Huesca

REPORTAJE

El adiós a toda una vida que da paso a nuevos negocios que quieren perdurar

Su cierre puede traer nostalgia, pero al tiempo suponen una oportunidad para quienes tienen un proyecto que quieren sacar adelante

La Golosa de Huesca, en el local que ocupó la Pastelería Ortiz.
La Golosa de Huesca, en el local que ocupó la Pastelería Ortiz.
Pablo Segura

CASI nada dura para siempre y con el paso del tiempo los negocios de toda la vida, aquellos que forman parte del imaginario y del discurrir cotidiano de quienes habitan las ciudades, dejan de serlo para dar paso a nuevos proyectos, que albergan el espíritu de perdurar entre quienes entran por la puerta.

En la última década, algunos de los negocios más característicos de Huesca -La Botería, Casa Iglesias, Pastelería Ortiz y El Oscense- han cerrado sus puertas. La jubilación, las ganas de cerrar una etapa o reformas importantes en los mismos locales están detrás del adiós.

Es entonces cuando surgen las oportunidades para quienes quieren iniciar un negocio. Encontrar el local, rehabilitarlo, darle una nueva personalidad y hacerse con una nueva clientela forma parte del proceso por el que ha tenido que transitar Marisol, propietaria de la panadería y pastelería La Golosa de Huesca, que desde hace casi un año ocupa el local que durante 102 años fue la pastelería Ortiz. O el que tuvo que afrontar Elena Bernad, propietaria de la tienda Chez Marzola, establecimiento dedicado a la venta de productos gourmet de la provincia de Huesca -y también algunos de origen francés-, que lleva cinco años dando vida, y gusto, al espacio que fuera Casa Iglesias, ahí donde se vendían maquinas de escribir y material de oficina, archivadores o almanaques.

Algunos sufrieron esa transformación hace ya una década, como es el caso de La Botería, hoy sin el apellido que le dio renombre y que recuerda una placa. Un negocio familiar, en manos de Pedro Lafuente, que después pasó a su nuera Montserrat Ribera, en el que desde hace algunos años se han sustituido las botas de vino manufacturadas por las copas, los vermuts y una completa oferta gastronómica.

Y otros, como el café bar Oscense han decidido clausurar su actividad, también familiar y con más de 78 años a sus espaldas, hace apenas dos meses, con una pequeña excepción para las fiestas de San Lorenzo. Carlos Pano contaba a este diario como se estaba dedicando a recoger y ordenar los mil y un recuerdos que alberga este establecimiento. Esta semana, las sillas y las mesas se amontonaban en la fachada marmórea, dentro pintaba, tal vez ya la nueva propiedad.

Glorias Golosas

Pan y repostería sin gluten, sin lactosa o tartas personalizadas, “todo a la carta”, a gusto de quien entre en La Golosa, que mantiene algunos de los productos clásicos de sus predecesores, “como las lenguas o las Glorias, que siguen siendo las mismas”, explica Marisol, la propietaria. “Estamos contentos, esperando que venga muchos más clientes”.

Chez Marzola ha rehabilitado y mantenido parte del mobiliario de Casa Iglesias.
Chez Marzola ha rehabilitado y mantenido parte del mobiliario de Casa Iglesias.
Pablo Segura

Artesanía gourmet

Abrir Chez Marzola supuso para Elena Bernad -ingeniera industrial, de familia agrícola y ganadera- reformar un establecimiento en el que quisieron conservar elementos característicos de la antigua Casa Iglesias. “Había un mobiliario antiguo que decidimos restaurar y guardar y que vinculamos a lo que nosotros hacíamos, producto local artesano”.Chez Marzola ha rehabilitado y mantenido parte del mobiliario de Casa Iglesias.

La Botería , el clásico espacio que acoge a los Danzantes el 10 de agosto.
La Botería , el clásico espacio que acoge a los Danzantes el 10 de agosto.
Pablo Segura

De la bota a la copa

El vino, aunque de forma distinta, no ha abandonado La Botería, que lleva varios años ofreciendo un espacio para el vermut, el tapeo, comidas y cenas en el espacio desde el que Pedro Lafuente surtió de botas de piel para vino a Huesca y muchos otros puntos de España durante todo un siglo y más de cinco generaciones.

El Oscense mantiene sus puertas cerradas desde julio.
El Oscense mantiene sus puertas cerradas desde julio.
Pablo Segura

Un bar muy de Huesca

Pese al amago que fue la breve apertura del Oscense durante el último San Lorenzo, este típico bar mantiene su puerta cerrada desde el pasado julio, cuando la familia Pano decidió poner fin a 78 años de vida regentando este negocio histórico, que perdura en la memoria de generaciones de oscenses, y que ya era un bar antes de que los Pano asumieran la gestión.

Etiquetas