Huesca

PERSONAS SIN HOGAR

Vivir en la calle, un círculo vicioso al que “cualquiera puede llegar”

El número de personas en exclusión de vivienda se ha disparado en las últimas décadas

Dos personas sin hogar usuarias del centro.
Dos personas sin hogar usuarias del centro.
S. E.

Vivir en la calle es un círculo vicioso en el que cualquiera pueda caer, afirma Jaime Esparrach, secretario general de Cáritas Huesca, quien advierte que el número de personas excluidos de la vivienda -entre los que están los sin techo pero también otros como quienes viven en viviendas sin seguridad legal, chabolas o en las que hay violencia por parte de la familia o pareja pero no se puede abandonar...- está incrementándose por “el deterioro importante de la situación de la vivienda en Aragón y España”. Los recientes datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre personas sin hogar reflejan que la cifra en Aragón se ha disparado en las últimas décadas, sobre todo tras la crisis de 2008. En 2005 (las estadísticas no son anuales) había 430 y este año son 1.120, un 160 por ciento más. El mayor incremento se dio entre 2005 y 2012.

Esparrach explica que la causa general de este incremento de la exclusión de la vivienda se debe al deterioro en la situación de la vivienda con la ausencia de una “buena” política de vivienda y el encarecimiento “radical y salvaje” de los precios, tanto de los alquileres como de las hipotecas. Y ello dentro de un contexto más amplio de “dos crisis económicas (la iniciada en 2008 y la actual) que “han golpeado muy radicalmente la economía, la vivienda, los salarios...”.

La vivienda es un problema cada vez más grande para los ciudadanos y Esparrach lo evidencia así: “Hace 20 años el mayor riesgo de exclusión era el paro, pero en los últimos años es la falta de vivienda, por ejemplo, tener un empleo precario” que “no permite el acceso a vivienda”.

La suma de estos dos hechos -empleos cada vez más inestables y peor pagados más unos alquileres e hipotecas cada vez más caras- han hecho que haya crecido “el número de personas en exclusión de vivienda”. Esparrach se basa en la tipología Ethos, la que usa la UE, para hablar de exclusión de vivienda. Ethos no solo recoge a los sin techo, sino también a personas en hostales para vagabundos, en viviendas no apropiadas según las leyes, en infraviviendas como chabolas o con una vivienda sin seguridad jurídica, o a quienes viven en una vivienda sin título legal -se excluyen los okupas-, como en casas de familiares o amigos al no tener vivienda o en un piso sobre el que pesa una orden de desahucio.

La salud mental, “huevo o gallina” del problema

Centrándose en las condiciones personales que llevan a estas situaciones, Esparrach hace especial énfasis en la salud mental. “Un porcentaje muy grande (de las personas en exclusión de vivienda) está vinculado a la salud mental, especialmente las depresiones”, asegura. El secretario general de Cáritas lanza una advertencia para quienes lo ven como algo imposible: “A cualquiera le puede pasar”. “Muchos acaban (excluidos de la vivienda) por un muy mal momento en su vida, una relación que se rompió o un trabajo en una situación muy tensa”.

Y es que “una parte de nosotros está engarzada con alfileres y no sabemos cómo nos puede afectar un fallecimiento cercano, un despido traumático, una adicción que crece...”. Y “si vas quitando las redes de protección -tanto públicas como privadas o familiares-, cualquiera puede caer”. Pero es que además estas redes de protección “también tienen agujeros por los que la gente cae”.

Una vez se ha caído es donde los problemas de salud mental surgen o se agravan. Y aunque Esparrach no tenga claro sin causa o consecuencias -¿qué fue antes?, ¿el huevo o la gallina?-, “sí existe la evidencia de que la calle y los albergues deterioran la salud mental”, sobre todo agravando las depresiones. Y a partir de allí todo va en cadena porque en este círculo vicioso “no se puede salir de una cosa (la exclusión de la vivienda) sin superar la otra”, los problemas de salud mental, haciendo “imposible romper la cadena”.

Según la experiencia de Cáritas Huesca, cuando se les da una vivienda o un alojamiento, “el resto se puede ir abordando”. Es “la única manera de salir” porque incluso aspectos tan básicos como la propia salud se dificultan al máximo. “No puedes pensar en un tratamiento médico mientras sigas yendo de albergue en albergue. Es imposible”, ejemplifica Esparrach, quien insiste en que “la vivienda es lo primero”. “Si se asegura, se puede tratar todo”.

También las estadísticas del INE van en este sentido, ya que el 80 por ciento de los sin techo afirma que lo que necesitan para salir de esta situación es “una vivienda o habitación”: La otra opción más respondida es un trabajo, con un 76 por ciento. Muy atrás quedan las ayudas económicas, apenas un 38 por ciento.

El componente generacional de la pobreza

Es una evidencia que Esparrach comparte: “La pobreza, en general, tiene un componente generacional”. De familias pobres, niños pobres que de adultos seguirán siendo pobres o, en palabras de Esparrach, la pobreza “hace que los hijos tengan más posibilidades de vivir situaciones complicadas” en cuanto a economía. Los recientes datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre personas sin hogar también lo atestiguan. Un 44 por ciento de los vagabundos españoles vivió de niño o adolescente en una casa con falta de dinero.

Es la situación más habitual entre todas las que recoge el INE, entre las que también destacan el fallecimiento de un padre, 36 %, o el paro de larga duración de algún progenitor, 27 %. En esas situaciones llegaron los ahora sin techo a su mayoría de edad. “Si la primera red de protección, la familiar, ya está rota, es más fácil caer”, resume Esparrach

Más hombres y más solos

Casi cuatro de cada cinco sin techo son hombres, que también sufren mucho más la soledad. Según el INE, el 61 por ciento de las personas sin hogar pasa la mayoría del día solo, siendo mucho más numerosos los hombres (65 por ciento) que las mujeres (47 por ciento). Cabe destacar que más de la mitad de las personas sin hogar no tiene contacto con su padre nunca (57 por ciento). El porcentaje que no tiene relación con su madre baja hasta el 42 por ciento. El secretario general de Cáritas, Jaime Esparrach, señala que “siempre” ha habido más hombres sin techo que mujeres y lo atribuye a que las mujeres “buscan elementos de seguridad de manera más fácil. Los hombres caen con mayor peso”. Otro tanto ocurre con la soledad, ya que las mujeres “suelen buscar apoyo en otra gente”, mientras que a los hombres les cuesta más dar el paso y son más individualistas.

El nivel de exposición en la calle es enorme”

Robos, insultos o vejaciones son la triste realidad para muchos de los sin techo. Jaime Esparrach, secretario general de Cáritas Huesca, considera que lo “más preocupante” son los insultos y vejaciones, por encima de los robos, y añade que “el nivel general de agresividad (de la sociedad hacia ellos) es enorme”. “Se les ve como un problema social pero, a la vez, como una carga y algún energúmeno acaba abusando de ellos. Es fundamental entender que ante todo son personas”, sostiene Esparrach.

Las personas sin hogar sufren muchos robos, insultos y tratos vejatorios, pero “muchas veces no reclaman o denuncian porque se sienten totalmente al margen” de la sociedad. La mitad de ellos ha sido víctima de un delito o agresión, según el INE, pero solo el 36 por ciento de quienes lo han sufrido lo ha denunciado. La razón mayoritaria para no denunciar, en casi la mitad de los casos, es que “no sirve para nada”. Cabe resaltar que otro 12 por ciento no lo ha hecho por miedo a represalias -“si duermen habitualmente en un sitio, es posible que le prendan fuego otra noche”, indica Esparrach- y otro 9 por ciento por su situación administrativa irregular.

En opinión de Esparrach, “están tan fuera del sistema, se sienten, y otros les han hecho sentir, tan fuera, que se acaban aislando”. “Ellos saben que no cuentan para la sociedad y -agrega en un sentido más general- eso redunda en su malestar físico y social, en su participación, en acudir a la justicia, etcétera...”

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