Huesca

SOLIDARIDAD

Luzia Ripoll: “Una vez al año, llega un salvador y les da un rayo de esperanza”

Miembro del equipo de ópticos y oftalmólogos de Ilumináfrica, realizó su primera expedición a Chad para operar a más de 20 personas al día

Luzia Ripoll, óptico, examina a uno de los pacientes.
Luzia Ripoll, óptico, examina a uno de los pacientes.
S.E.

En su primera aventura, las cosas no iban a salir como ella deseaba. La optometrista oscense Luzia Ripoll volaba por primera vez al Chad, quinto país más pobre del mundo, con el 80 % de la población por debajo del umbral de pobreza, según Naciones Unidas.

Junto al equipo de oftalmólogos y optometristas de la ONG Ilumináfrica, pusieron rumbo al país africano el 8 de noviembre. El objetivo: atender a cientos de personas en el Hospital de la región de Dono Manga para quienes la vista es casi la vida.

“Cuando aterrizas allí, te das cuenta que nada funciona como debería”, cuenta la optometrista, que vio cómo el personal del aeropuerto se llevaba su pasaporte sin previo aviso para realizar su visado. Poco tiempo después, le comunicaron que Turkish Airlines había perdido sus maletas con todo el instrumental quirúrgico para operar. En un pequeño cuarto iluminado por una bombilla realizaron la reclamación para poder recuperar las maletas, que llegarían al cabo de cuatro días.

Comunidad de Dono Manga agradece la visita del equipo de oftalmólogos y ópticos llegados desde la provincia de Huesca.
Comunidad de Dono Manga agradece la visita del equipo de oftalmólogos y ópticos llegados desde la provincia de Huesca.
S.E.

Entonces les vieron aparecer en el hospital Saint Michel con las manos vacías. “Había cientos de personas esperando para pasar consulta”, explica el optometrista Enrique Ripoll, que formaba parte de la expedición.

Aún había un hueco para la esperanza. Rafael Sirvent, óptico alicantino voluntario de Ilumináfrica, había subido al avión una maleta de cabina con material para realizar las primeras exploraciones. “Muchas personas tuvieron que regresar a casa, con la inversión y el riesgo que para ellos conlleva”, lamenta el optometrista oscense que, con más de una docena de expediciones a África a sus espaldas, vio peligrar la misión en aquellos momentos.

Tras ellos, un segundo grupo de oftalmólogos procedente de España tomó su vuelo el 13 de noviembre. Fueron avisados de poner sus maletas con preferencias y prioridad absoluta. Removieron Roma con Santiago. De nada sirvió, la compañía también perdió sus maletas.

“En África no puedes mirar para otro lado, una vez al año, llega un salvador y les da un rayo de esperanza”, manifiesta Ripoll. Así que con ayuda del instrumental de la óptica de Dono Manga pudieron “capear el temporal”, dijo acerca de sus primeros días.

Probabilidades de salir adelante

Por lo general, el perfil más necesitado cuando llegan los ópticos es el de una persona mayor con una catarata tan madura que puede verse a simple vista. Los jóvenes a partir de los 30 ya empiezan a desarrollar vista cansada, y existen muchos casos de glaucoma, una enfermedad relacionada con la tensión ocular.

“Una persona sin visión, allí tiene pocas probabilidades de salir adelante. Conviven con trabajos muy físicos y ver es indispensable. Si a ello le sumas ser mujer con problemas de visión, inmediatamente es apartada como si fuese un lastre”, sostiene Luzia Ripoll, recordando el caso de una joven chadiana de dos años con glaucoma congénito avanzado. “No puede ir a la escuela, no puede trabajar... Seguramente la apartarán, la vida allí a veces se plantea de manera muy simple”, lamenta la oscense.

Con ayuda de las monjas de la Iglesia Católica, día tras día, fueron alrededor de 120 operaciones y cientos de consultas. En pie desde las 06:00 de la mañana y sin descanso hasta que se fuese la luz. “No había tiempo de parar”, remarca Luzia. “En las condiciones de estos quirófanos, no se puede hacer más”, le correspondió su padre.

Algo se mueve en la capital

Tras más de 15 años emprendiendo viajes a África, Enrique Ripoll empieza a ver “brotes verdes” en Chad. “Algo se mueve en la capital”, sostiene. Ve infraestructuras y edificaciones donde antes no había nada, pero resalta que el mal endémico de esta región son las comunicaciones.

“Cuando te adentras en el país, no hay carreteras, hay pistas, y muchas de ellas llenas de socavones. Para hacer 60 kilómetros tardas tres horas. Este año se han inundado, complicando los accesos y las conexiones para todo”, apuntó el optometrista.

De su primera experiencia en Chad, Luzia saca una lectura positiva que cree que debe madurar con el tiempo. “La mezcla de culturas, la religión o el idioma, al principio son barreras que hay que romper. Son gente humilde, seria y poco expresiva, pero a su manera, te dan las gracias por toda la ayuda”, concluye Luzia Ripoll. 

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