Opinión

Antonio Torres, un grande de la vida

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  • Diario del Altoaragón
OPINIÓNACTUALIZADA 06/01/2019 A LAS 01:00

E L DOLOR se ha apoderado de Aragón. Justamente el día de la ilusión de los Reyes Magos. Precisamente la tarde en la que el Huesca estaba llamado a hacer historia.

Antonio Torres Millera, cuando descansaba con certeza para exponer sus emociones a la bella historia del club azulgrana, del que era socio y seguidor, no despertó porque el corazón le jugó una mala pasada. Y de golpe, de repente, a los muchísimos amigos que le queremos.

Él, que tanto amor puso en su intensísima, fructífera y edificante vida, que tanto entregó a los aragoneses, a los oscenses y a los sariñenenses, que tanto abrazó a su millón de amigos, se nos fue con la paz que desprendía, demasiado pronto, dejándonos tristes, huérfanos de su sabiduría. Él, que tanto nos alegró con su humor.

Cuando hoy acudamos a nuestro penúltimo encuentro en La Aljafería, con toda legitimidad su casa porque es la residencia de la palabra que tan brillante y esforzadamente cultivó y difundió, vamos a recordar a una de las grandes personalidades de la política regional, provincial y local de esta tierra a la que tan gentilmente sirvió.

Remembraremos a uno de los ciudadanos que mejor entendió los conceptos de la libertad y, particularmente, la de expresión. Así lo podemos atestiguar desde esta tribuna.

Y vamos a recordar los grandes momentos que nos ha regalado. Paradójica y fatalmente, le tenemos que despedir en el día de los obsequios que iba a compartir con sus queridas Esther, Martina y Carmen, y toda su familia.

Apenados, tristes, aflora su brillantez y su bonhomía, su apego a la música y a las causas sociales. Su inmenso trabajo. Su oratoria vibrante. Su sencillez. Descansa, Antonio, de sobra te lo has ganado.

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