Opinión

Cuando el dinero se sube a la cabeza

Por
  • ANTONIO VALDÉS PALACIO
OPINIÓNACTUALIZADA 06/01/2019 A LAS 01:00

En España, cuando la posguerra, corrieron tiempos muy difíciles de carestía total que creó una bolsa de pobreza tanto en los pueblos como en las ciudades. El fantasma del hambre deambulaba por casi todas las familias. Todo tiene un fondo y a base de trabajo poco a poco se fue arreglando el país y surgió la clase media. Muchos seres humanos de buena fe, cuando se vieron con dinero en el bolsillo y una buena calidad de vida, dieron gracias a Dios y siguieron siendo unas bellísimas personas y solidarias con los necesitados. Ya no les ha faltado nunca de nada por su humildad y buenas obras. Pero en todos los rebaños tiene que haber ovejas negras, que en este caso son los que se les ha subido el dinero a la cabeza. Se trata de gente que ha sido pobre por diversas circunstancias y que algunos de sus seres cercanos o gente de buena fe les ha apoyado. Pero en vez de darles gracias al Señor han optado por convertirse adictos al dios "Don Dinero", mofándose de los que han ido a menos y sin conciencia de darle una limosna a un pobre. Se ríen hasta de su sombra y su palabra típica es "yo he levantado un imperio y tú no has sabido hacer nada". Socialmente miran por encima del hombro a los más desfavorecidos y miden a las personas por el tamaño de su cartera. Sólo les gusta relacionarse con los ricos y se mofan y encabritan a los más desvalidos. Cuando uno de sus amigos va a menos lo dejan de lado en vez de apoyarlo. En definitiva, son unos indeseables por su conducta.

Desde aquí les digo una cosa, tengan mucho cuidado porque les pasará a ustedes igual el día que por su altanería acaben arruinados. Ya que el que siembra vientos recoge tempestades. Espero que al leer este artículo esos aduladores del dios "Don Dinero" recapaciten y se den cuenta de que hay que ser amigo de todos, humilde y solidario para triunfar en esta vida. La justicia divina existe y se paga en esta vida. Para concluir, decirles un refrán para que recapaciten y se vuelvan buena gente: "el que a espada mata a espada muere".

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