Opinión

Patines peligrosos

Por
  • PASCUAL ASCASO
OPINIÓNACTUALIZADA 21/01/2019 A LAS 01:00

Con mis propios ojos pude contemplar, hace apenas unos días, como no se llevó milagrosamente por delante a un señor mayor que salía de su casa, una persona de unos treinta años que circulaba con su patín por la acera a velocidad alta, como si la misma fuese para él la pista de entrenamiento.

Esto que observo yo a diario, lo ven todos los ciudadanos y como tal también los componentes del Concejo-Ayuntamiento, sin que nadie haga nada para evitarlo. Tiene que ocurrir una desgracia, o más de una, para que despierten y se digan: Algo tenemos que hacer. En esto, como en tantas otras cosas, se llaman andana como si esto no fuera con ellos.

En este momento a las bicis por las aceras se han unido los patines todavía más peligrosos y el pobre peatón ya no encuentra ningún lugar seguro para caminar, además de que nada puede decir si lo atropellan, porque si abre la boca lo que se le va a venir encima va a ser una retahíla de improperios que lo van a dejar temblando, porque la educación escasea sobre todo en aquellos que siempre quieren tener la razón, aunque sepan que están incumpliendo todas las normas de convivencia. Son esos los que piensan que dejan vivir a los demás por favor, mientras que ellos pueden hacer lo que les viene en gana. Según éstos los demás deben ver, oír y callar si no quieren salir peor mal parados.

Muévase por tanto el Concejo y pongan las cosas en su sitio para vivir y dejar vivir, parándoles los pies a aquellos que, haciendo de su capa un sayo, creen que para ellos todo el monte es orégano importándoles un bledo los derechos de los demás.

Se necesita una ciudad más amable, respetuoso y segura y por ello hay que trabajar por parte de todos, pero llevando la iniciativa aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo. Sé que el procedimiento ideal para conseguirlo es trabajar, por parte de todos, para conseguir la educación adecuada, pero mientras ésta llega algo habrá que hacer para lograr una convivencia más llevadera.

Conjuguemos, todo, el presente de indicativo del verbo educar para hacerlo realidad y las cosas cambiarán sin necesidad de tener que aplicar el palo y tente tieso, que sólo es pan para hoy y hambre para mañana. Sé que esto lleva tiempo, pero si nunca comenzamos nunca lo conseguiremos.

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