Opinión

Bella historia

Por
  • LUIS GARCÍA NÚÑEZ
OPINIÓNACTUALIZADA 02/01/2019 A LAS 01:00

Esta es la historia veraz como la vida misma, que me fue narrada por el protagonista persona, porque hay otro ser que pertenece al mundo animal, en el buen sentido de la palabra, no menos protagonista, pues perfectamente, por su comportamiento, podría estar en la reencarnación de un humano.

El hecho tiene lugar en Huesca capital, en seno de una familia sencilla y por supuesto amiga de las mascotas.

Una feliz noche –por el resultado final, no con pocos vericuetos hospitalarios- tiene lugar, como digo, esta historia y a la que quiero y merece ser referenciada.

Era prácticamente la hora de irse a dormir y, por eso, el cabeza de familia -un buen amigo- le dice a su esposa y a su hija que está cansado de la televisión y que se va a la cama. Pero hete aquí que su gato le sigue los pasos y lo acompaña hasta el dormitorio. ¡De pronto, el hombre cae desvanecido y queda tumbado en el suelo! (luego se supo que había sido un infarto).

¿Qué pasó a continuación El gato, fiel amigo de su dueño, deshizo el camino con rapidez, presentándose ante la esposa y la hija y, con unos gruñidos extraños, no propios de un gato, les alerta de lo que había pasado en el dormitorio, al tiempo que retornaba hacia la habitación y, al comprobar que las mujeres no le hacían caso, retornó hacia ellas insistentemente con aullidos estremecedores y retornando de nuevo al cuarto donde, tendido, se encontraba su amigo el humano. Al final acudieron las mujeres al dormitorio, comprobando que el hombre se encontraba tirado en el suelo.

¡Rápidamente llamada a 112 y al 061!, desde donde les fueron dando instrucciones de cómo tenían que actuar con el paciente mientras ellos llegaban.

Con celeridad, conducido a urgencias del hospital "San Jorge" de Huesca, donde, tras las primeras intervenciones médicas y la repetición de nuevos infartos, se recomendaba trasladar al paciente al hospital "Miguel Servet" de Zaragoza, donde permanecería a lo largo de un mes.

Aparte de la buena actuación de los centros hospitalarios indicados, está claro que fue el gato el que con su comportamiento salvó la vida a su dueño. Creo que merecía la pena contar esta bella historia, que nos invita a tener en cuenta que nuestras mascotas son seres vivos a los que debemos toda suerte de cariño, pues ellas, desde su mundo, son nuestros amigos fieles. Ni que decir tiene que el gato, mientras la ausencia de su dueño, dormía todo el tiempo sobre sus zapatillas y, pasado el tiempo y cuando el paciente se incorporaba al seno de su familia, el animal no paraba de olerlo, tal vez para cerciorarse de que todo había pasado.

Sin duda, una bella historia de una mascota.

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