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Manuel López Vigo: "El trabajo del actor debe partir de uno"

Lleva afincado en tierras aragonesas desde 2008 y vinculado a Huesca desde 2012 

Manuel López Vigo.
Manuel López Vigo.
S.E.

Manuel López Vigo, actor y bailarín, originario de Cádiz y asentado en tierras aragonesas desde 2008, primero en Zaragoza y desde hace cuatro años en Huesca, dice que llegó al teatro “de casualidad”, aunque reconoce que siempre hubo un “algo”, una inquietud “que te empuja, que te atrae y que te lleva” hacia lo que ya sentía pero aún no sabía identificar.

Afirma contundente cuál es su lucha: “Intentar ser cada día más yo”, por eso cree que sigue “en construcción”. Una máxima -la de ser quien es- que lleva a su mundo personal y al laboral, el de la interpretación, Un trabajo, en este caso el de actor, del que opina que “tiene que partir de uno”.

No se ve reflejado en quien dice que desde niño soñaba con ser actor, pero “siempre” le gustó “el espectáculo, la música y el baile, y cantar, me pirra cantar”. Algo con lo que convivía en su cotidiano familiar, medio payo, medio gitano. Pero sus inquietudes creativas iban más allá. Buscaba satisfacerlas, apuntándose a coros, yendo a clases de piano y de solfeo -incluso a escondidas-, insistiendo a su madre para que le comprara un teclado. “Me gustaba, pero nunca pensaba en ser actor”, por la falta de oportunidades que había en Cádiz de estudiar para ello y porque en ese momento no conseguía imaginarse ahí. “No piensas que es posible, como si fuera algo que hacen una especie de élite”.

Con 16 años, no encontraba alicientes en lo que tenía a su alrededor y siguió la sugerencia de su profesora de francés en el instituto de solicitar una beca para ir a Francia a aprender el idioma durante el verano, “y eso fue clave”. Regresó al año siguiente y cuando empezó la Universidad para estudiar Filología francesa lo tenía muy claro: “Me quería ir fuera”.

Aquella profesora es solo una de las personas que aparecen como catalizadoras de esa casualidad que, tras un largo camino, que le ha llevado a ser quien es hoy, alguien que forma parte de las artes escénicas en Aragón.

Abierto el abanico hacia la interpretación, hacia el baile, las artes escénicas en general, también ha dejado que entrara la producción, “un fango” que no es su pasión pero que en el fondo le gusta, porque es “saber qué es lo que se cuece detrás, cómo se hacen las cosas”, aparecen nombres de “personas clave”, porque “te van marcando ese caminico, que son anclajes, gracias a quienes he logrado meter la cabeza en este sector y en Aragón”: Amparo Nogués, profesora en la Escuela de Teatro de Zaragoza, ciudad a la que llegó a trabar en un hotel en el año de la expo, y Alfonso Palomares explican su vinculación con Huesca que cumple ya 12 años; Ana Continente, su primera profesora de danza, quien le ofreció su primer trabajo “como actor”, pero sobre todo “como bailarín, que es lo que menos me hubiera imaginado”. Santiago Meléndez, “quien me enseñó muchísimas cosas”; Elena Gómez y su Zazurca. Y de todos ellos, solo algunos ejemplos: Don Gil Olmedo es sueño, Mensaje en una botella o Cabaret Shanghai.

Ese abanico que podría representar su trayectoria está pendiente de abrirse para “contar mis propias cosas” para hablarle a la gente “del amor, de las luces y las sombras que todos tenemos, y de las múltiples opciones que tenemos en la vida, aunque a veces no las vemos”.

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