Huesca

CENTENARIO

Antonio Lles: "He tenido una vida buena y me siento un privilegiado"

Llega a los 100 años con una memoria que recupera con detalle pasajes vitales de su infancia, junto a la familia creada y de su tiempo en el taller

La familia Lles se reunió este sábado para celebrar los 100 años de Antonio.
La familia Lles se reunió este sábado para celebrar los 100 años de Antonio.
Blanca Lles

Antonio Lles cumple este martes 100 años habiendo celebrado, ya este sábado, junto a hijos, nietas, biznietos, hermanas y sobrinos, una fiesta con motivo de su aniversario “bastante más nutrida” de lo que esperaba y que será, como afirma su hijo Luis, “un día para el recuerdo”. “Pensaba que iba a venir solo mi descendencia directa, que ya somos 20, pero se han agregado los primos hermanos, que también somos una cuadrilla, porque éramos ocho hermanos, y todos con familia”.

Llega también con una memoria que recupera, con precisión y detalle pasajes de una vida que califica como “buena”.

Haciendo repaso, regresa a Cuarte, donde nació y se crió, siendo el segundo de todos los hermanos, cuatro chicos y cuatro chicas. Vuelve a cuando comenzó a entusiasmarle “todo lo que tuviera que ver con los motores, tractores, coches, las motos, todo eso me entusiasmaba”, incluida la aviación, y recuerda como de crío salía corriendo al oír un ruido de avión para verlo, pues entonces no era algo tan habitual. O cuando empezó el vuelo sin motor, yendo “con una cuadrilla de críos desde Cuarte al Saso de Loreto, que era donde hacían las pruebas, a tirar de las gomas que los lanzaban. Que nos ilusionaba eso...”.

Antonio Lles, en un momento de la celebración.
Antonio Lles, en un momento de la celebración.
Blanca Lles

Tanto se apasionó por los motores que, tras aprender el oficio en los Talleres Iglesias de Zaragoza, tiempo durante el cual residió en casa de unos tíos por parte materna, ejercería como “mecánico electricista especializado en el automóvil”, inaugurando tres talleres propios -en la calle San Lorenzo, 84, el primero, “una cosa muy pequeña”; en la calle Cabestany 6, el segundo, un local legendario “al lado de la casa de Los Platos”; y en la calle la Encarnación, el tercero, en la nave donde se ubican hoy los Talleres Escuer, cuyo fundador, apunta, “aprendió la profesión conmigo”.

Se siente “un privilegiado” por esa buena vida, por la familia creada junto a su esposa, Araceli, ya fallecida, con quien crió a dos hijas y dos hijos, Toño, Merche, Luis y Cristina, y a la que con el tiempo se han sumado cinco nietos y tres biznietos. Una vida en la que ha disfrutado en el trabajo, en donde forjó buenas amistades con una clientela, “estupenda”, y fuera de él, en los veranos en el “paraíso” que era Cuarte, en la fiesta de septiembre... Y aunque el trabajo lo tuvo “sujeto” algunos años, acostumbró a la familia a salir “todos juntos” a excursiones a la montaña, como a Sandiniés, o de vacaciones en la playa, a menudo con tíos y primos.

A día de hoy, dice que sale poco, “porque se me cansan las piernas, pero salgo y me doy algún paseo que otro”. Casi todos los domingos por la tarde se reúnen “un rato hasta la hora de cenar” con sus tres hermanas en casa de la más pequeña, también con un cuñado y una cuñada de su hermana, para jugar al rabino y para disfrutar de la compañía mutua y de la alegría de “estar juntos”. 

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