Huesca

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Javier Zaragoza: “Sin educación no hay nada, es el pilar básico del desarrollo de todo tipo”

Javier Zaragoza.
Javier Zaragoza.
Laura Ayerbe

Javier Zaragoza Casterad (Huesca, 1963) es conocido para muchos por entrenar al Peñas (segundo entrenador y primero en la 95/96, cuando se ganó al Andorra en el playoff) en la era dorada del equipo. Para otros muchos, su relevancia le viene por ser decano de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación. Fue poco después de la desaparición del Peñas a mediados de los 90 cuando reorientó su carrera. Tras un año entrenando al Melilla, se hizo profesor de la Universidad y ahora, siendo también catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, es el decano de Magisterio.

¿Qué supuso la época dorada del Peñas para la provincia?, ¿cuál era la magia de ese equipo?
—Han pasado ya muchos años y fue un impacto publicitario para la provincia que quedó demostrado. La Magia fue un referente para campañas que posteriormente se hicieron en otros lugares. Una anécdota: yendo a Madrid, años después, paré a tomar un café y todavía había carteles del equipo. No solo fue un impacto para la provincia, sino más allá. Para la provincia también fue un sentimiento de unidad hacia un proyecto que en aquel momento no se conocía, sobre todo por el sentimiento y la naturalidad de la gente de la provincia que lideraba el proyecto más un evidente apoyo institucional y, sobre todo, con un refrendo popular que no ha habido posteriormente.

¿Qué representó para ti?
—Fue una escuela de vida. Cuando he estado en otras organizaciones, deportivas y de otro tipo, he llevado una de las cosas más importantes: la cultura de la organización y sus valores. El Peñas tenía una cultura y funcionaba porque la llevaba a su máxima expresión, con un nivel de implicación total para sacarlo adelante. Capacidad de liderazgo de las personas, trabajo compartido, siempre recordaré que no había directivos, entrenador.., era un trabajo colaborativo. Me generó una impronta de creer en algo. En cuanto al equipo, mucha gente nos preguntaba cómo era posible que una ciudad tan pequeño pudiera hacer sostenible un proyecto así frente a otras provincias con mayor poder adquisitivo o población. Fue una comunión entre diferentes esferas, política, social..., porque la gente creía en algo. Todos nos dimos la mano para llevar a cabo un proyecto que nos identificaba.

¿Y cuál es la magia de la provincia?
—Tiene diferentes dimensiones. Está la gente y su capacidad de resiliencia, y está el entorno. Ambas hacen de nuestra provincia un lugar donde la gente quiere vivir y disfrutar. Solo falta una cuestión: tener proyectos comunes, independientemente de quien gobierne. En una provincia tan pequeña no nos podemos permitir que cada uno vayamos por caminos diferentes. Si somos capaces de aunar esfuerzos, podríamos crecer hacia fuera y hacia dentro, para sentirnos todos satisfechos con lo nuestro. Echo de menos una capacidad de unión para proyectos de interés general para todos y no dar palos de ciego.

Como decano de Magisterio, ¿qué papel tiene la educación en este camino?
—Es un pilar básico para la persona y para la comunidad. Es lo que realmente puede favorecer la construcción de una sociedad más equitativa, saludable e inclusiva. La educación es básica para el desarrollo individual y colectivo. Tenemos que seguir reforzando y exigiendo que quien use fondos públicos para esa formación, lo haga correctamente. La educación es un pilar básico del desarrollo social, económico y cultural. Sin educación no hay nada.

¿Tus rincones, momentos y productos preferidos de la provincia?
—Reconozco que no soy un gran experto en la provincia, no soy de los que cogen el coche todos los fines de semana, pero siempre me han gustado el valle de Ordesa, Aínsa y el cañón de Añisclo. Los tres me causaron un gran impacto cuando los conocí y siguen haciéndolo. Sobre tradiciones y fiestas, no soy muy de fiestas. Cada vez huyo más de las aglomeraciones. Disfruto de las fiestas con tranquilidad y en familia. Y de los productos, soy un enamorado de la cocina de la provincia, que es espectacular. Me costaría decir algo que no me guste, porque me gusta absolutamente todo. Los postres son espectaculares, pero también la verdura, el cordero... Todo. Somos unos privilegiados y los amigos de fuera se vuelven locos al venir. Es un activo que tenemos y que se está explotando.