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Iris Orosia Campos: "En los últimos años se han alcanzado grandes hitos"

Esta investigadora que indaga sobre la Didáctica de la Lengua y la Literatura es directora del Diploma de Especialización en Filología Aragonesa 

Iris Orosia Campo.
Iris Orosia Campos.
S.E.

¿Cuál es el emoticono que define su personalidad?

—Ese que sonríe con dos dientecillos y lleva gafas de empollón/a. Siempre entre libros e intentando llevar la sonrisa puesta.

¿El negocio es la negación del ocio o usted se divierte currando?

—Creo que ningún trabajo se puede asimilar al ocio, pero lo cierto es que hay partes de mi profesión que disfruto profundamente. Fundamentalmente la investigación y la docencia en las materias que el alumnado decide cursar de forma voluntaria, por ajuste a sus intereses, ya que la motivación que irradian hace que nuestra tarea docente sea mucho más sencilla.

Genio y figura. ¿Se identifica?

—Entendido como extracto del conocido refrán –“genio y figura, hasta la sepultura”–, me identifico, ya que hay rasgos de mi carácter que no han cambiado ni creo que lleguen a cambiar con el paso de los años. Entre ellos, por suerte o por desgracia, la tozudez. Cuando me propongo algo, no reblo.

¿Le queda mucho trabajo por hacer?

—Muchísimo. Las nuevas inquietudes y lecturas se amontonan a una velocidad exponencial mientras, de forma paralela, cada día me identifico más con la máxima socrática –“sólo sé que no sé nada”–.

Cada vez son más las familias que apuestan por el aragonés en la formación escolar y también los maestros, ¿es cierta esa la tendencia?

—Si observamos la tendencia desde el curso 1997/1998, que es cuando se introdujo el aragonés en las aulas, podemos decir que así es, el interés ha aumentado, si bien no de forma suficiente para garantizar la normalización educativa y la pervivencia de la lengua en el futuro. Queda mucho por hacer, pero mi punto de vista es siempre optimista, ya que en los últimos años se han alcanzado grandes hitos como la históricamente reivindicada especialidad en “Lengua Aragonesa” dentro de los estudios de Magisterio.

¿Poderoso caballero es don dinero?

—Es mucho más poderoso el amor.

¿Cuáles serían sus principales reivindicaciones?

—Mis reivindicaciones están vinculadas fundamentalmente a la mejora de la situación del aragonés en el ámbito educativo. Hay una escasísima normalización de su enseñanza, y sin una formación adecuada sobre y/o en aragonés en la enseñanza formal es muy complicado crear entre la sociedad futura una conciencia sobre el valor de este idioma y la necesidad de protegerlo. Es cierto que desde 2016 la situación ha mejorado, pero queda mucho por hacer e, indudablemente, la inversión económica es necesaria. Pero creo que hay otras medidas que también pueden ser muy beneficiosas con un coste prácticamente cero, como la inclusión de una formación específica sobre el patrimonio lingüístico y cultural del territorio en las titulaciones de Magisterio y de Máster en Profesorado de Secundaria en Aragón. Tal y como se desarrolla en la actualidad la enseñanza del aragonés en colegios e institutos, los claustros tienen un peso decisorio muy importante sobre el lugar que puede llegar a ocupar el idioma en el proyecto educativo de cada centro. Si la (in)formación que tienen los docentes sobre el aragonés es prácticamente inexistente, es casi imposible que se alcance una mayor normalización de su enseñanza.

La sonrisa es el lenguaje universal de las personas inteligentes. ¿Sonreímos poco?

—Creo que, más allá de las redes sociales, sonreímos poco y, en general, nos encontramos con el otro todavía menos. Sin ser apocalíptica, observo con preocupación el individualismo y la escasa empatía a la que nos parece estar conduciendo esta sociedad de pantallas, selfies y consumismo a golpe de clic. Estamos adormecidos y cada vez más aislados, nos faltan sonrisas y un espíritu reivindicativo desde la alegría.

¿Hay muchas sonrisas en sus investigaciones?

—Tengo la suerte de investigar en educación, donde las sonrisas siempre están presentes entre los más pequeños.

Dice Howard Gardner que no hay buen profesional que sea mala persona. ¿No conoce a alguno para contradecirle?

—La verdad es que me parece muy acertada su teoría sobre el equilibrio entre conocimiento, compromiso y ética como clave para alcanzar la excelencia. Entre las personas con las que he tenido la oportunidad de trabajar, las que más admiración me han causado se caracterizan precisamente porque, más allá de contar con un prodigioso intelecto, son empáticas, humildes y generosas.

¿Quién es para usted un galáctico en su admiración?

—Joaquín Costa, precisamente por aunar, en su tiempo, orgullo altoaragonés y cosmopolitismo.

¿Qué es lo que le gusta exprimir hasta la saciedad?

—Los días de desconexión en la montaña, las conversaciones con mi abuelo y los atardeceres desde mi casa de Fontellas junto a mi pareja y mi gato.  

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