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Javier Sauras: "Es normal y es bueno el dudar, las dudas son muy importantes"

El artista oscense cree que “no es imaginable un mundo sin arte, que el arte es una parte del sueño del ser humano”

Javier Sauras.
Javier Sauras.
S.E.

Vive entre Nueno y Zaragoza y tras casi sesenta años dedicado a la escultura, ahora no tiene ningún proyecto de exposición. “Voy trabajando y dibujo mucho, hago mucho dibujo, mucho boceto;tendría que hacer una exposición retrospectiva, sí, pero por ahora no tengo ninguna previsión de fecha ni nada”.

Así es, en estos momentos, la vida de Javier Sauras Viñuales (Huesca, 1944), quien tras acabar el bachillerato en Huesca fue a Madrid a estudiar Derecho, porque su padre “era abogado y de alguna manera trató siempre de que siguiera sus pasos”. Pero a mitad de la carrera, “lo dejé y me fui a hacer Bellas Artes a Barcelona. Yo desde la adolescencia dibujaba mucho, y al final pesó más eso… La persona que más influyó para que estudiara Bellas Artes fue el escultor Pablo Serrano, que era amigo de la familia política de mi hermano y me orientó mucho”.

Hizo la especialidad de escultura y al acabar estuvo un año dando clase en un instituto de Barcelona y luego se fue de profesor a la Facultad de Bellas Artes del País Vasco, en Bilbao, en los años 70 y 90; también dio clases en la Universidad Complutense de Madrid. En Educación tuvo varios empleos, como catedrático numerario de Bachillerato e inspector; hizo crítica artística en diferentes medios nacionales, y es autor de varios libros. “El más conocido lo editó ediciones Serbal, de Barcelona, hace 18 o 19 años, La escultura y el oficio de escultor, que es un libro que me ha sido muy reconocido y sé que está en bastantes universidades, y muchos estudiantes de Bellas Artes lo tienen”. “Y tengo otro libro que en realidad era mi tesis doctoral que no la presenté, que es un estudio sobre el tatuaje como arte, tuve mucha documentación sobre eso y es muy interesante. El libro está escrito pero no lo he publicado”. Y también “totalmente inédita, la mucha poesía que he escrito”.

Dos referentes tuvo Sauras: “Jorge Oteiza y Pablo Serrano, con los que tuve muy buena relación de amistad. Son dos escultores totalmente diferentes y estéticamente quien me influyó más fue Jorge Oteiza, por el formalismo abstracto”.

Explica que tuvo “una formación académica muy fuerte porque entonces era todo figuración” y siempre ha practicado “arte figurativo”. “También he hecho bastantes retratos en relieve. El más conocido en Huesca es el san Jorge luchando contra el dragón que está en el monumento de la base del pie del cerro de San Jorge, que es una conmemoración del 900 aniversario de la conquista de Huesca”.

Ha trabajado mucho en hormigón armado, en piedra, en hierro, en madera y también en bronce y reconoce que muchas veces el resultado de su trabajo “no se parece mucho al original, a la idea primitiva”. “Cuando acabo una escultura me quedo pensando si tendría que haber hecho algún retoque, pero eso es normal, ocurre mucho eso. Es normal y es bueno el dudar, las dudas son muy importantes”.

Tiene mucha obra en sitios públicos de Huesca: el monumento a Joaquín Costa de la rotonda de Salesianos, un monolito con un retrato de Luis Buñuel en la biblioteca pública, la escultura del jardín de Villahermosa El viejo árbol de Sobrarbe, dos piezas en el pasillo que une el edificio del Ayuntamiento con el antiguo Colegio Mayor de Santiago..., y en otras ciudades españolas y europeas. Y ha participado en decenas de muestras individuales y colectivas en España y en Europa.

Es un firme defensor de la educación, sector en el que ha desempeñado diferentes funciones. “Siempre que he tenido que intervenir públicamente he dicho que no hay democracia si no hay educación: la educación es la clave de que un país funcione y los ciudadanos realmente lo sean, y no sean unos borregos”. Y gracias a que en las últimas décadas “la educación se ha extendido mucho, la gente tiene más conocimiento y hay mucha más gente interesada en el arte”.

No se atreve a opinar sobre el arte de los últimos 20 o 25 años. “Es algo que me ha cogido ya mayor y hay cosas que no las acabo de entender”, pero sí considera que es “muy importante la irrupción del arte virtual”, aunque asegura que allí ya no llega y no se ha atrevido nunca “a hacer pinitos creativos con un método informático”.

Habla en tono categórico cuando se le pregunta si cree que puede haber un mundo sin arte. “No es imaginable un mundo sin arte. El arte es una parte del sueño del ser humano. En las cuevas paleolíticas ya los cazadores sentían la necesidad de dar forma a sus ideas, a sus sueños con formas de animales o de seres espirituales. Yo creo que el arte y la espiritualidad están muy unidas desde el principio de la humanidad. Puede haber mucha gente que no le interesará más que lo material, pero hay mucha gente que siente la necesidad del arte”.

No tiene premios. “No me he presentado nunca a nada, yo he seguido una trayectoria muy independiente”. Es miembro de la Real Academia de San Luis, de Zaragoza; le interesa mucho la historia, “sobre todo el mundo clásico, pero también la Edad Media”, y del actual Alto Aragón lamenta “que siga sin tener salida de ferrocarril a Francia, lo del tren es terrible. Hacen falta más y mejores comunicaciones”. 

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