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Paulina Amieva Olguín: Una vida llena de “momentos de ¡oh!”

“Ofrecemos sabores que te recuerden lo que te gusta pero que además te transporten a México”

De niña, Paulina Amieva en México y en la actualidad en el local donde ha comenzado la segunda etapa del restaurante El Villa.
De niña, Paulina Amieva en México y en la actualidad en el local donde ha comenzado la segunda etapa del restaurante El Villa.
S.E.

Paulina Amieva Olguín (Córdoba/México-1983) cuenta su vida resaltando acontecimientos con sus “momentos de ¡oh!”.

Cuando tuvo que ir a la escuela en Toluca, Paulina no sabía ni leer ni escribir “y para entrar en esa escuela exigían que supieras leer, escribir y operaciones básicas”. Estudió todo el verano “y al final lo conseguí. Es el primer ‘momento de ¡oh!’ de mi vida”.

El instituto público, los nuevos amigos, fue un gran cambio, “otro ‘momento de ¡oh!’ en mi vida”. Pensó ser diseñadora de joyas, pero se matriculó en la Licenciatura en Gastronomía. “Esto, al final, no es tan diferente, ya que todo tiene que ver con crear algo”. Pudo influir que tanto su madre como su padre “cocinaban muy bien”. Además, a su abuela paterna, “le encantaba hacer postres, y tenía una enorme cocina”.

No le arredraron las advertencias de su madre, “que me decía, mira que cuando todos tengan fiesta, tú tendrás que trabajar”.

Mientras estuvo en la Universidad, hizo prácticas en cocinas profesionales de hoteles, cafeterías…, “sitios de mucho movimiento, porque si haces poco no aprendes”.

El último curso de la carrera, “en la familia surgió la idea de abrir un restaurante de comida española, porque mi abuelo paterno era español y siempre hemos estado muy ligados a esta cocina. Estuvimos abiertos dos años y salió muy bien... Los viernes pusimos espectáculos de tablao flamenco y los sábados, conciertos con los profesores de la escuela de los hermanos menores. Trabajamos todos un montón y nos divertimos mucho, no sin algunas peleas que, finalmente, hicieron que estrecháramos lazos que de otra forma no hubiéramos podido”.

A través de un amigo, su padre se enteró de la existencia de la Escuela de Hostelería de Guayente, “y allí me fui en 2007, con la idea de estar un año” (risas). Allí hizo el grado medio de cocina, mientras realizaba prácticas de camarera en la zona y los veranos, en Francia. “Fue como otro ‘momento de ¡oh!’”. Aquí conoció lo que era un poleomenta “y me acostumbré a hablar con las palabras y expresiones de aquí”, y dejó de decir “mande” y “nuestro ahorita” y comprendió el sentido “de la palabra par, que para mí era un montón y no, son dos” (más risas).

En la Escuela de Hostelería de Huesca hizo el grado superior de servicios y allí conoció a Edgar Espiérrez, con el que se casaría. Hizo después el grado superior de cocina.

Ya casada empezó a trabajar en El Punto de Encuentro, de camarera. “Estuve 4 años, muy bien. Esa sensación de trabajo y me voy de vacaciones, en México no la había vivido nunca. Así aprendí que hay que tener vacaciones y disfrutar de otras cosas y descansar, no solo trabajar. Fue como otro ‘momento de ¡oh!’”.

Salió de El Punto de Encuentro “ya con un niño, para hacer el Máster de profesor, me gusta enseñar. No quería trabajar tantas horas y todos los días, no quería separarme tanto tiempo de mi hijo”.

Con Edgar, montaron en abril de 2017 el restaurante El Villa, de comida mexicana, en el Coso Alto. “Era perfecto, podíamos llevarlo entre los dos y con la idea de cerrar pronto y estar en casa con el niño”. Pero no pudo ser y al poco ya estaban dando cenas. Y en diciembre pasado, “nos ofrecieron el Akí te espero y allí tenemos El Villa, y estamos supercontentos”.

Ahora, con 8 trabajadores, estudia gestión de la empresa hostelera. Hacen comida ‘aragomex’, “con sabores que te recuerden lo que te gusta pero que además te transporten a México”.

“Vivir aquí me ha cambiado totalmente la vida”, concluye Paulina

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