Opinión

Responder a las inquietudes con certezas

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 02/01/2019 A LAS 01:00

Hemos entrado en un año 2019 que da un cierto vértigo, especialmente por los temores o las esperanzas -el prisma es libre- que nos ha dejado 2018, un ejercicio convulso, difícil, de los que no dejan indiferentes por más que para unos haya dejado penas y para otros glorias.

No quedan, para el recién alumbrado, certidumbres. Quizás es lo que imponen los tiempos, la modernidad líquida que definiera Zygmunt Bauman, la manifestación de que en este preciso instante todo puede ser distinto a lo de hace un momento y que la única convicción sólida es que todo es susceptible de variar cuando menos se espera. Nos vienen meses en los que España, Aragón y Huesca van a perfilar su futuro, con la seguridad en todo caso de que el porvenir también se determina en Bruselas o en el mapa mundial de las interacciones, porque no hay realidad ni territorio aislado de las influencias de lo que emana de recónditos lugares, en un panorama en el que las comunicaciones son incontrolables. En medio de las dudas y las zozobras sobre cuestiones que nos afectan a todos, como Cataluña y la perpetua intensidad de esa especie de niño caprichoso que es Torra con su deseo para el nuevo año -"yo quiero la independencia"-, sí sabemos que tenemos una cita con las urnas para armar el puzzle de los gobiernos municipales y autonómicos, y de forma indirecta las diputaciones y las comarcas, pero que también podemos alzar nuestra voz sobre la Europa que nos conviene, nos interesa o nos seduce, porque ahí también disputamos el tablero de nuestras vidas. Y también conocemos nuestras carencias y nuestras penurias, las desigualdades y los retos, las miradas a lo lejos que reclaman trabajar cerca. Y la seguridad de que, para transformar el mundo, hemos de empezar por cada uno.

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