Opinión

Feminismo

Por
  • MARIANO RAMÓN
OPINIÓNACTUALIZADA 06/01/2019 A LAS 01:00

El movimiento feminista de nuestros días es el balbuceo de una revolución social protagonizada por las mujeres. Su reacción frente a las agresiones cometidas por malvados constituye el detonante de la gran explosión femenina que se avecina. Así pues está próxima la extinción del macho ibérico y de las mujeres sumisas. Y pronto serán un mal recuerdo las agresiones sexuales de las que un político canario -mi colega Luis Mardones, recientemente fallecido-, llegó a decir que eran tan difíciles de desterrar como la corrupción. Ya en la actualidad el ámbito de una mujer mayor es el de abuela de sus nietos y sobrada de recursos económicos, mientras que el de las mujeres jóvenes es el de emparejadas coyunturalmente, madres de un solo hijo y con empleo estable. Es evidente que la mujer ha irrumpido en todos los campos de la actividad humana incluidos los ejércitos y que esta irrupción ha desplazado del mercado laboral a muchos hombres obligados ahora a desempeñar faenas hogareñas o a emigrar en busca de trabajo. No obstante, las nuevas tecnologías recortarán las jornadas laborales creando nuevas oportunidades, al contrario de lo que fue el pluriempleo de años pasados que muchos lectores quizá recordarán. Por su parte la fecundación acoital juega un papel importante en la insubordinación femenina y es de esperar que a no muy largo plazo -cuarenta, cincuenta años-, bien podría jugarlo la clonación con la consiguiente desaparición de las gestaciones espermáticas, fecundación anespermática cuyo antecedente más remoto figura en el Génesis con la descripción del natalicio de Eva a partir de una costilla de Adán. Pero donde a la sociedad le aguarda un futuro gobierno por las mujeres es en el campo de la política. Su preeminencia logrará el bienestar de todas las personas, poniendo en práctica su sensibilidad, empatía e intuición, facultades las tres netamente femeninas. Tamaña presunción viene de lejos, de cuando en los tiempos de nuestros padres el coro de una zarzuela cantaba aquello de que "...si las mujeres mandasen... los pueblos y las naciones serían balsas de aceite...". Pero, ¡atención!, stop a las mujeres mandonas y mandongueras.

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