Huesca

descenso de la natalidad

El reto de la crianza: tener hijos en un contexto que no lo pone fácil

La decisión de tener descendencia se ven afectadas por la incertidumbre económica, pero también influyen factores culturales y personales

Huesca registra 66 nacimientos menos en junio de 2022, respecto al mismo periodo del año pasado.
Huesca registra 66 nacimientos menos en junio de 2022, respecto al mismo periodo del año pasado.
D. A.

La natalidad desciende. Lo hace en España, casi en un millar si se compara con junio del año pasado, de 160.681, en 2021, a 159.705 en 2022; y también en Huesca, 66 menos (721), que en en junio el año anterior (787). El dato es de la estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE) según el total de nacimientos inscritos en los Registros Civiles informatizados. Aunque tienen carácter provisional, la tendencia que marca es clara, se tienen menos hijos. Y aunque la pandemia frenó algunos proyectos de construir una familia, es algo que viene sucediendo desde hace más de una década.

En 2020, la provincia oscense registró casi cien nacimientos menos que en 2019. “Era muy arriesgado hacer un cambio como el de tener hijos”, afirma Pablo Redondo, sociólogo del Colegio Profesional de Ciencia Política y Sociología de Aragón. “Ahora parece que se recuperan índices previos a la pandemia, pero la tendencia es de decrecimiento de la natalidad”, recuerda.

Entre los factores que influyen está la “inestabilidad económica de las familias, y especialmente la laboral entre la juventud”, a la que se le presupone iniciar ese proyecto familiar, señala Redondo.

Esto genera una incertidumbre que España arrastra desde 2008. “Indudablemente hay falta de seguridad en el futuro”, afirma Alberto Sabio, catedrático de Historia Contemporánea y director del Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), “para una generación especialmente castigada por la crisis de 2008 y por las consecuencias económicas de la pandemia”.

Para Sabio, “eso se ha traducido en muchos años de precariedad laboral”, más el problema de la vivienda, “inaccesible para muchos de ellos”, lo que “desincentiva la natalidad”, Unido a otros factores, complementarios pero relevantes, como el de ser una sociedad “más laica”, con “mayor acceso a anticonceptivos” y “más individualista”, se explica el descenso.

Tener o no tener

Tomar la decisión no siempre es blanco o negro. Se duda sobre cuándo dar ese paso, junto a quien, a veces hay dificultades, te preguntas si hacerlo por segunda vez, o no hacerlo nunca.

Según la última Encuesta de Fecundidad del Instituto Nacional de Estadística (2018), el 42% de las mujeres residentes en España de edades comprendidas entre 18 y 55 años ha tenido su primer hijo más tarde de lo que consideraban ideal. De media, el retraso asciende a 5,2 años.

Rocío y su pareja serán padres primerizos en algo más de un mes, a los 33 años. Ella se estaba formando como peluquera y trabajaba como dependienta, aspectos que ha decidido dejar en pausa y retomarlos pasado un tiempo. Ni preveían una fecha, ni tampoco pensaban en retrasar la crianza hasta una edad concreta. Tras ocho años de relación dieron el paso. “Si te paras a pensar en la estabilidad, se ve muy difícil y nunca lo haces”.

Esto no quita para que surja “ese miedo de qué ofrecerle al bebé cuando llegue a este mundo”, porque “hay escasez de trabajo y mi situación económica, no es estable. No ha sido fácil tampoco tomar la decisión”, afirma.

Jara, médico de familia de 34 años, tuvo junto a su pareja su segundo hijo en abril. Una decisión pensada, “la de tener dos hijos y seguidos”, que ella hubiera tomado antes, aunque por circunstancias de cómo se dio la relación, no fue hasta agosto de 2020 que tuvieron al primero.

En el otro lado, Lucía, con 28 años. Su deseo es el de no tener hijos. Sobre el instinto maternal, “siento que no lo tengo, y conforme pasa el tiempo, siento que lo tengo menos”. Aun así, se percibe a si mismo agarrándose a los argumentos que proporciona el contexto social; “al escuchar o compartir con amigas” reflexiones sobre el tema, surgen las razones ‘todavía no estoy independizada’ o ‘no tengo pareja estable’: “Yo, ni tengo pareja ni estoy independizada. Y aunque mi deseo de no ser madre prevalece sobre esa estabilidad económica, objetivamente y pensándolo desde fuera, ver el contexto social no ayuda y no me anima en absoluto”, explica añadiendo la idea de la maternidad como “construcción social”, con la existencia de “una presión social” tanto por el hecho de ser madre como por el de no serlo: “A veces te cuestionas y dudas de ti misma, porque has escuchado tanto esto de ‘ya te llegará’ el reloj biológico, como si yo no fuera dueña de mi propia idea y mi cuerpo llegado un momento fuera a decirme ‘tú quieres ser madre”.

¿Conciliación?

En la discusión, entra en juego el reto de la conciliación, “que sufren sobre todo las madres. Esto lleva a que mujeres que tienen unas aspiraciones laborales no quieran renunciar a ellas para tener hijos”, apunta Redondo.

En la misma encuesta citada anteriormente, las medidas de conciliación familiar es el segundo aspecto más valorado, después de las condiciones económicas por las mujeres con hijos y trabajadoras de entre 30 y 44 años.

En el caso de Jara y su pareja, es él quien está posponiendo su deseo de iniciar un negocio en favor de la crianza, “porque ahora no puede tener ese nivel de dedicación” que requiere empezar un proyecto profesional, “ni yo tampoco”, explica, afirmando que, si económicamente se lo pudiera permitir, optaría por reducirse la jornada para “aprovechar más el tiempo” que pasa con sus hijos.

Para quien no contempla la crianza, esta cesión en términos profesionales y personales, no convence. “Me abruma bastante la idea de tener un hijo, de perder mi independencia, porque lo veo en mujeres jóvenes, lo he visto en las mujeres de mi familia. Me parece (la maternidad) algo idealizado y veo mucho trabajo y sufrimiento”, apunta Lucía.

El desarme que como sociedad tenemos frente a la conciliación obliga, además de a repartirse el tiempo a tirar de la red familiar, especialmente de las y los abuelos, como apoyo para el cuidado, lo que no es la solución, a ojos de Rocío. “Pensamos en eso, pero no siempre van a poder estar con el bebé. Además, queremos que sean abuelos, que puedan disfrutar de su nieto”, explica Rocío.

Jara coincide, pero reconoce lo complicado que se hace sin su ayuda, dado que “no hay una guardería que cubra el horario de tardes”. Ella y su pareja se mudaron a Huesca precisamente para poder hacer más fácil esa conciliación, pues en Zaragoza, al ser más grande, las distancias complicaban la organización con, en ese caso, los padres de su pareja. Cuando habla de conciliación, además, añade un matiz. “Se habla de conciliar pero es importante que exista no solo para poder trabajar, también es necesaria para tener tiempo para ti (para ambos), para descansar”.

Y a futuro ¿qué?

A la pregunta de ¿queréis tener más hijos? Rocío y su pareja, se dan por satisfechos con el que está en camino: “Nos gustaría pero dada la situación económica, la incertidumbre, y el mercado laboral, nos damos por satisfechos de poder tener uno”.

Lucía añade la idea de las referentes, que “nos faltan”, de “mujeres que no quieran tener hijos”, sin que eso suponga un “estigma o lleve a la idea de fracaso, pero también, al contrario, que el hecho de no tener hijos no se convierta en la mayor aspiración de esa idea de mujer exitosa”.  

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