Huesca

PATRIMONIO

El Casino, un espacio público abierto a toda la ciudadanía

El Casino llega a sus segundos años veinte tratando de recuperar el espíritu de ateneo cultural que tuvo

ES FÁCIL transportarse a principios del siglo XX cuando se cruza la puerta del Círculo Oscense. Subiendo por la escalinata exterior, flanqueada por dos hermosas terrazas, ya se adivina parte de lo que guarda este edificio de estilo modernista, empezando por la puerta principal de madera de nogal, realizada en 1905 por el maestro ebanista oscense Francisco Arnal, en la que dragones y hojas de cardo dan la bienvenida, y paso, a quienes lo visitan.

El edificio del Casino de Huesca quizás sea el espacio municipal con mayor carga simbólica e histórica de todos los que hay en la capital. Sin embargo, un imaginario alimentado por el recuerdo de sus anteriores vidas, especialmente la que tuvo como club privado, ha construido un muro mental que frena a muchas personas de entrar libremente al edificio y hacer uso de los salones de su interior.

“Es un espacio de todos los ciudadanos de Huesca. Todo el edificio está abierto y a disposición de la ciudadanía, y ese es un aspecto que nos parecía que no había calado lo suficiente”, explica Cristina de la Hera, presidenta del Consejo Sectorial del Círculo Oscense y concejala de Tecnología y Administración Electrónica.

De la Hera no tiene dudas sobre las posibilidades que hay de que el Casino recupere “ese espíritu de ateneo cultural que siempre tuvo”. Algo que se está buscando a través de una programación ajustada al propósito, con conciertos y ciclos musicales, charlas, presentaciones de libros y eventos de distinta índole organizados por el Ayuntamiento y también por asociaciones o empresas que alquilen sus espacios, mediante el pago de una tasa municipal.

Una media de 140 eventos al año (cifras de 2019), un ritmo que se ha empezado a recuperar, terminando 2022 con casi 80 celebrados, desde que en abril se volviera a hacer uso de las instalaciones tras el cierre obligado por la pandemia, y por los que han pasado 3.270 personas, adicionales a las 15.000 visitas que ha recibido el edificio.

Pero también aspira a que el casino, además de tener sus puertas abiertas, “sea recorrido por un constante flujo, no solo de actividad, sino también de gente”. Algo que empieza a suceder con la reapertura, tras casi tres años, del servicio de cafetería en el ambigú que quien visita el edificio se encuentra al ascender por la escalera principal, ocupando el espacio central entre el salón Rojo y el Azul.

Muchas vidas vividas durante más de un siglo

Con más de un siglo de historia sobre sus cimientos (el cuerpo central fue construido entre 1901 y 1904, aunque no fue hasta 1911 que se terminó la construcción del complejo tal como es actualmente), nació para ser sede de un partido político, albergar el club recreativo Sociedad del Círculo Oscense y también con el propósito de convertirse en casa de cultura. Un origen que da sentido al diseño de su interior en los que se combinan salones, salas más pequeñas, despachos y una biblioteca.

Lo que ahí ha acontecido desde entonces ha transitado en paralelo al devenir político y social, especialmente en la primera mitad del siglo pasado.

No resulta difícil imaginarse en uno de los bailes o fiestas de carnaval que se celebraron en varias épocas. La ruleta, el billar y las mesas con tapete transportan a ese pasado de los juegos de azar y a su funcionamiento de casino. Acogió, como lo sigue haciendo ahora, exposiciones, conferencias, recitales o partidas y torneos de ajedrez, al ser sede del Club Jaque de Ajedrez.

Pero también se celebraron cursos de idiomas, veladas literarias, partidos de tenis en las huertas que rodeaban el edificio en sus inicios o la práctica del esgrima. En la República fue Casa de la Cultura; durante la Guerra Civil, hospital militar; a partir de 1951, pasó al Ayuntamiento y se recuperó como lugar de fiestas y reuniones, albergando la primera sala de televisión o la biblioteca estatal.

Hoy, alberga en la planta superior la sede de la Fundación del Festival de Cine de Huesca y en las plantas bajas se encuentran dos espacios de restauración, aunque ha habido más inquilinos, como la Peña Zoiti o la Escuela de Folclore y Música de Huesca, entre otros.

Bien conocido por una parte de la población oscense de más edad, que acuden con asiduidad a socializar, a leer el periódico o a jugar al guiñote o al dominó, se está buscando “ampliar públicos”, explica De la Hera, y que la gente joven también conozca y use este espacio público.

Para ello, el Ayuntamiento prevé un ciclo de música “hecha por jóvenes”, pensado especialmente para ellos, del que se darán más detalles en los próximos días. Con el mismo propósito se han empezado a organizar visitas escolares.

De esta forma se puede imaginar una mayor convivencia intergeneracional, de lo que “un ejemplo muy claro” es el intercambio que se da en el club de ajedrez, “donde vienen gente mayor y gente muy joven. La cuestión es que haya una actividad que lo permita. Quizás el billar, que aunque lo practica gente más mayor, se puede aprender”.

Caminar hacia la eficiencia en un entorno digital

El paso del tiempo acusa y un edificio de las características del Casino, centenario y catalogado como Bien de Interés Cultural, precisa de un mantenimiento en el que anualmente se gasta entorno a 70.000 euros entre inversiones y equipamiento. Una cifra que no es cerrada pues “hay muchas otras cuestiones que hacemos con fondos propios”, contando el área con un presupuesto anual de 250.000 euros.

Garantizar que el edificio se encuentre en unas buenas condiciones físicas y estéticas “requiere un esfuerzo”, afirma de la Hera. El edificio está a la espera de un proyecto Next Generation, que si se resuelve positivamente permitirá una “intervención mucho más global y ambiciosa” para una rehabilitación integral, cuyo principal objetivo es hacerlo más eficiente energéticamente, con producción de energía renovable mediante placas fotovoltaicas, pero también mejorando los aislamientos del edificio en cubiertas y fachadas, u otras intervenciones que tienen que ver con la accesibilidad o con aspectos de tipo estético, como la reparación de algunos aspectos de la fachada estética o de pintura.

El Casino de Huesca camina por sus segundos años veinte, presentándose también a través de una audioguía accesible con el teléfono móvil, con la que las personas que lo visiten pueden adentrarse en sus principales rincones conociendo la historia del edificio y de sus salas más representativas.

Recorrer cada uno de sus rincones, además de ejercer el uso y disfrute de un espacio público, es darle la oportunidad a la imaginación de fantasear con otras épocas y otras gentes, incluso de proyectar qué más podría suceder en el futuro.

El paseo es además un estímulo visual, por las pinturas de Pascual Aventín que reciben en el vestíbulo; o las flores y palmetas, pintadas, talladas o esculpidas que están por todo el edificio; por la luz que atraviesa las vidrieras, que iluminan el espejo tras el busto de Manuel Camo Nogués y todo el espacio del bar, o al observar los objetos que amueblan cada estancia: pianos, hay dos, uno de ellos de cola, afinado y en funcionamiento; la ruleta originaria de la época en que era casino; un marcador más que analógico para las partidas de billar, obras pictóricas, como el lienzo Ansotanos, de Lafuente; pronto, una pianola, a través de una donación que está gestándose. 

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