Opinión

Felicidades

Por
  • CONCHITA DEL MORAL HERRÁNZ
OPINIÓNACTUALIZADA 09/01/2019 A LAS 01:00

Felicidades, San Josemaría, por tu cumpleaños, qué bien lo vas a pasar en el cielo al lado de la Santísima Virgen a quien tanto amabas, a San José, a la Trinidad Beatísima y a tantas personas queridas. Han pasado muchos años de tu partida, pero no nos has dejado, notamos siempre tu ayuda, ya nos lo decías: "Desde el cielo os ayudaré más".

Naciste en una familia cristiana donde te enseñaron a amar a Dios. Eras un niño normal que te gustaba jugar, hacer travesuras, pero eso sí, no tenías doblez, al pan pan y al vino vino.

A los quince o dieciséis años "barruntaste el amor", así lo solías decir, intuías que Dios quería algo de ti y repetías: "Señor, que vea", refiriéndote a captar lo que Dios quería. Y para estar más dispuesto decidiste hacerte sacerdote. Tu padre había pensado otros planes para ti, pero no se opuso, te ayudo; y el día 2 de octubre de 1928 fundaste el Opus Dei, Obra de Dios. Y sin ningún medio humano y tus 26 años arremetiste con esta tarea, con la certeza y fe que con la ayuda de Dios saldría adelante. Si Él te lo había encomendado, no te faltaría su ayuda, todo saldría, no lo dudabas. Venías a recordarnos que podemos santificarnos por medio de nuestro trabajo haciéndolo cara a Dios. Repetías "Todo trabajo honrado es un encuentro con Cristo".

Muchas personas no te entendían y te trataban de loco, tú perdonabas y rezabas por ellos. Jamás salió de tu boca un comentario negativo hacia ellos y así lo inculcabas a tus hijos, "perdonad". Estas personas quizá habían olvidado o no sabían cómo esto lo vivían los primeros cristianos, unos pescadores, otros jefes, amas de casa, etcétera. En la Obra que tu fundaste caben todos los que Dios les llame por ese camino, sin distinción de razas, ni de trabajos,ni de cultura, porque se trata de dar gloria a Dios en medio de nuestro quehacer diario. Tu generosidad te llevaba a ayudar a los necesitados, ibas a los hospitales a consolar a los enfermos y a prestarles una ayuda, a saber escuchar a aconsejarles, pero jamás coaccionabas. Eras alegre y optimista, verídico, lo tuyo era llevar las almas a Dios, solías decir: "Que solo Jesús se luzca".

El centro y la raíz de tu vida era la santa misa; con qué amor la celebrabas siguiendo fielmente lo prescrito.

Cuando daban la bendición con el Santísimo se palpaba tu fe.

Gracias a tu generosidad hay personas en los cinco continentes que, siguiendo tu camino, son felices. De ti también hemos aprendido a amar con obras al papa y a la Iglesia sin escatimar esfuerzo y a todas las almas, solías decir: "Todos somos hijos de Dios".

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