto e ir a entrenar algunos días”. Un año de locura, “ya que estaba con tres equipos -en el primero y el segundo y con el juvenil- y queriendo estudiar Medicina, para lo que tenía que sacar buenas notas”.

Fue “sobre cuarto de la ESO y primero de Bachiller” cuando descubrió que la Medicina sería su futuro. Hasta entonces “decía que quería ser veterinario”. Su padre y su tío tenían un centro veterinario, “aunque yo nunca he tenido una mascota”.

Es “de los que una vez tienen un objetivo en la cabeza, pues intento esforzarme y conseguirlo de todos modos”. Y lo consiguió, que ya está en quinto curso de la carrera, en Zaragoza, y la segunda mitad de quinto y todo el año que viene, realizará prácticas en Huesca, “y así puedo compaginar un poco mejor el tema balonmano”, que ya no tiene que ir cada día de Zaragoza a Huesca, y viceversa.

Cuando acabe Medicina, “examen MIR y según la nota puedes elegir una u otra especialidad. Medicina deportiva como tal no existe, pero está traumatología o rehabilitación, que pueden estar más ligadas al mundo del deporte, y si tuviera que elegir ahora mismo, sería algo relacionado con el deporte, pero tampoco me cierro puertas”.

Cumple sus catorce años en el balonmano. Debutó en primera división con 18 tacos y desde hace dos años, ya sólo forma parte de la plantilla del primer equipo. Su puesto es el de central, el que organiza el juego. De organizarse, desde luego, sabe.  

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