Huesca

EFICIENCIA ENERGÉTICA

El auge del aislamiento de las viviendas para ahorrar energía

La crisis climática y la energética llevan a rehabilitar en busca de mayor eficiencia mientras las ayudas europeas hacen que el panorama sea inédito 

Santiago Pujol Keller es el responsable de la Oficina de Apoyo a la Rehabilitación en Huesca.
Santiago Pujol Keller es el responsable de la Oficina de Apoyo a la Rehabilitación en Huesca.
D. A.

El incremento en los precios del gas y la luz está llevando a la ciudadanía de a pie a buscar soluciones para ahorrar en el gasto energético. Además de actuar en la sustitución de los sistemas de calefacción para reducir el consumo, se puede intentar reducir la demanda de energía por parte del edificio o vivienda y que sea más eficiente. Según esté aislado, el inmueble tendrá una demanda de energía “para mantenerse en condiciones de confort”, explica Santiago Pujol Keller, arquitecto y responsable de la Oficina de Apoyo a la Rehabilitación de Huesca del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón. 

Un edificio mal aislado necesitará pues más energía para lograr esa temperatura idónea. Actuando en el edificio a nivel de envolvente -la parte que separa lo que está calefactado de lo que no, que puede coincidir con fachada, cubierta y contacto con el terreno-, “haciéndolo más hermético”, se puede lograr que “el edificio conserve mejor la temperatura”. 

Este tipo de actuaciones están en auge: “Hasta ahora, cuando se hablaba de rehabilitación normalmente era para acondicionar un piso a nuevas necesidades o, en todo caso, cuando había un problema serio, de tipo estructural”, explica Pujol. ¿Las razones? La situación derivada de la crisis climática en la que se busca la eficiencia que aminore el consumo, la crisis energética ligada a la invasión de Ucrania por Rusia y, más “específicamente”, la situación del actual parque de viviendas. “Antes de 1980 no se exigía ningún tipo de aislamiento térmico a las viviendas, y en este momento, a nivel estatal, un 50 % de los inmuebles son de esa época”. 

La coyuntura incluye un cuarto factor, la aparición de una serie de ayudas europeas, lo que constituye, a juicio de Pujol, “un panorama realmente inédito y amplio” en subvenciones relacionadas con la mejora de la eficiencia energética en vivienda. Trasdosar e inyectar frente a aislar desde el exterior Según la tipología de inmueble que se quiera aislar -ya sea un piso, un edificio plurifamiliar o una vivienda unifamiliar, las actuaciones serán diferentes. Si se trata de un piso particular en un bloque de viviendas, el aislamiento de las fachadas se hará desde el interior, “trasdosar; aumentar este ambiente térmico aplacando desde el interior un material aislante” o inyectando materiales aislantes en las cámaras existentes, algo rápido y económico, pero que requiere “ver cómo es constructivamente el piso y si es posible o no”. 

Si el inmueble es un edificio o una vivienda unifamiliar, sí puede aplicarse un sistema aislante térmico desde el exterior, según Pujol el más eficiente y lo deseable, al evitar “puentes térmicos”, lugares por donde se va el calor. Ahí las posibilidades son diversas. Con el aislamiento desde el exterior, explica Pujol, “no estás limitado en el grosor de aislamiento -lo que si pasa con el inyectado- y podemos poner fácilmente 8, 10 o 12 cm de aislamiento. Las casas hasta 2006 a duras penas tenían 3 cm de aislamiento”.

Además, hay algunos sistemas, como la fachada ventilada, que dan respuesta a cuestiones estéticas más amplias. Los costes irán en función de la cantidad de metros cuadrados en los que intervenir y del sistema escogido, y aunque es difícil calcular cuándo se amortiza la inversión, Pujol insiste en que siempre habrá un ahorro. 

Eso sí, advierte, el grado de aislamiento no es directamente proporcional al grosor del aislante, es decir, “si pasas de 3 centímetros a 6, puede que aísles el doble, pero a partir de 10 o 12 centímetros, lo que ganas no es el doble”. Para una intervención de estas características, Pujol recomienda recurrir al asesoramiento de un arquitecto, que va a poder asesorar y definir qué actuaciones son mejores y que “va a poder valorar y parametrizar, a través de los certificados de eficiencia energética, un documento que refleja el estado de un edificio a nivel energético, el estado inicial y el grado de mejora en eficiencia que se puede conseguir”, algo que será necesario de cara a solicitar las ayudas dirigidas a la rehabilitación residencial y vivienda social, del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. 

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