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Luis Sánchez Mur: “La falta de contacto tiene mucho que ver con los trastornos de personalidad”

Este psicólogo se jubila y afirma que los que trabajan en Sanidad reciben “dos salarios: el económico a final de mes y todos los días, el emocional”

Luis Sánchez Mur en la plaza Luis López Allué, de Huesca.
Luis Sánchez Mur en la plaza Luis López Allué, de Huesca.
N.C.

Unos de los primeros recuerdos de Luis Sánchez Mur (1957, Barbastro) son de Parvulitos en el colegio San Vicente de Paúl, de monjas, y de la Primaria en Escolapios, y que antes de cumplir 10 años, estaba en el Instituto. Fue “un recorrido gratificante, no muy buen estudiante pero tampoco malo, del montón. Menos dibujo en primero, no suspendí ninguna otra”. Unos años en los que hacía media vida en la calle Las Fuentes “cuando aún el río no estaba canalizado. Era muy crío cuando la riada que casi sobrepasa los puentes, que fue lo que motivó el encauzamiento del río”. Una etapa “feliz, no con muchos medios pero feliz”.

Acabó COU y “quería a toda costa hacer Historia”, pero una hermana mayor que era psiquiatra le aconsejó que hiciera Psicología -“con Historia te vas a morir de hambre”, le dijo-. Le hizo caso “y no me he arrepentido”.

Estudió Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, donde ya vivían sus padres. No había cumplido 17 años, estaba en un turno de tardes con personas con más años que él “y para hacerme pasar por un poquito más mayor, empecé a fumar. Fue un error juvenil que pasó temprano”. En 2º de carrera, un profesor que se jubilaba les propuso que se preguntaran “¿cuántos de ustedes han decidido estudiar Psicología por evitarse pasar por la consulta del Psiquiatra? Yo aún me lo pregunto de vez en cuando”. En 1979 acabó la carrera con 21 años y volvería a vivir la universidad entre 1999 y 2020, como profesor tutor de Psicología en la Uned de Barbastro.

Hizo la mili: el campamento en Cáceres y su destino fue la Compañía de Sanidad de la Brigada Acorazada Brunete número 11. Acabó su relación con el Ejército en noviembre de 1980 y, al año siguiente, regresó a Barbastro con sus padres. Aquí montó “un gabinete para trabajar con niños con problemas y durante un año y pico me defendí con eso”. Hasta que -explica Luis- “tuve una enfermedad juvenil y tardía que fue la política, una breve etapa en la que estuve en las cortes provisionales de Aragón cuando se consiguió el Estatuto de Autonomía, era el diputado más joven por el PSOE, y luego en 1983 concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de Barbastro; estuve dos años y dimití”.

En el 85 dejó la política. Trabajó “en un centro municipal atendiendo a niños con dificultades” (durante 9 años); en el Centro de Salud Pirineos (3 meses), en el centro de reconocimiento de discapacidades en Zaragoza (“una etapa corta pero muy intensa”) y al acabar, en el Centro de Salud de Monzón (6 años). “Se convocó una plaza temporal en Arcadia-Huesca, me presenté, quedé primero, me fueron renovando durante 2 años y pico”. De 2007 hasta septiembre del 2015, estuvo en la consulta de atención primaria en el Provincial. Un mes después estaba en el Hospital de Día en Psiquiatría en el Provincial, y en 2018 volvió “a la consulta a la que médicos de cabecera del centro Perpetuo Socorro y de la zona de Monegros derivan habitualmente a pacientes con dificultades generalmente del ámbito emocional, y hasta ahora”, que se ha jubilado.

Su larga y variada trayectoria le lleva a decir que en salud mental “la presión asistencial es muy alta y faltan recursos”. Afirma que “hay un antes y un después de la covid, sin duda”. Allí están, por ejemplo, los casos de “síndrome de la cabaña, personas sin patología psicológica previa que se habían encontrado seguros en su vivienda y luego les costaba mucho o renunciaban a salir”. Y “muchos mayores han sufrido y han pagado con su vida, y en el colectivo de los adolescentes, que parece que se tiene menos en cuenta, no ha habido fallecimientos casi, pero el sufrimiento... Se considera que aproximadamente el 50% o un poco más de adolescentes se han producido autolesiones” por no poder tener contacto con su grupo. “Ese malestar emocional encuentra un alivio haciéndose daño, porque cuando hay un daño físico segregamos endorfinas, las mismas que segregamos cuando hacemos deporte, que calman”. Y destaca que “la falta de contacto tiene mucho que ver con los trastornos de personalidad”.

Opina, además, que “para poder vivir mínimamente con cierta estabilidad hace falta tener expectativas, que puedas hacer proyectos, pero cuando la gente no tiene una expectativa, eso es lo que lleva a muchísimos a tener problemas de, fundamentalmente, depresiones…”. Y cuando hay preocupaciones para las que no se encuentran salida (la salud de un familiar, un conflicto con un vecino…) “se da estrés crónico y ese cortisol en exceso. Aparte de problemas de salud, puede derivar en una depresión severa, y un problema depresivo es un infierno para el que lo pasa”.

Ya fuera de la consulta, como remedio natural, recomienda “baños de bosque; paseando por un bosque entre 10 o 30 minutos se producen beneficios, entre otras cosas, baja la presión arterial”. O simplemente andar, que “para la depresión es fundamental el ejercicio físico”. Aconseja, además, hacer algo por los demás, que “el mejor egoísmo es el altruismo, cuando hacemos algo por los demás nos sentimos bien”.

Se declara feliz con su vida laboral y resalta que “los que trabajamos en la sanidad hemos recibido dos salarios: uno el económico a final de mes y otro todos los días, el emocional, el agradecimiento, la sonrisa, ver que una persona va mejor…”.

Tiene claro que en la jubilación “falta tiempo para todo lo que se quiere hacer”. Él, pasea por el monte, toca la batería, lee, disfruta de las relaciones sociales, algún viaje… “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita, y a mí me gusta poder disfrutar de las cosas sencillas”.

Ahora toca “seguir exprimiendo la vida”. 

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