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Andrés Pascual: “Buscaba algo que pudiera seguir haciendo cuando fuera abuelito”

Fundador de la Escuela de Tai Chi, se apasionó por este arte marcial a los 40. Con 61 se dedica a enseñarla, aunque sigue trabajando como carpintero

Andrés Pascual lleva en la práctica de esta arte marcial dos décadas.
Andrés Pascual lleva en la práctica de esta arte marcial dos décadas.
D.A.

De casualidad  y tarde. Así llegó Andrés Pascual, fundador y director técnico de la Escuela de Tai Chi de Huesca, a la práctica de esta arte marcial de origen chino; aunque lo de ‘tarde’ -por empezar a aprender a los 40 años- es relativo y lo de ‘de casualidad’, podría matizarse, porque las artes marciales ya le habían cautivado desde pequeño.

“Me gustaban las artes marciales chinas” y como muchas personas en la época, veía la serie Kung fu, con David Carradine, sin embargo, “lo que nunca me ha gustado es pegarme con nadie”, por lo que aunque probó con el taekwondo, en el Gimnasio Moon, no era lo que buscaba. “Porque yo andaba buscando una cosa que me permitiera, cuando fuera más abuelito, poder seguir con ella”, comenta.

Una tarde, al llegar al gimnasio al que acudía de manera habitual, se encontró que estaban montando un tatami. Desde ese día, no ha dejado de hacer tai chi, “todos los días”.

Aprendió acudiendo a clases con un monitor, como quien “aprende una actividad más”, dos días por semana. “Me gustó tanto que seguí practicando todos los días hasta el sábado”. Mientras, se seguía formando.

Practicó y aprendió. El gimnasio cerró esa sala y se puso en contacto con un maestro en Madrid, Diego Cáceres, cinturón negro 7º DAN. Y ahí comenzó a andar un camino del que no tiene previsto desviarse.

“Sentía la necesidad de hubiera un sitio especializado en tai chi”

La necesidad de tener un centro especializado

Antes de abrir la escuela hace ahora 10 años, empezó a impartir clases, alquilando un aula en el pabellón de Pío XII, donde daba clase a las 10 de la noche”; junto a Diego Mínguez, en Osca Taekwondo; pero “sentía la necesidad de que hubiera un sitio especializado en tai chi”, y se embarcó en la aventura de “montar un centro, porque se practica mucho mejor en un sitio acondicionado, con un determinado ambiente”. Un local sin columnas le cautivó, y desde entonces acoge al medio centenar de alumnos que tiene actualmente la escuela.

Además de en la escuela, Pascual va cada fin de semana a Monzón a impartir tai chi al aire libre, y también da clases en la Farmacia Marro. Ahí “no se busca tanto el marcial” sino una práctica más terapéutica, “se prioriza la salud” de las personas que acuden.

Aunque la enseñanza del tai chi y la gestión de la escuela le ocupa gran parte de su tiempo, el trabajo que le “da de comer” es el que ejerce hace 16 años en una carpintería, trabajando “de carpintero”. Antes pasó por una agencia de viajes, como gerente; una empresa de aires acondicionados y una carpintería de aluminio. “He cambiado solo cuatro veces de trabajo. A diferencia del tai chi que no puedes decir ‘me lo sé todo’, llega un momento, en determinados sitios (de trabajo) en que te preguntas ‘¿yo qué hago aquí?, si ya he dado todo lo que tenía que dar”, relata.

Con el tai chi, sin embargo, afirma, “cada vez que aprendes algo se abre un mundo hacia donde continuar, y no paras de aprender, y todo con tu cuerpo”, que Pascual compara con un mecanismo de relojería. “Al abrir un reloj, ves como todos los componentes van sincronizado”; las ruedas, de diferentes tamaños, que hacen que las agujas se muevan, cada una a su velocidad, “y como casque una pieza...” deja de funcionar.

“Para poder desarrollar un movimiento debes escucharte”

La importancia de la escucha

Por eso insiste en la importancia de que escuchemos nuestros cuerpos, algo fundamental para poder practicar el tai chi, pues “para poder desarrollar un movimiento, debes escucharte muy bien, escuchar tu cuerpo, sentirte, y también a tu compañero (o compañera) porque el tai chi también se trabaja en parejas”, recuerda.

Tras la práctica continuada asegura que los beneficios se notan en el cuerpo. “La gente me lo dice en clase; ‘ahora me levanto mejor’, ‘estoy más atento’, ‘no me canso tanto’ o ‘el otro día en la caminata iba la primera’,

“Hacer movimientos lentos no es hacer tai chi”

La respuesta a la pregunta de cómo de asentada está la práctica de este arte marcial le permite aclarar, “hacer movimientos lentos no es hacer tai chi”, porque tiene movimientos lentos pero también rápidos y cambios en los mismos. “Mucha gente hace tai chi, como una especie de gimnasia, pero el arte marcial interno que conlleva el tai chi muy poca gente lo hace en España. Eso requiere un nivel de conocimiento muy grande, estando en contacto constante con alguien superior a ti que te indique el camino a seguir, y en España no se evoluciona hasta estos niveles”.

En estos veinte años ha llegado a ser campeón de tai chi con sable y de mano vacía. Tras una década con las puertas de la escuela abiertas, la mira y ahí ve su plan de jubilación, porque le “preocupa mucho llegar en condiciones” a la vejez, sin tener que pasarse el día en el centro de salud. 

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