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Se desvanece la última esperanza de revivir el aeropuerto Huesca-Pirineos

El consejero de Industria anuncia que no habrá aval para la empresa Barbatus Aeronautics

Huesca-Pirineos, con sus carros vacíos y un parquin donde solo se apean los trabajadores.
Huesca-Pirineos, con sus carros vacíos y un parquin donde solo se apean los trabajadores.
Pablo Segura

Era la última esperanza que le quedaba al aeropuerto Huesca-Pirineos para recobrar un mínimo de vida y se ha esfumado también. Finalmente, la escuela de pilotos que promovía Barbatus Aeronautics no llegará. Así lo aseguró esta semana en las Cortes de Aragón el vicepresidente del Gobierno aragonés y consejero de Industria, Arturo Aliaga. Y es que no habrá aval para un proyecto que planteaba crear un centro de formación para futuros pilotos en un aeropuerto que en el último trimestre tan solo ha tenido nueve viajeros.

Las cintas de maletas llevan años paradas. No se levanta cada mañana ninguna de las persianas de los locales abiertos hacia el hall -tal vez no lo hicieron nunca-, no hay taxis a las puertas esperando a los viajeros. Y es que la actividad en el aeropuerto Huesca-Pirineos sigue siendo nula o casi nula. Y la esperanza que abrieron unos emprendedores, que procedían de la anterior escuela de pilotos que hubo en el Aeropuerto Huesca-Pirineos y sumaban unos 60 años de experiencia en el sector, se ha desvanecido.

“El proyecto financieramente y económicamente no ha encontrado el punto para ser viable”, aseguraba Aliaga en su comparecencia en la comisión de Industria de las Cortes a la pregunta del diputado popular Juan Carlos Gracia Suso. Explicó que el proyecto nació con una valoración de 14 millones e incluía residencia de estudiantes, aviones, simuladores...

La escuela de pilotos volvió a hacer soñar a los oscenses. No parecía una quimera. Y es que durante años funcionó una similar en la que, además, los dos impulsores de Barbatus Aeronautics, trabajaron. Airways Aviation llegó a tener 18 empleados y hasta 85 alumnos. La firma ahora opera en Montpellier (Francia), donde trasladó los aviones que quedaban en Huesca y el simulador que había en la capital altoaragonesa, y acoge un buen número de alumnos que llegan desde Oriente Próximo o el Reino Unido, como en su día lo hacía Huesca.

“Imposible”

Pero el estudio de viabilidad de Barbatus Aeronautics financiado desde el Instituto Aragonés de Fomento lo rebajó a los 2,5 millones. “Buscamos socios inversores, imposible; contacto con entidades, imposible también”, relataba. La última cifra para sobrevivir quedó en 500.000 euros pero entre los dos socios, su capital sumaba “3.000 euros”.

Todos estos datos que Aliaga ofrecía en la comparecencia de la Comisión de Industria dejaban claro que el proyecto, que se anunció a principios de este año y que incluso se expuso junto a las instituciones, había quedado atrás. Otro varapalo en la crónica de una muerte anunciada, la de un aeropuerto que costó 40 millones de euros y que, en lo que llevamos de año, suma 298 pasajeros. Huesca-Pirineos está acostumbrado a ser el último del ranking Aena y su cifra, aunque baja, no es la peor de su historia. Ha habido años en los que ni siquiera ha llegado al centenar.

Ni siquiera los últimos viajes de la SD Huesca para sus encuentros fuera de casa han partido de un aeropuerto que lleva agonizando casi desde que abrió y que en el último mes que aparece con datos en Aena su cifra es de 0 viajeros, el pasado septiembre.

Han descendido los pasajeros, pero también las operaciones en casi un 50 % con respecto al año pasado. Si las cifras se comparan con las de hace dos, el porcentaje resulta preocupante, más de un 85 %.

Previsión de alcanzar los 160.000 viajeros al año

El sueño del aeropuerto para Huesca comenzó a gestarse a inicios de este siglo. El cambio de nomenclatura y su declaración como de interés general fueron los primeros pasos de un proyecto con el que soñó el exsenador Rodolfo Aínsa y en el que se invirtieron 40 millones de euros. Las previsiones que barajaban, lo merecían. Y es que según los cálculos que tenían, pasarían por él unos 160.000 pasajeros al año y habría un gran impacto económico y social.

Pero los sueños pronto se desvanecieron. La realidad dio su primer batacazo al poco de abrir sus puertas Huesca-Pirineos. El primer año sumó 1.386 pasajeros. La compañía Pyrenair, con sus vuelos a la nieve desde Madrid y Londres intentó dar vida a un aeropuerto que yacía en medio de un desierto. Pero la aventura duró poco. Eso sí, marcó un hito, el de los 6.200 pasajeros que se contabilizaron en 2009. Una cifra que sigue siendo el récord para un aeródromo que soñó con ser aeropuerto.

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