Opinión

Eutanasia o muerte digna

Por
  • LAURA ALÍNS RAMI
OPINIÓNACTUALIZADA 16/01/2019 A LAS 01:00

Está en tramitación la proposición de ley del PSOE que pretende equiparar la legislación española relativa a la eutanasia, con la de los dos países pioneros en el mundo en esta materia y que ya la han despenalizado, y que son Bélgica y Holanda. En la inmensa mayoría de los países la eutanasia no es legal.

En España su regulación supondrá que pase a ser un servicio más de nuestro sistema nacional de salud y se financie con fondos públicos. También podrá aplicarse en centros privados, e incluso en el propio domicilio del paciente. La norma establece que el paciente sea quien solicite el inicio del procedimiento tras la toma de una decisión autónoma, consciente e informada, siendo mayor de edad y en plena capacidad de obrar y decidir. La eutanasia sólo será aplicable en casos de " enfermedad grave e incurable o de discapacidad grave y crónica, causantes de un sufrimiento físico o síquico intolerables". La muerte provocada así tendrá la consideración de muerte natural, a efecto de los seguros de vida La enmienda a la totalidad presentada en octubre de este año contra esta normativa y que, a su vez, suponía poner el énfasis en los cuidados paliativos, no prosperó.

Y es que en España nuestros políticos parecen empeñados en legislar en contra de la vida, en pro del descarte, de la falta de esperanza.

La eutanasia es provocar la muerte de un enfermo, porque está desahuciado, o porque padece una dolencia difícil de soportar. Ésta es una forma de homicidio ya que implica que un hombre da muerte a otro, ya sea por un acto positivo o por omisión de la atención y cuidados debidos. En el fondo la eutanasia repugna a la propia naturaleza; no matar es un imperativo impreso en nuestro ser, así que conviene maquillar su nombre utilizando eufemismos como muerte digna.

Los defensores de esta práctica consideran que la eutanasia permitirá a la persona en cuestión morir "dignamente". Sin embargo la vida de una persona tiene en sí misma una dignidad inalienable, desde su inicio hasta el final de la misma (sea cual sea la forma en que se produzca este final).

La dignidad es un elemento propio de la vida de una persona; mientras que en referencia a la muerte podremos hablar de la buena muerte, o el bien morir, entendiendo que este término puede aplicarse a aquéllos que mueren todo lo más aliviados de sus sufrimientos que pueda darse, con el cariño de su familia y amigos y con el consuelo espiritual debido –en caso de que lo desee-. La buena muerte requiere que el enfermo se sienta amado, valorado, tratado como una persona y no como un estorbo; que se tengan en cuenta sus emociones, valores y preferencias. Son varios los estudios que reiteran que cuando un enfermo se siente querido, estimado, cuidado, no desea la eutanasia; desea que le quiten los sufrimientos. Una adecuada intervención física, sicológica, emocional y espiritual que puede aliviar muchos sufrimientos a la hora de la muerte.

La eutanasia es más bien solicitada por personas deprimidas, o con trastornos emocionales, ansiedad, o incluso que se sienten abandonadas. Estas personas necesitan un plus de afecto, comprensión y dedicación, y que se les ayude a recuperar las ganas de vivir. Es una perversión, en aras de un malentendida autonomía o autodeterminación, librarse de quienes constituyen una carga para la sociedad, al más puro estilo nazi El sentido común rechaza también el encarnizamiento terapéutico que utilizar medios y tratamientos extraordinarios, onerosos o peligrosos, para alargar mínimamente la vida. Estos medios excesivos no serían proporcionales en absoluto a los efectos conseguidos y evitarlos no supone provocar la muerte, sino aceptarla Desde siempre la medicina ha tratado de eliminar el dolor, no de eliminar al paciente; por ello es en el desarrollo y promoción de los cuidados paliativos donde deben centrarse los esfuerzos y la inversión. Se trata de aliviar y no abandonar al enfermo.

Por otro lado pensemos que en Holanda, país que toma como modelo la normativa española, esta cuestión ha derivado en una pendiente contra la vida, y de eliminación de "los inútiles", de tal manera que los ancianos ya no se sienten seguros en los hospitales ni confían en sus médicos, ni en sus familiares, lo cual origina un sentimiento de soledad y desesperación terribles. Se calcula que en Holanda se dejan morir a unos 300 bebés al año por nacer con minusvalías y hay casos (en este país con muy alto nivel de vida) en que se ha negado la implantación de marcapasos a mayores de 75 años (según denuncia Fórum Libertas). Una peligrosa deriva hacia criterios de eficiencia y productividad, donde el valor de la persona se mide en claves meramente economicistas. ¿Es esto lo que deseamos para nuestro país, para nuestras familias? Seguro que no.

Etiquetas